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'Borrar el historial' y la ansiedad tecnológica

  • El tándem de directores formado por Benoît Delepine y Gustave Kervern compone una brillante sátira sobre nuestra relación con la tecnología para demostrar el absurdo de la vida virtual

Una escena de ’Borrar el historial’.

Una escena de ’Borrar el historial’. / Productora

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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Benoît Delepine y Gustave Kervern forman una de las parejas más inclasificables del panorama europeo. Llevan años practicando la sátira y el absurdo en programas de televisión de éxito masivo (como el informativo de los guiñoles), pero en cine apuestan por la disidencia 'outsider' en su vertiente extravagante y descarada. Lo suyo son los personajes al margen del sistema que se muestran tan patéticos como entrañables, como demostraron en películas como 'Louise-Michel' o 'Mammuth'.

Ahora, en su nueva obra, 'Borrar el historial', dan en el clavo a la hora de hablar de la sociedad tecnológica desde el punto de vista de todos esos usuarios que sufren día a día la dictadura de la era virtual.

Problemas cotidianos

"Queríamos hablar de todos los problemas cotidianos relacionados con esta nueva forma de comunicarnos en la que nos encontramos totalmente perdidos", cuentan los directores en conversación a través de zoom. "Y también introducir algunas de nuestras obsesiones, como el dodo, ese pájaro raro de las Islas Mauricio que se extinguió por culpa de los hombres".

El paralelismo es revelador: puede que la especie humana no vaya a desaparecer, pero inevitablemente parece condenada a entrar en otro estadio en el que los contornos de la identidad parecen difuminarse en una nube de datos

Los tres protagonistas de la película tienen un enemigo común: su vulnerabilidad frente a los datos que se almacenan en la red. Y, aunque lucharán juntos para librarse de ellos, saben que tienen la batalla perdida. 

Los directores reflexionan sobre este disparatado mundo en el que vivimos a través de un humor que nos lleva de Jacques Tati a los hermanos Farrelly. En su galería de personajes encontramos a un suicida Michel Houellebecq, a un chantajista de vídeos sexuales interpretado por Vincet Lacoste o un repartidor de Glovo al que da vida Benoît Poelvoorde. 

Exceso de información

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Delepine y Kervern querían hablar de todos aspectos, desde los más prosaicos a los más existenciales, pasando por los constantes pozos de inmundicia que genera las redes sociales y nuestra exposición en ellas. 

"Vivimos en un estado de ansiedad permanente y la tecnología tiene mucha culpa de eso", continúan. "Antes veíamos las noticias una vez al día y ahora tenemos que estar informados cada minuto. Por eso sube tanto la venta de antidepresivos, en Francia somos los reyes en ese sentido". 

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