Crítica de música

La OBC y la forma sonata

Bajo la dirección de Jan Willem de Vriend, el conjunto catalán revisó obras de Haydn, Mozart y Baguer

ORQUESTA SINFONICA DE BARCELONA Y CATALUNYA

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Exposición del tema, desarrollo y recapitulación. Con esta estructura –a la que se le pueden añadir una introducción y una coda– la forma sonata llegó para quedarse a principios del Clasicismo, alcanzando la cúspide en la obra de Haydn y Mozart, artífices de esta solución formal que creó escuela. Aplicada sobre todo al primer movimiento de obras de cámara y sinfónicas, la temporada de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC)‎ acogió un programa con tres ejemplos paradigmáticos que ahondan en la consolidación de la forma con obras, por supuesto, de Mozart y de Haydn, pero también de uno de los autores catalanes más respetado a finales del siglo XVIII, Carles Baguer, compositor y organista de la Catedral de Barcelona. Fue su breve ‘Sinfonía Nº 12 en Mi b’ (1790) la que abrió el fuego contando con una OBC de dimensiones camerísticas (no llegaba a los 30 músicos). Los cuatro movimientos muestran cierta pureza formal, y el ‘Allegro con brio’, sin introducción, pero con su exposición, un mínimo desarrollo y una recapitulación casi abrupta, sorprende por su aire vienés y por su concisión. El ‘Andante’ de acento marcial, bien defendido por el concertino, precede a un ‘Minuetto’ de fácil escucha pero que hubiese requerido de más ensayos para conseguir limpieza en la cuerda aguda.

Posteriormente la OBC recuperó la ‘Sinfonía Nº 31 en Re, París, KV 297’ (1778) de Mozart, una joya que en solo tres movimientos –según el gusto parisino, sin el germánico 'Minuetto'– escala por la forma sin complejos, muy evidente en el ‘Allegro assai’ del comienzo, ahora con una OBC más equipada, con más bronces y maderas hasta llegar a los 38 intérpretes. La acción de conjunto mejoró e incluso se consiguió un fraseo convincente, con un elegante movimiento lento, pero el accidentado 'Finale', lució pasajes muy poco pulidos siendo lo más inestable de la noche.

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Para el final se dejó a Haydn y su ‘Sinfonía Nº 101 en Re, El reloj', (1793), cuyo ‘Adagio-presto’ inicial muestra una forma sonata con introducción lenta antes de la exposición y desarrollo de los dos temas principales. El ‘Andante’, cuyo ritmo recuerda el ‘tic-tac’ del reloj –de allí su sobrenombre–, fue interpretado con absoluta precisión por una OBC, ahora sí, muy atenta y concentrada. La obra sí cuenta con el cuarto movimiento, un ‘Allegretto’ tan extenso como delicioso, un ‘tempo’ en minueto claramente dancístico que muchos compositores cambiarán más tarde por un ‘Scherzo’, bastante más libre y menos formal. ‎

Con un gran aporte de solistas como la travesera, ante un aseado Jan Willem de Vriend desde el podio, esta versión reducida de la OBC se movió sin sobresaltos por unas obras que conquistaron al público del Auditori que aplaudió con cariño al conjunto.