ENTREVISTA

Antonio Scurati: "Liquidar la figura de Mussolini como un fantoche implica una soberbia tonta"

El celebrado autor de las novelas documentales sobre Mussolini publica la segunda entrega y anuncia que el proyecto total será una tetralogía

El escritor italiano Antonio Scurati, en su visita a Madrid en el 2020.

El escritor italiano Antonio Scurati, en su visita a Madrid en el 2020. / JOSE LUIS ROCA

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Con ‘M. El hombre de la providencia’ (Alfaguara), Antonio Scurati prosigue su ciclo novelístico sobre el ascenso y caída de Mussolini. Y es que nada como remontarse a las fuentes para no dejarse manipular por los movimientos populistas. La novela es toda una advertencia. Hablamos con el autor desde su domicilio de Milán a pocos metros de la plaza de Loreto, donde los partisanos exhibieron bocabajo el cadáver del dictador en 1945. El éxito del libro, con Strega incluido en su primera entrega, propiciará una ambiciosa serie televisiva internacional.

¿Por qué una novela sobre Mussolini que se atiene rigurosamente a los hechos y no un ensayo?

La novela es la forma literaria más democrática. No requiere ningún requisito previo por parte de lector para acceder a ella. Admite a todos sin distinción de género, edad o estudios desde una forma inmersiva, pasional y emocional. En este caso, cientos de miles de lectores de cualquier orientación política han podido enterarse de lo que fue el fascismo y de quién fue Mussolini.

Supongo que en un tiempo de blanqueamiento del fascismo como éste parece más necesario saber qué fue exactamente.

Sí. Esta saga surge de la constatación de ese cambio histórico en la conciencia colectiva que se ha producido en estas últimas décadas sobre la democracia, el fascismo y los enemigos de la democracia. Hasta hace poco hubiera sido inconcebible un libro como este que utiliza a Mussolini como protagonista porque regía un antifascismo respaldado por las víctimas de esa ideología, gente que luego fueron los padres de nuestra constitución. Pero ese antifascismo militante ha sufrido un gran declive.

Y muchos se atreven ahora a añorar abiertamente el pasado fascista. De eso sabemos mucho en España, tristemente.

Eso es. En la Italia de hoy, Salvini utiliza frases que son de Mussolini y ustedes tienen a Vox a las puertas del gobierno de la Comunidad de Madrid. Mi antifascismo es distinto aunque yo me haya formado en esa cultura. El mío no es el antifascismo de la resistencia sino que me guía un planteamiento de fuerte sensibilidad democrática sin pertenencia a una orientación ideológica.

Ese afán de objetividad marca también el tono de sus dos novelas. Imagino que es un equilibrio difícil de conseguir.

Claro porque podía caer en el peligro de convertir a Mussolini en un héroe trágico. No quería generar una empatía por este personaje y toda su cohorte fascista, algo que actualmente está muy de moda en series de televisión como ‘Breaking Bad’.

¿Entonces?

Me prohibí a mí mismo cualquier tipo de invención. Incluso los diálogos están documentados. Para mí esta elección tiene un sustrato ético. Volver a contar una historia que creemos conocer como si la viéramos por primera vez.

"El método que he adoptado para acercarme a la figura del 'Duce' es como una fusión en frío"

¿Cómo se consigue esta objetividad estando, como es su caso, en la cabeza del dictador? ¿Seguir a Mussolini no supone identificarse con él?

Yo jamás he tenido una seducción o fascinación por su figura, porque como he dicho mi formación es absolutamente antifascista. De hecho, escribí una novela sobre la resistencia que relata la vida de Leone Ginzburg, el primer marido de Natalia Ginzburg, que fue torturado y asesinado por los fascistas,  llevado por ese sentimiento.  El hecho de que me asome a la mente del 'Duce' es un proceso de fusión en frío. Es más bien un conocimiento intelectual: el estudio de toda su obra. No es en modo alguno una forma de empatía.

