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'La última primavera': el lado humano de la Cañada Real

  • Isabel Lamberti dirige la recién estrenada ‘La última primavera’, acercamiento entre el documental y la ficción al difícil día a día de los habitantes del problemático asentamiento madrileño

Fotograma de ’La última primavera’, de Isabel Lamberti.

Fotograma de ’La última primavera’, de Isabel Lamberti. / El Periódico

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Isabel Lamberti se crió en Holanda, pero tiene sangre española. Un día estaba en casa de su abuela en Madrid viendo la televisión y apareció una noticia sobre el asentamiento madrileño de la Cañada Real. «Abuela, ¿qué es ese sitio?». Ella le dijo: «Ahí no se puede ir». Esas palabras fueron suficientes para que Lamberti quisiera descubrir por sí misma ese mundo al parecer prohibido y peligroso. Se puso en contacto con varias asociaciones, hasta que la Fundación Secretariado Gitano le presentó a la familia Gabarre Mendoza y con ellos rodó su primer cortometraje, 'Volando voy' (2015).

«Ese fue el principio de una relación de amistad que se ha prolongado hasta hoy», cuenta Isabel Lamberdi a EL PERIÓDICO. «Durante cinco años los he visitado, he asistido a bodas, bautizos y siempre me he sentido muy cómoda en la Cañada Real, muy viva, libre y amada. Quería plasmar todo eso en una película que se alejara de los clichés de la droga y de la delincuencia que siempre han condicionado y estigmatizado la zona». 

Un día se enteró de que iban a ser desalojados, que las tierras donde se encontraba el asentamiento 6 de la Cañada habían sido compradas y las familias tenían que abandonar para siempre sus casas. Así surge 'La última primavera', un acercamiento a medio camino entre el documental y la ficción a unos personajes reales que se enfrentan a la pérdida de todo lo que hasta el momento había definido su identidad y sus raíces. Para Lamberti la Cañada Real se convierte en un escenario más. Quería que el espectador formara parte de esa familia y asistiera a su cotidianeidad, a sus problemas pequeños y grandes, como conseguir tener electricidad o agua corriente. A sus inquietudes, ¿qué significa para ellos abandonar su modo de vida? 

Premio en San Sebastián

'La última primavera' consiguió alzarse con el premio Nuevos Directores en el pasado Festival de San Sebastián. La directora logra capturar algo tan intangible como es el pulso de la vida diaria. Reconoce que esto no hubiera sido posible si no hubiera tenido esa relación de cercanía con la familia y los vecinos. «No se puede llegar a un sitio así y ponerte a filmar. Hay que ganarse la confianza de la gente, hay que tener paciencia». 

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Sorprende además la naturalidad con la que se mueven los personajes delante de la cámara, algo parecido a lo que consiguió Isaki Lacuesta en 'Entre dos aguas' con los hermanos Isra y Cheíto. «Ayudó mucho que no tuvieran vergüenza delante del objetivo», ríe Isabel al recordarlo. «También que los seres a los que dan vida estén basados en ellos mismos, claro. Creo que si trabajas con actores no profesionales tienes que darles papeles a los que se sientan cercanos, que conozcan bien. Además, ensayamos mucho y sabía cuáles eran sus puntos fuertes y débiles. Eso es lo bueno de la docuficción».  

La directora fue hace dos días a la zona 6 de la Cañada Real y ya no queda casi nada, solo silencio. Afortunadamente, la familia Gabarre Mendoza se ha adaptado bien a su nueva vivienda en Ribas Vaciamadrid, pero si pudieran volver a sus calles sin asfaltar, lo harían sin dudarlo.