Crónica

Un fantástico viaje

El Festival de 'Lied' Life Victoria, en su programación de primavera, propuso un ciclo de Schubert en versión escenificada

Un fantástico viaje

Elisenda Canals

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El 'Winterreise' (‘El viaje de invierno’) de Schubert sobre poemas de Müller con el que el Festival Life Victoria se estrenó el domingo en el ámbito escenificado –en el auditorio de Caixaforum– llegó cargado de sorpresas gracias a tres grandes talentos, los del contratenor Xavier Sabata, el pianista Francisco Poyato y el director de escena Rafael R. Villalobos, quien también firmaba el espacio escénico, el vestuario y el genial diseño de iluminación. El trío de ases se confabuló para que, con una mirada innovadora y sin desligarse del profundo espíritu romántico que empapa la obra, el público acabara eclipsado ante tanta belleza y tanto drama.

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Un escenario desnudo salvo por un par de butacas, un ramo de flores secas, una botella, una navaja y un suelo de arena negra fueron el envoltorio ideal de un viaje cuyo fin del camino es la tumba y que Villalobos condensa exprimiendo los textos para proponer escenas de gestualidad brechtiana y que se mueve apelando a los sentimientos más que a la descripción del texto. Así consigue que el público se identifique con un protagonista que se va despojando de su materialidad para adentrarse en los aspectos más oscuros de su alma. A ello invita la inmensa actuación y el canto hipnótico de un Xavier Sabata que supo controlarse y que desgranaba las canciones como si se trataran de escenas de un monodrama tan contenido como desgarrador. Su vocalidad hizo suyas las canciones superando los graves extremos sin problemas.

Ya en las primeras piezas parecía que pronto se agotarían los recursos escénicos: antes de llegar a la mitad del ciclo el ‘prota’ ya había declamado, jugado con su vestuario y hasta se había cortado las venas. Pero quedaban grandes sorpresas, como en 'Frühlingstraum' (“Sueño primaveral”), en el que Poyato también declama brindando una réplica desoladora al cantante en un gran efecto a lo Kurt Weill. Imaginación, talento y sensibilidad, todo unido en una gran recreación de una de las obras maestras de Schubert.

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