JUICIO EN BARCELONA

Una inspectora de Hacienda pone en aprietos a Falcones en el fraude fiscal

El escritor Ildefonso Falcones, en el banquillo.

El escritor Ildefonso Falcones, en el banquillo. / RICARD CUGAT

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J. G. Albalat
J. G. Albalat

Redactor

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Una inspectora de la Agencia Tributaria puso en aprietos este jueves al escritor Ildefonso Falcones, acusado, junto con su mujer, de defraudar a Hacienda 1,4 millones de euros entre 2009 y 2011 por los derechos de autor de las novelas La Catedral del Mar, La mano de Fátima y La Reina descalza. En la segunda sesión del juicio, la testigo, que participó en la inspección tributaria que desembocó en la querella de la fiscalía, sostuvo que el novelista "siempre se comportó como propietario de los derechos de autor", a pesar que estos habían sido cedidos a sociedades de un entramado empresarial en el extranjero y en paraísos fiscales. Tanto Falcones como su mujer, María del Carmen Rosich, se enfrentan a nueve años de prisión y multas por valor de 2,9 millones. Ambos declararán el próximo 1 de junio.

La funcionaria admitió que el hermano fallecido de Falcones, Rafael, era su representante "autorizado" y era con quien mantenía las comunicaciones mientras practicaba la inspección, aunque recalcó que detrás de los derechos de autor estaba el escritor. Para corroborar esta afirmación, la inspectora aludió que los contratos del novelista y otros documentos eran remitidos por la editorial a un correo electrónico del acusado, a pesar de que aparecían en estos acuerdos las sociedades que, según la fiscalía, se usaban para no pagar impuestos. La testigo recordó que era "ilustrativo" una de esas misivas en la que afirmaba que enviaban un anticipo por sus obras siguiendo sus "indicaciones"..

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La inspectora fue contundente y aseveró que Falcones "no tributaba ni de manera directa por el IRPF, ni indirectamente por el impuesto de sociedades" en relación con las ganancias de sus obras. Insistió que algunas de las sociedades del entramado eran "pantalla", es decir, interpuestas entre una compañía de la que era titulares y otras que cobraban los beneficios por los derechos de autor. El fin: "ocultar el vínculo" entre ellas.