Crítica de música

Un refrescante Brassens en Barnasants

Tres voces femeninas, Maria Rodés, Anna Roig y Eva Dénia, resaltaron la vigencia del cantautor francés en el centenario de su nacimiento, en el teatro Joventut, de L’Hospitalet

De izquierda a derecha Eva Denia, Anna Roig y Maria Rodés en el concierto homenaje a George Brassens en el Teatre Joventut de L’ Hospitalet.

De izquierda a derecha Eva Denia, Anna Roig y Maria Rodés en el concierto homenaje a George Brassens en el Teatre Joventut de L’ Hospitalet. / FERRAN SENDRA

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El 22 de octubre se cumplirán cien años del nacimiento de Georges Brassens, el primero de los grandes cantautores franceses del siglo XX, que tan influyente resultó en los albores de la ‘nova cançó’, y en figuras como Paco Ibáñez, con su revisión de la tradición trovadoresca tocada por la sátira y la crítica social. No se oye hablar mucho de él en la actualidad, así que resultó oportuno el homenaje que le dispensó este viernes Barnasants, deslizando nuevos acentos en boca de tres despiertas intérpretes, Anna Roig, Maria Rodés y Eva Dénia.

Iban a ser cuatro, pero Mariola Membrives fue baja por indisposición, lo cual restó un ángulo atrayente a este homenaje a cargo de "voces mediterráneas de mujer", como lo presentó, en el teatro Joventut (L' Hospitalet), su ideólogo, Pere Pons. Pero fue de todos modos una sesión sustanciosa, para el alma y para el cerebro, porque las canciones de Brassens son tan bonitas como intelectualmente estimulantes, y porque las tres voces les dejaron una impronta revitalizadora, empezando por Anna Roig, con su deje teatral y su deliciosa manera de decir, en esa loa a un romanticismo ajeno a los rigores administrativos llamada 'La non demande en mariage'.

Un punto de heterodoxia

La suave brisa del swing, guiada por la guitarra de Mario Mas, director musical, en fluido diálogo con el contrabajo de Horacio Fumero y los vientos, percusiones y ocurrencias de Pep Pascual. Un trío de altos vuelos que, sin salirse de los carriles, aportó calidez y un punto de heterodoxia. Hizo notar Anna Roig que cada cantante había elegido las canciones que le gustaban, y en su caso eso nos dispensó expresivos asaltos a 'Les sabots d' Hélène' o 'L' orage', en ese francés heredado de su madre y reforzado estudiando en Lyon. Si que se notó en falta, en todo el concierto, más explicaciones sobre las historias que entrañan estas piezas, no exentas de miga.

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Maria Rodés se decantó por las adaptaciones al catalán ya existentes, lo cual dio otra vibración al cancionero, ya que las hay muy acertadas, como la de 'Les amoureux des bancs publics', de Miquel Pujadó, que habla de "les parelletes que als bancs públics fan calaix de petons / tot dient-se tòpics carrinclons". Entonación pulcra, de inocencia con doble fondo.

Cerrando, la voz más familiarizada con Brassens, la valenciana Eva Dénia, que exhibió autoridad en unas composiciones que interpretó como si fueran suyas. Como 'Chanson pour l’ auvergnat', con la Francia ocupada como trasfondo, o la simpática, aunque finalmente cruenta, 'Brave Margot', sobre la campesina que amamanta a un gato desamparado con fatales consecuencias (para el felino). Las tres cantantes se unieron en 'La mauvaise réputation', trilingüe y muy vigente en estos tiempos de polos y tribus, recordándonos que "a la gente no gusta que / uno tenga su propia fe".