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Julien Temple: “El punk ha salvado muchas vidas”

  • El director repasa la vida y carrera del legendario líder de The Pogues en el documental 'Crock of gold: bebiendo con Shane MacGowan', que llega este viernes a nuestros cines

Julien Temple, fotografiado en San Sebastián en el 2020.

Julien Temple, fotografiado en San Sebastián en el 2020. / WireImage / Juan Naharro Giménez

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Gracias a sus películas se ha convertido en cronista esencial de la contracultura musical británica. Ha dirigido dos películas sobre los Sex Pistols y un documental extraordinario sobre Joe Strummer, líder de The Clash. Dramatizó la llegada del rock’n’roll a Inglaterra en ‘Principiantes’ (1986), que protagonizó David Bowie, y ha dirigido vídeos musicales para los Rolling Stones, Judas Priest, The Kinks y, en realidad, casi todo el mundo. Este viernes estrena en España su nuevo trabajo, ‘Crock of gold: bebiendo con Shane MacGowan’, en el que repasa la vida y la carrera del legendario ‘frontman’ de The Pogues.

¿Qué significa Shane MacGowan para usted?

Lo conozco desde la edad dorada del punk, cuando él era prácticamente un niño. Fui yo, de hecho, quien le hizo su primera entrevista. Al principio, el rostro de la escena punk británica era Sid Vicious, que no formaba parte de ninguna banda pero se dejaba ver en todos los conciertos al frente del público. Cuando Sid ingresó en los Sex Pistols, Shane lo reemplazó en esa primera fila de los conciertos, y era imposible no fijarse en él. Aquel muchacho parecía entrar en un trance, absorber toda la energía y la sabiduría que manaban del escenario. Por entonces era imposible imaginar que, con el tiempo, se convertiría en un compositor tan magnífico. 

MacGowan tiene fama de ser una persona complicada. ¿Le resultó difícil trabajar con él en la película? 

Mucho. Dudé mucho antes de decidirme a dirigirla, porque sabía que iba a ser un proceso doloroso y no estaba seguro de si tendría la fuerza suficiente para completarla. Acepté cuando Johnny Depp se involucró en el proyecto en calidad de productor, porque sentí que su amistad con Shane ayudaría a mantenerlo a flote. En todo caso, durante el proceso de filmación estuve a punto de abandonar varias veces.

¿Por qué?

Trabajar con Shane hace que sientas miedo, de que te notes en peligro. En todo momento existe el riesgo de que no se presente a la cita que habías pactado con él o de que, durante la filmación, te humille a ti o haga llorar a alguien. La primera vez que me lo visité tras decidirme a hacer la película él estaba viendo un documental sobre el leopardo de las nieves, que es una de las fieras más agresivas y huidizas. No se me habría ocurrido una metáfora más perfecta que esa.  

¿Por qué decidió vehicular la película a través de grabaciones de una serie de conversaciones entre MacGowan y varios interlocutores?

Shane detesta las entrevistas propiamente dichas, así que tuvimos que echar mano de la creatividad. Esas conversaciones permiten mostrar diferentes facetas de su personalidad; cuando habla con Johnny [Depp] se muestra afable; cuando lo hace con Gerry Adams [antiguo líder del Sinn Féin] se le nota respetuoso y reverente; en su charla con Bobby [Gillespie, cantante de Primal Scream] se muestra bastante agresivo. Asimismo, incluímos en la película viejas grabaciones de audio de entrevistas que había dado a principios de los 80, en algún backstage de Zúrich o un bar de Zaragoza a las 4 de la mañana. La calidad del sonido era malísima, pero por entonces Shane era much más articulado que ahora. 

Estrenos de la semana. Tráiler de ’Crock of Gold: Bebiendo con Shane MacGowan’.

¿Cree usted que la actitud de MacGowan y los prejuicios existentes en torno a su figura han dañado su reputación como músico?

Sin duda. Desde el principio se lo catalogó como el típico borracho drogadicto que dice cosas escandalosas cada vez que abre la boca, y eso lo convirtió en una especie de atracción de feria. Él mismo se tomó demasiado en serio su papel de ‘rock star’; de algún modo, su adicción a la fama le hizo tanto daño o más que su dependencia del alcohol o de la heroína. Invitablemente, todo eso ha impedido que sus letras, con toda su rabia y su sufrimiento y su erudición y su poesía, fueran apreciadas como merecen.

En ese sentido, la película deja clara la relación ambivalente que MacGowan mantiene con la música. Por ella ha estado a punto de autodestruirse, pero sin ella quizá había muerto hace décadas...

Es cierto. La gente lo ve ahora, con sus 63 años y su precario estado de salud, y piensan que es un milagro que haya sobrevivido a la música. Pero, durante la niñez y la adolescencia, Shane pasó por depresiones, instituciones mentales e intentos de suicidio. Puede decirse que el punk le salvó la vida. A decir verdad, ha salvado muchas vidas. El punk suele asociarse a la violencia y la agresividad, pero aquella escena musical dio a muchos jóvenes el sentido de comunidad y de pertenencia que la sociedad les negaba. 

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De hecho, a lo largo de su carrera usted ha dirigido numerosas películas sobre la escena ‘punk’ británica o sobre músicos cercanos a ella. ¿Qué más le atrae de ese periodo?

Me crié como cineasta en esa época y, de hecho, fueron esos músicos y su sensibilidad artística lo que me dio la energia necesaria para dirigir. A decir verdad, llevo años esperando a que surja un nuevo movimiento musical y cultural parecido al punk, que resulte igual de inspirador para la juventud. Y me gustaría que mis películas ayuden a los espectadores más jóvenes a comprender que ellos también pueden cambiar las cosas si se unen entre sí, y que es absolutamente necesario que lo hagan.