Entrevista

Rodrigo García: "La adicción a las drogas en Estados Unidos es un negocio"

El hijo de Gabriel García Márquez sigue siendo fiel a su estilo dentro del cine independiente a través de historias pequeñas que abordan las relaciones personales. En '4 días' se centra en cómo una madre (Glenn Close) intenta ayudar a su hija (Mila Kunis) a salir de las drogas.

El director Rodrigo García con Glen Close en un momento del rodaje de ’4 días’.

El director Rodrigo García con Glen Close en un momento del rodaje de ’4 días’. / GILLES MINGASSON

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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A Rodrigo García siempre le ha gustado adentrarse en el universo femenino y en las relaciones materno filiales. Lo ha hecho en películas como 'Cosas que diría con solo mirarla' o 'Nueve vidas'. Por eso, cuando leyó el artículo periodístico de Eli Saslow en el Washington Post sobre la adicción a las drogas en Estados Unidos desde el punto de vista de una madre que ayuda a su hija para que deje de consumir estupefacientes, quiso llevarla a la pantalla con su actriz fetiche, Glenn Close

¿Qué es lo que más le interesó del artículo de Eli Saslow?

Que no hablaba de la epidemia de opiáceos en Estados Unidos a través de datos, sino de personas. Él quería hacer retratos humanos a través de toda una serie de artículos. Y en este caso, me atrajo mucho esa madre repleta de contradicciones y cómo se abordaba su drama de puertas adentro, desde la más estricta intimidad cotidiana.  

La adicción es un tema muy común, pero todavía existen muchos estigmas y tabús a la hora de visibilizarlo

En Estados Unidos se sigue tratando como un problema criminal, no como un problema médico. Es una enfermedad y además sumamente complicada porque lo primero que hace la droga es robar la personalidad del consumidor. Para una madre debe ser muy duro no encontrar nada de su hija en la persona que tiene en frente. 

¿Quiso también denunciar el sistema sanitario? 

Siempre que haces una película sobre un tema del presente, que tiene vinculaciones sociales y políticas, lo último que quieres es hacer un panfleto, un discurso. Pero es imposible contar esta historia sin contar un poquito las condiciones, y en este caso, buena parte de las adicciones en Estados Unidos han sido creadas por la facilidad con la que los médicos daban acceso a las drogas a través de las recetas. Recetas que expendían impulsados y beneficiados por las compañías farmacéuticas. Ahí se formó un sistema fraudulento y el coste humano ha sido salvaje. En un año se vendieron en una farmacia de Virginia un millón quinientas mil recetas de opioides. La adicción se ha convertido al mismo tiempo en un negocio y en un arma de destrucción masiva.

¿Pensó desde el principio en Glenn Close para interpretar el personaje de la madre? 

Siempre pienso en ella cuando compongo un personaje de su edad. La madre real, Livi, está llena de contradicciones. Sabe que, si abre la puerta a su hija, si la ayuda, está siendo cómplice de su adicción. Si se la cierra, sabe que morirá. Sabía que Glenn podía hacer eso muy bien, ser empática, fuerte, pero a la vez frágil. A ella le gusta mucho ensayar, es muy analítica, estudia muy bien su personaje, pero después sabe actuar de forma muy intuitiva. Para mí siempre es un milagro presenciar cómo convierte las palabras de un guion en un trabajo impresionante. 

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Estoy en estos momentos trabajando en 'Santa Evita' y en cuanto a 'Cien años de soledad', Netflix ha querido tomarse tiempo en trabajar los guiones, que los está escribiendo José Rivera ('Diarios de motocicleta'), gran conocedor de la obra de mi padre. Estamos en esa fase. ¿Tantas expectativas hay? (ríe).

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