Esta segunda entrega, ‘El hombre de la providencia’, cubre los años en que Mussolini consigue una identificación total con el Estado italiano.

Son los años centrales después de la conquista violenta y turbulenta del poder que acabará en una dictadura personal. Casi todo el poder de Italia se concentra en Mussolini. De ser una figura controvertida, querida y odiada a la vez, se convierte en una figura semi heróica o semi divina. Las oposiciones han sido aniquiladas y él obtiene un consenso amplísimo. Es el propio Papa, Pio XI, el que le llama el hombre de la providencia.

¿Podría decirse que Mussolini inventó el populismo?

Sí, de él beben los populismos actuales. Esos líderes piensan y hacen creer que el pueblo se encarna en ellos.

¿Cómo una especie de culto religioso?, algo que Italia conoce bien.

Ahora la religión parece estar en vías de extinción, incluso en la sociedad italiana, y la prueba es que el ritual fúnebre, el llorar a los muertos, ha sido el gran ausente de la pandemia. Pero sí, el pequeño culto que se les dedica a los líderes populistas es un simulacro de religión laica.

¿Mussolini se aprovechó de esa idea de que la democracia es un sistema en descomposición? En este siglo XXI no dejamos de oír ese mantra.

La conquista del poder de los fascistas fue precedida de una abierta propaganda antidemocrática. La democracia se denunciaba como un sistema fracasado. Palabras acuñadas por los fascistas como 'casta', 'antipartido' o 'antipolítica' hace 100 años siguen utilizándose hoy por los partidos populistas que se valen de una fuerte propaganda antiparlamentaria apuntalada en una fuerte  simplificación de la realidad: todos los problemas se reducen a un enemigo al que hay que odiar y vencer. 

"Mussolini fue el primero que intuyó cómo sería la política de la era de las masas y lo aprovechó sin escrúpulos"

La imagen que los documentales nos devuelven de Mussolini es la de un personaje más bien ridículo. En su novela ese fantoche no aparece.

Hay algo de tonta soberbia por parte de la izquierda democrática de liquidar a Mussolini como un simple fantoche, aunque esa mirada se corresponda con la de una obra genial como la de 'El gran dictador' de Charles Chaplin, que a su vez también es una película de propaganda. El ridículo es el mayor malentendido que ha estado pesando sobre la figura del dictador. Lo que hoy nosotros vemos como grotesco, cosas como el énfasis gestual, en su momento no era percibido así. Él tuvo la inteligencia política de introducir la percepción del cuerpo en la escena política por primera vez en la historia. Fue el primero que intuyó cómo sería la política de la era de las masas y lo aprovechó sin escrúpulos. Hoy, cargados de superioridad moral, tendemos a tachar de ridículo a políticos como Trump, pero con ello lo único que estamos demostrando es que no hemos entendido nada.

Una de las revelaciones de libro es que antes de los campos de concentración nazis, hubo los campos de concentración italianos en Libia, con genocidio incluido.

Hay un concepto italiano muy conocido, el de ‘italiani brava gente’ con el que se han creado la imagen de que hemos sido más humanos, menos feroces, que los alemanes u otros pueblos durante las colonias o la segunda guerra mundial. Esta novela han tenido un gran éxito, pero en Italia apenas se ha hablado del tema de los campos y del genocidio de población del Gebel. Estamos acostumbrados a pensarnos como emigrantes, a ser las víctimas discriminadas y maltradas y eso nos impide también fuimos explotadores y carniceros.Y esto sigue ocurriendo porque ante el problema de la inmigración no queremos asumir nuestra responsabilidad.

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Imagino que está escribiendo la tercera entrega, que supongo se centrará en la Segunda Guerra Mundial.

Eso es. Ahí contaré cómo el Estado fascisa se alió con el régimen nazi y también habrá algunos flash backs sobre la Guerra Civil española.  Pero, contrariamente a lo que había anunciado, no será el último volumen del ciclo. Habrá un cuarto libro que relatará la guerra civil y la resistencia y la muerte de Mussolini. 

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