Crítica de música

El feliz debut de Les Siècles en el Palau

El conjunto francés presentó un aplaudido programa con obras de Ravel y Saint-Saëns

Les Siècles durante su actuación en el Palau de la Música Catalana.

Les Siècles durante su actuación en el Palau de la Música Catalana. / Antoni Bofill

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Palau 100, en dos sesiones consecutivas el mismo día, convocó a sus abonados el lunes para asistir a un concierto a cargo de Les Siècles, un proyecto liderado por François-Xavier Roth que interpreta el repertorio con instrumentos históricos: a cada obra la organología que le corresponde. Como orquesta residente del Atelier Lyrique de Tourcoing (Francia), Les Siècles actúa habitualmente en varios festivales del país vecino y en eventos internacionales como los BBC Proms de Londres.

En este doble debut en el auditorio modernista incluyó dos joyas muy poco programadas: la espectacular 'Suite nº 2' del ballet 'Daphnis et Chloé' de Maurice Ravel, y la no menos interesante 'Sinfonía nº3 para órgano' de Saint-Saëns. La orquesta, que distribuida de una manera muy particular -con la cuerda grave al final de todo, detrás incluso que los metales- llenó el escenario con 74 músicos (una imagen que hacía tiempo que no se veía), se metió en Ravel y en sus sinuosas y pictóricas sonoridades con total autoridad, sin correr, pero manteniendo siempre un ritmo interno coherente y alcanzando los respectivos clímax sonoros con generosidad. Les Siècles, en el que brillaron las maderas, estuvo muy bien secundado por un equilibrado Orfeó Català repartido por el primer y segundo pisos de la sala creando un efecto envolvente fascinante ante el tejido tímbrico raveliano, de texturas bellísimas.

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Amplio vuelo lírico

En la innovadora 'Sinfonía nº3 para órgano' de Saint-Saëns, de solo dos movimientos y llena de elementos renovadores, la acción de conjunto fue precisa y compacta, consiguiéndose una versión refinada y de amplio vuelo lírico. Juan de la Rubia, desde el órgano, colaboró como una pieza más de este engranaje, al igual que el piano, ya que no se trata de una obra con instrumento solista, sino que utiliza la solemnidad del teclado -Saint-Saëns también tocaba el órgano y el piano- para añadir color a un discurso que acabó en ovaciones.