Danza

La Veronal celebra el mundo del espectáculo en 'Opening night', su debut en el TNC

  • Marcos Morau lleva a escena sus obsesiones como creador en su particular homenaje al 'show business'

  • La compañía catalana de baile es la primera en actuar en la Sala Gran y este verano también será la primera en actuar en la Cour des Papes del Festival de Aviñón con 'Sonoma'

Un momento de ’Opening night’, lo último de La Veronal.

Un momento de ’Opening night’, lo último de La Veronal. / May Zircus

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La magia del teatro, la presión que genera cualquier creación, las ovaciones y los fracasos, el mundo de los intérpretes y el de los técnicos, las dudas y la presión que conlleva cualquier espectáculo están presentes en 'Opening night', el primer montaje de La Veronal en el TNC. Se estrena este jueves en la Sala Gran, la mayor caja escénica de la ciudad, todo un reconocimiento para el camino recorrido por Marcos Morau (Ontinyent, València, 1982), alma de esta compañía catalana, que empezó trabajando como acomodador en el Mercat de les Flors para pagar sus estudios en el Institut del Teatre. Es la primera vez que el TNC abre la Sala Gran a una compañía catalana de danza. La Veronal es uno de los grupos más conocidos a nivel internacional y será la primera compañía de danza catalana en actuar en la Cour d'Honneur du Palais des Papes del Festival de Aviñón este verano con 'Sonoma', creación estrenada en el pasado festival Grec que en dos semanas ofrecerá de nuevo en el Mercat de les Flors.

'Opening night', el filme de John Cassavetes, sirve como inspiración de este nuevo trabajo donde Morau refleja sus obsesiones. En él muestra todas las posibilidades de la creación pero también "ese asesinato constante de ideas que se produce cuando preparas un espectáculo, de cosas que no utilizas". Esta pieza de danza-teatro creada en colaboración con los intérpretes es "un homenaje a este mundo donde todo es posible, un espacio de emoción y de obsesión donde mi vida y mi trabajo se confunden". Aparecen los éxitos y los fracasos del proceso creativo y concede un protagonismo especial a los técnicos, esas personas indispensables que no suele ver el público y sin las cuales no podría levantarse el telón.

Como explica en el programa de mano: "Las situaciones y sus personajes se encuentran perdidos, en constante búsqueda de su lugar y de su lógica, atrapados en un largo pasillo que conduce todas las posibilidades al infinito. Si vivir es pasar de un momento a otro, de un lugar a otro, el escenario contiene todas las posibilidades para convertirse en todos los espectáculos posibles, en todas las historias posibles y al mismo tiempo no ser ninguna de ellas..."

A sus 38 años y tras haber conseguido numerosos premios, entre ellos en Nacional de Danza, Morau ofrece su visión más personal acerca de su profesión. La vanidad y la frustración del artista son algunos de los temas que aparecen en 'Opening night'. "Hay diferentes motores en esta propuesta: emocional, intelectual, expresivo... Va más allá de la lógica y has de dejarte llevar", comenta el creador, que ha colaborado con importantes compañías fuera de España. En esta ocasión vuelve a trabajar con Silvia Delagneau (vestuario) y con Mònica Almirall, que en esta ocasión también se suma como intérprete al grupo formado por Valentín Goniot, Núria Navarra, Lorena Nogal, ShayPartush y Marina Rodríguez. La escenografía la firma Max Glaenzel y la música, Juan Cristobal Saavedra.

Desde las entrañas

Realidad y ficción se mezclan en la obra, donde ópera, danza y teatro físico dialogan en una caja escénica repleta de alegorías teatrales. "Es bastante abstracto, las cosas se reconocen desde la entraña", afirma Morau. "No verás a una Lady Macbeth pero sí cosas reconocibles como una actriz que sale a recoger un premio al principio del espectáculo", señala sin querer avanzar mucho más. La obra tiene un tono irónico y utiliza el francés, con subtítulos. "Es un idioma que ayuda a crear textura". En esta ocasión el valor de las palabras tiene más a ver con cómo resuenan que con su significado. "El francés es el idioma de la revolución, de Buñuel y los surrealistas. Me gusta porque a diferencia del inglés no va al grano".

La banda sonora funde música clásica brillante con texturas más oscuras. Como en la vida, el mundo de la creación está lleno de contraste. "Pasamos de la oscuridad del proceso creativo a la luz del espectáculo, de las dudas y el miedo al éxito y satisfacción por el resultado final", resume Morau.

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"Si no trabajamos, no cobramos"

Para una compañía como La Veronal con más compromisos internacionales que nacionales, estar en el TNC es una bendición. "Vivimos tiempos complejos y duros porque todo está cerrado fuera menos en Luxemburgo, donde actuamos hace dos semanas", reconoce Morau. "Esta es una compañía de autor y si no trabajamos, no cobramos. Los bailarines no están en nómina. La compañía depende de las ayudas del Gobierno y de la Generalitat y de las actuaciones". Estos meses aciagos en los que algunos compromisos se han postergado debido al covid-19 los bailarines han sobrevivido dando clases o con otros trabajos. "Como director invitado trabajo con otras compañías. He podido hacer algo en Lyon y espero poder ir a trabajar con el NDT [Nederlands Dans Theater] este verano", explica. En Alemania les han pagado parte de las actuaciones suspendidas, en otros lugares han recolocado sus bolos pero en el Teatro Nacional de Bruselas, por ejemplo, "no podrán hacerlo antes de dos años". El estreno en el TNC es motivo de esperanza. Actuar en la Sala Gram será un subidón.