LO QUE NO SABÍAS DE...

Las anécdotas de 'Una veterinaria en la Borgoña' contadas por el equipo

  • La escena del parto de la vaca fue auténtica y emocionó a todos los asistentes

  • La directora había sido fan del protagonista, Clovis Cornillac, durante su adolescencia

  • El rodaje recordó a la actriz su infancia ya que creció en un pueblo y su madre era bióloga

La directora, Julie Manoukian, con el actor Clovis Cornillac durante el rodaje 

La directora, Julie Manoukian, con el actor Clovis Cornillac durante el rodaje  / ROGER DO MINH

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Una de las frases más conocidas de Alfred Hitchcock era aquella en la que aseguraba que no había que trabajar nunca con animales ni con niños… ni con el actor Charles Laughton. Las dos primeras premisas aún son posibles y, desafiando el reto, la directora debutante Julie Manoukian se ha atrevido a rodar una opera prima repleta de ambos. Se trata de Una veterinaria en la Borgoña, una comedia dramática francesa originalmente titulada Les vétos (Los veterinarios). Y es que, pese a su traducción, el protagonismo del filme se reparte entre los dos actores principales, el veterano Clovis Cornillac (que fue el célebre guerrero galo en Astérix en los Juegos Olímpicos) y la joven Noémie Schmidt (Versailles, El señor Henri comparte piso).

Ella es una brillante estudiante de epidemiología que trabaja en París y tiene por delante una carrera muy prometedora. Pero debe regresar a su pueblo natal para visitar a su tío, veterinario, que intenta convencerla para que le sustituya ya que piensa jubilarse. La chica se verá obligada a aceptar durante una temporada aunque no piensa quedarse allí ante el futuro tan esperanzador que le aguarda. En la localidad deberá trabajar junto a otro doctor con más experiencia y hacer frente a la incomprensión de algunos vecinos. Es una de esas películas sencillas, amables, que se ven con una sonrisa y que descubre el poco conocido mundo de los veterinarios rurales. El rodaje, en la región de Morvan, estuvo plagado de anécdotas. El equipo de la película nos lo explica.

Una imagen de la directora, Julie Manoukian.

/ AURELIE LAMACHERE

JULIE MANOUKIAN (Directora y guionista)

-La preparación. “Cuando empecé a investigar sobre los veterinarios en zonas rurales, descubrí sus condiciones de trabajo o la presión creciente, y encontré el humor, la pasión y el heroísmo discreto que caracteriza a esta profesión tan sacrificada. Son personas que entregan su vida al servicio de los demás. Trabajan en condiciones difíciles, con horarios enloquecidos y reciben salarios que no se corresponden con el enorme esfuerzo que han tenido que hacer. Un veterinario rural debe saber tratar a prácticamente todos los animales, domésticos o no, de compañía o salvajes, sin olvidar las especies exóticas. Debe estar disponible día y noche, tanto para asistir a partos como para otras emergencias”.

-Un parto real. “La escena del parto fue muy complicada. Habíamos planeado hacer un montaje falso y fabricar patas falsas de ternero por si acaso. Pero en el fondo de mi corazón quería que fuera una escena real. En el interior del establo que nos serviría de escenario había 15 vacas y todas iban a tener su primer parto. Es lo que queríamos porque esas vacas suelen necesitar la ayuda de un veterinario para parir. Llegó la fecha, un viernes. Estábamos muy preocupados. Entramos con un equipo reducido, en un silencio casi religioso, para no asustar a la vaca. Noémie se había preparado, y vivió el parto de principio a fin. De hecho, ella misma hizo algunos gestos. La toma que quería a toda costa era la primera mirada del recién nacido a la que le había traído al mundo, y pudimos filmarla. La emoción nos embargó a todos. Todos empezamos a llorar en silencio en nuestros pañuelos. Noémie hizo gala de una sangre fría admirable. ¡Ni se mareó ni se desmayó!”

La escena del parto de la vaca fue totalmente real.

/ ROGER DO MINH

-Un zorro sin antifaz. “Sabía que se puede domesticar a los zorros, pero lo que desconocía es lo miedosos que son. Nuestras entrenadoras hicieron milagros con Trollus, su zorro, que adoptaron cuando era un cachorro. Gracias a ellas, este joven macho controló su miedo, aceptó tener a un pequeño equipo a su alrededor y logró mantenerse firme durante las tomas. ¡Pero había que ir muy deprisa! Yo no lo sabía, pero la mayoría de los animales sólo se dejan llevar con el único propósito de hacer feliz a su amo".

-Su ídolo de juventud. “Clovis es un actor al que adoro. Cuando era adolescente, vi todas sus películas con mi madre, que también es fan suya. Después de enviarle un mensaje de texto, quedamos para comer. ¡Ese día yo estaba casi tan estresada como el día de mi boda! Cuando fuimos a buscar localizaciones en el Morvan y nos preguntaron quién iba a actuar en la película, en cuanto mencionamos su nombre, la cara de la gente se iluminaba inmediatamente. Además de ser un actor increíble, que ha hecho giras por todo el país, creo que siempre deja muy buenos recuerdos donde quiera que va”.

