Reconocimiento

Josep Pons destaca "la necesidad del arte" en su discurso como doctor 'honoris causa' de la UAB

Josep Pons, en un momento de su discurso, tras ser investido doctor ’honoris causa’ de la UAB.

Josep Pons, en un momento de su discurso, tras ser investido doctor ’honoris causa’ de la UAB. / Anna Mas

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Josep Pons, director musical del Liceu, ha sido investido este miércoles doctor 'honoris causa' de la Universitat Autónoma de Barcelona. Este mediodía, el maestro nacido en Puig-reig en 1957 ofreció un interesante discurso de agradecimiento donde resumió su trayectoria y su trabajo en tres apartados -'Quién soy', 'Cómo soy' y 'Qué hago'-, como si se tratara de tres movimientos de una partitura. La ceremonia, que fue anulada el año pasado debido a la pandemia, se celebró en el auditorio de la facultad de Filosofía y Letras y fue la primera desarrollada de forma presencial en la UAB este año. El acto estuvo presidido por el rector de la UAB, Javier Lafuente, y contó con Frances Cortés, catedrático de Musicología de la UAB, como padrino del nuevo doctor 'honoris causa' de la institución. Entre los asistentes estaban la 'consellera' de Cultura, Àngels Ponsa, y el presidente de la Fundació del Gran Teatre del Liceu, Salvador Alemany.

En el primer apartado de su parlamento, 'Quién soy', Pons repasó sus orígenes musicales y su paso por la Escolanía de Montserrat, donde entró con 10 años y estudió cuatro, hasta su primera experiencia como director musical al frente de la orquesta de cámara del Teatre Lliure. "La imaginación era nuestro pan de cada día", recordó. También rememoró su compromiso para desarrollar la Jove Orquestra Nacional de Catalunya, un proyecto pionero entonces y fundamental hoy en día, su trabajo durante 10 años con la Orquesta Ciudad de Granada y con el Coro y Orquesta Nacionales de España durante otros dos lustros y su regreso a Barcelona para hacerse cargo de la Orquestra del Gran Teatre del Liceu, "para llevar al mejor nivel posible los cuerpos estables musicales de la casa".

Magia, honestidad y compromiso

El segundo movimiento, 'Cómo soy', estuvo dedicado a su credo como creador. Su fe en el arte como verdad y forma de alcanzar el conocimiento. "Creo en la necesidad del arte, siempre, y más en el periodo que nos toca vivir", destacó. Para Pons el arte es "el único remedio que nos puede librar de dualismos simplificadores". Y habló de "la magia del arte y de la música", que "empieza donde terminan las palabras y nos dice cosas que no somos capaces de expresar con palabras de manera absolutamente directa y diáfana". Y acabó su filosofía hablando de "la honestidad y el compromiso como pilares que me permiten ser y no parecer que soy".

El último movimiento del discurso, 'Qué hago', tuvo mucho de clase magistral de dirección de orquesta. Pons destacó: "Si queremos que la dirección se convierta en trascendente y ultrapase el mero entretenimiento, este proceso de proyección debe fundamentarse en la honestidad, en el sentido ético, en el cuestionamiento constante. Y cuando lleguemos, deberemos preguntarnos cuánto hay de la obra, cuánto del compositor y cuánto del director". Criticó el "alejamiento que se ha ido produciendo entre intérpretes y directores a lo largo de la historia" y el poder que han ido acumulando estos últimos. "Un buen director ha de ayudar a distinguir entre realidad y razón musical, ser un 'trainer' en los ensayos y un 'performer' el día del concierto" y, como un buen médico, "saber diagnosticar problemas y recetar soluciones".

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De Schoenberg a Falla

"Si hubiera podido dirigir 'Sinfonía de Cámara nº1 Opus 9' de Schoenberg con una orquesta como había imaginado antes de la pandemia os aseguro que los músicos habrían acabado la obra y lo habrían hecho muy bien -dijo Pons-. ¿Hace falta un director? Para tocar juntos, no. Entonces, ¿Dónde está el misterio de la dirección?". Pons no lo aclaró pero explicó un chiste sobre loros que hizo reír de lo lindo a los presentes. La música la puso un vídeo con una grabación de la Orquestra Simfònica del Liceu interpretando 'El amor brujo', de Manuel de Falla. Y el tradicional canto 'Gaudeamus Igitur', no muy afinado, por cierto. Quedó claro que cuando no hay director al frente, la música se resiente.

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