DIRECCIÓN A OCHO MANOS

Un equipo de alumnos de la Escac desvela la historia de un hombre oveja

El D’A presenta ‘Ovella’, película concebida colectivamente por distintos miembros de la XXII promoción de la escuela de cine.

Júlia Marcos, Marc Puig, Daria Molteni, Nao Albet y Sergi Rubio. Realizadores y actor (Albet) de ’Ovella’.

Júlia Marcos, Marc Puig, Daria Molteni, Nao Albet y Sergi Rubio. Realizadores y actor (Albet) de ’Ovella’. / Manu Mitru

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‘Ovella’ es la película de graduación de la XXII promoción de Escac. Se ha presentado en el D’A dentro de la sección ‘Un impulso colectivo’. Más colectiva, imposible. Cuatro directores. Cuatro guionistas. Cuatro directores de fotografía. Dos montadoras. Cinco directores artísticos. Seis responsables de sonido. Todos alumnos de la misma promoción. Un trabajo en equipo que fluye como un todo orgánico, mejor aún que en el filme de dos promociones anteriores, ‘La filla d’algú’.

 Todos a una sin fisuras. Así conversamos con Júlia Marcos, Marc Puig, Daria Molteni y Sergi Rubio, los cuatro realizadores, y con Nao Albet, el principal protagonista, el hombre-oveja, o la oveja-humana, cuya implicación en el proyecto ha sido fundamental, poco antes de la primera proyección del filme en el CCCB barcelonés. En el último momento se añade Pau Vidal, autor de la idea original y coguionista.

 ¿Cómo se reparte las funciones tanta gente? “Nos interesaba ir todos a una e hicimos juntos la planificación, pero después, durante el rodaje, dos nos dedicamos más a la dirección de actores y otros dos a los encuadres”, nos explica Molteni. “La idea era hacer una dirección conjunta, una única visión. Tuvimos dos años de tiempo para decidir lo que queríamos hacer”, explica Puig.

Convicción común

 No ha habido un reparto por secuencias –el ‘story board’ del filme lo trabajaron todos juntos–, sino una convicción común, y eso se nota en una película tan libre como peculiar, la historia de un joven que ha sido criado desde pequeño –se supone– como si fuera una oveja por el pastor que encarna Pep Cruz. Ahí reside uno de los elementos más interesantes de ‘Ovella’: no hay explicación lógica. Interesa más el proceso de esta criatura que nota, presiente, no ser tratada como las demás ovejas, que el por qué de esta anómala situación.

 Para Albet, cuya implicación actoral, física, gestual, es fundamental, “ha sido una experiencia muy gratificante. Dirigir a ocho manos no es fácil, pero se repartieron muy bien el trabajo. No es bueno tener demasiados 'inputs', pero ellos lo hicieron muy bien. Cada uno se centraba en una cosa y había siempre la sensación de tener muchas ganas de trabajar todos juntos”, nos explica el actor.

La interacción de las ovejas

 Al margen del pastor y los policías y médicos que aparecen en la parte final de la película, el casting está formado por Albet y el rebaño de ovejas. Complicada interacción. “A medida que se fue ‘enguarrando’, las ovejas le aceptaron mejor”, confiesa Molteni. El olor resultó fundamental. Hubo un casting de ovejas, hasta encontrar la más adecuada para la que en el filme es conocida como LL, compañera del protagonista. “Al principio, las ovejas no se le acercaban, pero poco a poco lo fueron reconociendo e interactuaban”, recuerda Marcos.

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 ¿Cómo preparó Albet el personaje? “Vi documentales sobre animales en general y ovejas, casos reales de niños salvajes, alguna de las películas que se han hecho. Pero también hay una parte muy intuitiva en nuestro trabajo. Estuvimos dos semanas en una casa rural con ovejas”.

 El personaje acaba desprendiéndose de su piel de oveja, pero ya no es ni lo uno ni lo otro. Es una criatura ente dos mundos. ‘Ovella’ juega a la abstracción, a diferencia de filmes como ‘El pequeño salvaje’, ‘El enigma de Gaspar Hauser’ o ‘Nell’. Hasta el lugar “es abstracto, no puede identificarse ni en Catalunya, ni en Asturias, ni con cualquier lugar físico real, queríamos filmar a un personaje en un espacio”, añade Rubio. “Que se camuflara en este espacio”, sugiere Marcos.