El día del libro y la rosa

El mejor Sant Jordi de nuestras vidas

La primera celebración comunitaria en tiempos de pandemia llena calles y librerías de Barcelona en medio de un ambiente gozoso

La Rambla de Barcelona sin las tradicionales paradas de libros. / Manu Mitru

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Es una afirmación que circula como un mantra entre autores, editores y libreros: es el mejor Sant Jordi de la historia. Por supuesto es una afirmación con una alta carga emocional, no en balde por fin celebramos algo comunitariamente y el sol nos bendice; tiene pinta la jornada de hoy de estocada al covid.

Pero no es solo una impresión emocional. El Gremi de Llibreters estimó que las ventas de libros serían este viernes del 60% respecto del Sant Jordi de 2019, un muy buen Sant Jordi libresco para más información. Bien, en una librería de referencia como Laie, en el centro de Barcelona, calculan a las 13.00 horas que ya han rebasado ese 60%. Yuju.

Hay colas largas y civilizadas en las librerías y hay gran afluencia de lectores también civilizada en los espacios perimetrados para ventas y firmas. Especialmente en paseo de Gràcia, pero no solo en paseo de Gràcia, también en paseo Sant Joan por ejemplo. En la Rambla del Poblenou, no obstante, las terrazas de bares tienen bastante más tirón que los puestos de libros. 

'Sotto voce', porque es feo morder la mano que te da de comer, editores y libreros atribuyen la fluidez del tinglado a la ausencia de firmantes oportunistas. Está en la calle a la compra de libros y quizá en busca de una firma el hueso lector de la sociedad, que se está revelando como un hueso de mastodonte, y con un tuétano formidable. Hay mucha gente en 'ferias' y librerías, pero funciona todo como la seda hasta ahora.

Y es que en este Sant Jordi las colas no son tanto para conseguir las firmas de autores, que no son kilométricas como en ediciones anteriores, sino para comprar rosas y para acceder a los recintos perimetrados, aunque los accesos son ordenados y la circulación fluida. Pese a todas las medidas de seguridad, la ciudadanía tiene ganas de disfrutar la fiesta y, ojo, continuamente olvida las distancias de seguridad ante los estands de libros.

La feliz ausencia de paradas de partidos y entidades, ineludibles en las últimas convocatorias pre-covid, no ha evitado el proverbial despliegue de políticos buscando cámara y micro. Así, el vicepresidente del Govern en funciones, Pere Aragonès, recorrió con su comitiva las zonas perimetradas del paseo de Gràcia solo unos metros por delante del todavía aspirante socialista a la presidencia de la Generalitat, Salvador Illa. Aragonès, que compró el ‘hit’ de Irene Solà ‘Canto jo i la muntanya balla’, se felicitó por la recuperación de la fiesta e hizo un llamamiento a la ciudadanía catalana para que se manifieste "como una sociedad que ama la cultura y que quiere hacer de la producción de felicidad el motor de su energía colectiva".

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Arranque de la jornada

El inicio de la jornada, a las 9,30 horas, empezó con contraste extremo. Tras las palabras de la alcaldesa, Ada Colau, en el arranque de Sant Jordi celebrado en el Palau de la Virreina, y con la presencia de autores como Joan Sala, Bel Olid, Jaume Subirana, Marià Marí o Álvaro Colomer, le tocó al joven poeta y novelista Pol Guasch representar a los escritores, posiblemente porque, a sus 23 años, se trata del benjamín. Guasch, ganador del premio Llibres Anagrama, se mostró muy combativo con las instituciones y políticos, algunos de cuales tenia delante: "Me han invitado porque soy joven, escribo en catalán y parece que represento la diversidad, pero que yo esté aquí no significa que los jóvenes tengan oportunidades, la diversidad se respete o las lenguas convivan en paz en Cataluña". Tras él, Irene Vallejo, actuó como contrapunto sensible y poético, alejada de las chispas y susceptibilidades que saltaron con las palabras del que es ahora el ‘enfant terrible’ de la letras catalanas.