La fiesta del libro y la rosa

Sant Jordi 2021: James Rhodes, el tipo que dejó Londres por cosas como la 'diada'

El pianista inglés nacionalizado español asegura vivir la jornada "como si estuviera en Disneylandia"

James Rhodes firmando un ejemplar de su libro ’Made in Spain’.

James Rhodes firmando un ejemplar de su libro ’Made in Spain’.

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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Cuando James Rhodes (Londres, 1975) participó por primera vez en la fiesta de Sant Jordi, en 2017, no se podía creer lo que veía. Literalmente. “Yo, ingenuo de mí, pensaba que con suerte estaría firmando libros media hora y ya. Unas 10 horas más tarde le decía a mi editor: “No me jodas, ¿sigue viniendo gente?”. Fue algo flipante”. En aquel mismo año 2017, Rhodes, un pianista clásico que de la mano de su espeluznante libro autobiográfico ‘Instrumental. Memorias de música, medicina y locura’ se había convertido en un referente de la lucha contra los abusos sexuales a los menores, tomó la decisión de abandonar el Reino Unido e iniciar una nueva vida en España.

Del porqué de esa decisión y de todo lo que ha venido después, polémicas incluidas (su buena sintonía con el Gobierno de izquierdas que ha impulsado la ley orgánica de protección a la infancia le ha granjeado una ojeriza rayana en la obsesión por parte de la derecha política y mediática, que se refiere a él como “el pianista de Sánchez”), habla el libro que ha traído a Rhodes a este Sant Jordi, ‘Made in Spain: Cómo un país cambió mi forma de ver la vida’ (Plan B). La catalana fiesta del libro y la rosa, asegura, ha sido uno de los motores de ese cambio de mentalidad.

Una carta de amor

“El libro es una carta de amor a España, a toda España -señala-. Yo vivo en Madrid, pero estuve a punto de quedarme a vivir en Barcelona, que es una ciudad que amo. ‘Made in Spain’ es mi manera de dar las gracias y de explicar lo afortunado que me siento, a pesar de todo, por todas las cosas buenas que me ha dado este país. Y Sant Jordi es una de ellas. ¿Te puedes imaginar algo así en Inglaterra? Naaaaa, es completamente imposible”.

Rhodes habla en un castellano bastante impecable y muy gracioso, plagado de palabras malsonantes y expresiones coloquiales. Pero también agradece que algunos lectores tengan el detalle de dirigirse a él en inglés, cosa que sucede de vez en cuando. Es el caso de una admiradora que, al percatarse de la presencia del pianista en un estand del paseo de Gràcia, ha acudido a un comercio cercano para comprarle un regalo: una mascarilla con el panot de Barcelona estampado. Rhodes la felicita por su acento y se queda profundamente conmovido. Luego se maldecirá por no haber sido más elocuente. “A veces la gente tiene gestos tan bonitos que no sé cómo reaccionar”.

"Mi Sant Jordi favorito"

Este es el tercer Sant Jordi del autor de ‘Instrumental’. Cada vez, dice, ha sido especial. Pero no tiene dudas la hora de quedarse con uno. “Este está siendo mi año favorito, seguro. Hay algo en el aire, un sentimiento de felicidad, porque vemos que después del año de mierda que hemos pasado por fin estamos volviendo a algún tipo de normalidad. Hay alivio, hay esperanza. Y para mí es un lujo pasar un día de sol y de cultura aquí en Barcelona y compartirlo con toda esta gente. Para mí es como estar en Disneylandia. Lo más”.

"Este está siendo mi año favorito. Hay algo en el aire, un sentimiento de felicidad después del año de mierda que hemos pasado"

Lo que no hará en esta ocasión Rhodes es compartir sus impresiones sobre la fiesta en Twitter, como hizo con fruición en sus visitas anteriores. El pianista antifascista se dio de baja de la red del pajarito hace cuatro meses después de mantener sonados y virulentos enfrentamientos virtuales con simpatizantes de Vox y del PP, que llegaron a utilizar su condición de víctima de abusos sexuales para dirigirle insultos incalificables. “Es mejor para mí estar lejos de eso”, apunta.

Y no hay nada más alejado de ese ambiente de odio y ponzoña que el baño de parabienes que Rhodes está recibiendo en su periplo firmante. Muchos lectores le dan las gracias por su valentía a la hora de exponer las agresiones que sufrió en la infancia, un testimonio que ha ayudado a muchas víctimas a abandonar el sentimiento de culpa que han arrastrado durante años. Cuando eso ocurre, el autor tiene que contenerse para no levantarse a abrazarlos. “¡Es tan emocionante cuando la gente te dice que le has ayudado a vivir!”.

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Pero el momento quizá más conmovedor llega cuando una joven que lleva un rato guardando cola con el último libro de James Rhodes en la mano se planta ante el autor y le dice: “Me llamo Mónica. Y soy pianista”. “¿Ah, sí?”, responde el protagonista de esta crónica. “Sí, de clásica”. Y entonces Rhodes abre mucho los ojos y exclama con toda seriedad: “¡Yo también!”.

Cosas que pasan en Sant Jordi.