Crítica de cine

Crítica de 'Una joven prometedora': furia cegadora

La ópera prima no tiene nada que decir sobre el mundo post-MeToo, pero se trata, en cualquier caso, de una película furiosa sobre un asunto que debería enfurecernos a todos

Estrenos de la semana. Tráiler de 'Una joven prometedora'

Estrenos de la semana. Tráiler de 'Una joven prometedora'. /

Nando Salvà

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Pese a la agresividad y el ánimo subversivo que exhibe en sus primeros compases, la ópera prima de Emerald Fennell no tarda en mostrarse mucho más recatada que las películas encargadas de inventar hace décadas el género al que pertenece -conocido como cine de violación y venganza-; a cambio adopta maneras de cuento perverso, a través de su hiperestilización formal, el desinterés general de su premisa por la verosimilitud y sus frecuentes incursiones en la comedia negra y el esperpento. Se trata, en cualquier caso, de una película furiosa sobre un asunto que debería enfurecernos a todos. 

El problema es que, mientras lo explora, Fennell no se decide sobre si su protagonista es una heroína justificada o una psicópata empujada a la locura por el dolor, la culpa y una cultura misógina; no parece saber si prefiere hacer que el espectador celebre la inteligencia y el coraje de la joven o se preocupe por su salud mental y física, y por tanto intenta ambas cosas. Y ese titubeo no solo impide a la película tener nada que decir sobre el mundo post-MeToo -más allá de sugerir que todos los hombres son terribles-, sino que la conduce a una desafortunada resolución final que nos proporciona el placer de la retribución pero, al mismo tiempo, priva a su protagonista de la catársis en pos de la que emprendió su venganza. Por fortuna para la película, en su centro mismo se encuentra la actriz Carey Mulligan, que neutraliza todas esas contradicciones con una fiereza y una ira calculada a las que resulta imposible resistirse.