Artista muy especial

El milagro Battiato

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Franco Battiato.

Franco Battiato.

Muy especial tiene que ser alguien si el día que nos falta podemos echar mano de una de sus canciones para despedirlo. En 'Nómadas': “Nómadas que buscan los ángulos de la tranquilidad / En las nieblas del norte, en los tumultos civilizados / Entre los claroscuros y la monotonía de los días que pasan / Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / La encontrarás, la encontrarás al final de tu camino".

El 23 de marzo de 1987 soy un mocoso de seis años que, sentado como un apache frente a la tele Grundig color roble, abre los ojos ante el parpadeo en varios colores del neón de 'Tocata', el programa de TVE. Salen, recuerdo, Nacha Pop y también The Style Council, pero todo cambia cuando aparece ese tipo con americana, gafas gigantes y una nariz como de broma, bastante parecida a la de mi familia. Canta que quiere verme bailar y yo, muy empollón entonces, también ahora, bailo aunque no entiendo nada de lo que me dice. Aún no lo sé, pero me siento como esos adolescentes británicos que se volvieron locos cuando David Bowie cantó 'Starman' en 'Top of the pops' con el pelo en llamas y dijo, señalando a cámara, aquello de "Tenía que llamar a alguien y te escogí a ti".

Cuando sale la presentadora a entrevistarlo, ambos comparten el taburete en el que él estaba sentado diciéndome que quería verme bailar. Lo hacía bajo el haz del foco, un trapecio de luz por el que parecía que se volvería a ir en su OVNI en cualquier momento. Ella le pregunta por su éxito y él marca un silencio del que querría ponerse a debatir la idea misma de éxito, pero en cambio dice: "Es un misterio". Y eso es, un misterio. Todos queremos ser el tipo con gafas y pinta de profesor de matemáticas que, como el filósofo y el juez que reivindicaba Nietzsche, sabe bailar.  

Otro misterio. Battiato era un nombre que todo el mundo recordaba, pero que pocos sabían deletrear. Un músico muy famoso, pero poco conocido. Uno que ha roturado las fronteras de Afganistán y nos lo ha explicado bajo la guirnalda de bombillas de colores de una verbena. Uno que sabe que lo popular no es pobre y lo humilde es rico y la vanguardia es digna y la dignidad es nuestra. Uno que piensa en abuelos bailando un vals vienés y adolescentes que buscan un centro de gravedad permanente. Uno que sabe que "la música es un sentimiento popular / que nace de mecánicas divinas".

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Eres y has sido todo eso que le pedía Werner Herzog a quien escuchara sus historias: "Para los que han viajado a pie, han sido celadores en un asilo mental. Para los peregrinos. Para los que pueden contar un cuento a un niño de cuatro años y mantener su atención. Para los que sienten un fuego en su interior".

Hoy, por eso, recuerdo ese día de 1987 y sé, porque estoy escuchando tu canción, que después de buscar esas esquinas de la tranquilidad, en pueblos soleados y en los bajos fondos de la inmensidad, después de darnos todo lo mejor y de abrirnos nuevas rutas: "La encontrarás, la encontrarás, al final de tu camino".

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