Noémie Schmidt no tuvo problema alguno en rodar con un ratón como animal de compañía.

/ EPC

-La actriz y el ratón. “Conocía los trabajos previos de Noémie y me quedé impresionada en las pruebas que hizo para nosotros. Para el papel de Alex se necesitaba una actriz capaz de interpretar con un ratón en el hombro, que no es el caso de todos los actores, pero Noémie ya lo había hecho: así que pedirle que interpretara a Alex era una elección obvia desde todos los puntos de vista. En el plató, nos asombró con su amabilidad, su disponibilidad y sus agallas, sobre todo en la escena del parto”.

-La emoción de una debutante. ”Durante el rodaje viví grandes emociones como en la primera toma, cuando oí "acción" por primera vez. O la primera noche de rodaje con un montón de extras y donde nada funcionaba. Pero la secuencia que más me conmovió es una de las últimas, que es el meollo de la historia: cuando la protagonista logra encontrar su lugar en el mundo, encontrar su tribu. Noémie hizo que se me llenaran los ojos de lágrimas. Ocurrió algo muy fuerte, indefinible”.

El actor Clovis Cornillac preparó el personaje trabajando unos días con un veterinario.

/ ROGER DO MINH

CLOVIS CORNILLAC (Actor)

-La preparación. “Pasé varios días con un veterinario. Vi cómo trabajaba, pero sobre todo observé su comportamiento psicológico. De hecho, lo que me interesa de un profesional cuyo trabajo exige una gran habilidad manual no consiste solo en reproducir sus gestos lo más fielmente posible sino transmitir lo que no es consciente, su estado de ánimo por ejemplo, o su humanidad. En este caso, se trata de cómo un veterinario se relaciona con los animales, cómo les habla. Esto es lo que, a mi manera, he intentado reproducir. Capturar la esencia de las cosas y hacerla, por así decirlo, palpable, es lo que da realismo a un papel, lo que le otorga veracidad”.

-¿Un rodaje peligroso? “En un rodaje, nos limitamos a tener cuidado y escuchar a los profesionales. No te comportas de cualquier forma ante un toro y explorar el culo de una vaca impone ciertas precauciones. Te puede patear o caer encima de ti y asfixiarte. Sin embargo, si eres lo suficientemente intuitivo, sentirás el peligro. Yo no tuve miedo, pero tuve cuidado. De hecho, el mayor riesgo que corren los veterinarios rurales no son los animales por muy impresionantes o salvajes que sean, ¡es su coche! Los veterinarios pasan mucho tiempo en la carretera. Como están cansados y obsesionados con llegar a tiempo, están todo el tiempo a merced de un accidente”.

A la actriz Noémie Schmidt le encantan los animales.

/ ROGER DO MINH

NOÉMIE SCHMIDT (Actriz)

-Regreso al pasado. “Me alegró mucho que el guion contara con todo tipo de animales. Los animales me fascinan. Verlos me inspira. Crecí en un pequeño pueblo de montaña en Suiza, con una madre bióloga, apasionada por todo lo vivo. De niña, pude observar y conocer muchas especies, animales y plantas diferentes. Como la película se desarrolla en el campo, me transportó a mi infancia”.

-El ratón. “Me encantan los ratones, así que ni me asustaba ni me daba asco. De pequeña crié muchos ratones. Incluso tuve doce al mismo tiempo. Son animales muy cariñosos, muy inteligentes y muy limpios. Es gracioso porque en el último cortometraje que hice también tuve muchas escenas con ratones. Era la historia de una joven que conocía a personas sin hogar en París. Durante una escena, hago que el ratón beba de mi boca. La escena es inquietante, me encanta”.

Schmidt (derecha) acompañó a varios veterinarios en sus visitas diarias.

/ ROGER DO MINH

-La preparación. “Como quería ser lo más creíble posible, pedí que me dieran unas cuantas clases. Antes de empezar a rodar, pude acompañar a algunos veterinarios en sus visitas durante varios días. Fuimos a tratar a un toro que tenía neumonía, a vacunar terneros, a anestesiar gatos, a poner sondas a perros. Me hice una idea de la variedad de su trabajo y me enseñaron los gestos que iba a tener que hacer en mis escenas”.

-El parto. “La escena del parto de la vaca me conmocionó. El veterinario asesor nos había advertido que el parto era inminente, pero no esperábamos que sucediera tan rápido. ¡Afortunadamente, todos estábamos listos en el plató! Me acerqué a la vaca, prestando atención a sus reacciones, pero sin especial aprensión, porque no tengo miedo a los animales. Después, el veterinario me dijo que me diera prisa y que confiara en mí, introduje el brazo para agarrar las patas del ternerito y tiré con todas mis fuerzas. El veterinario me ayudó solo un momento y durante poco tiempo. Cuando vi aparecer la cabeza del recién nacido, mi cuerpo entró en un estado emocional increíble. ¡Acababa de ayudar a traerlo al mundo! Me quedé como drogada todo el fin de semana. Creo que esa escena me ha marcado para toda la vida”.

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