Estreno en el Mercat

Wim Vandekeybus da voz a la naturaleza y a los gitanos en 'Traces'

El veterano coreógrafo belga retrata el conflicto entre la civilización y el planeta en un espectáculo

Un momento de ’Traces’, de Wim Vandekeybus.

Un momento de ’Traces’, de Wim Vandekeybus. / Danny Willems

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Marta Cervera
Marta Cervera

Periodista

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Llegó a la danza sin saber los cánones del género, con ganas de expresarse con libertad, dando rienda suelta a su instinto. La visceralidad y tremenda humanidad de las propuestas del belga Wim Vandekeybus conectaron con un público amplio desde los años 80. Sus espectáculos siempre han tenido una fiel legión de seguidores en Barcelona, donde no quedan entradas para ver 'Traces', su última creación, en el Mercat de les Flors de jueves a sábado. Estrenada en diciembre de 2019, esta pieza para 10 bailarines se inspira en la naturaleza salvaje de los bosques de Rumanía, una tierra de osos y ciervos. El espectáculo no ha podido rodar demasiado a causa de la pandemia. Por eso le hace particular ilusión poder mostrarla en Barcelona, aunque el covid-19 obligue a prescindir de su potente música en directo. "Esta es una obra muy física, con mucha energía y pocas palabras. Es más imagen en movimiento", asegura el polifacético Vandekeybus, que ha explorado otros terrenos como el cine y que dentro de unos años debutará en la ópera como director de escena. "Las anteriores veces que me lo habían ofrecido lo rechacé", recuerda. Explica que será una coproducción de la ópera de Amberes con Luxemburgo y Ginebra.

Pero volvamos a 'Traces', que más allá de la naturaleza y sus criaturas se inspira también en el espíritu libre y nómada del pueblo romaní. La escenografía muestra un bosque atravesado por una carretera, símbolo de la civilización en el hábitat natural. "El asfalto encima de la tierra es el primer paso para destruir la naturaleza. Basta ver qué ha ocurrido en el Amazonas", subraya. Para Vandekeybus 'Traces' tiene algo de cuento (o pesadilla tal vez) porque en él aparecen un bosque encantado, osos, ciervos, una bruja... Seres humanos y animales comparten escenario, como la naturaleza lo hace con nuestra civilización. Conviven, sí, pero parecen habitar mundos diferentes. Cada uno, con su propio ritmo y sus propias reglas.

La música con toques rockeros y ecos balcánicos sirve para crear atmósferas y resaltar la tensión interna de la pieza. En su creación destacan la extraña voz de Trixie Whitley y la guitarra de Marc Ribot, colaborador habitual del coreógrafo. "Es una propuesta más poética y visual, muy cinematográfica. Parte también de esas imágenes en blanco y negro de Josef Koudelka, un fotógrafo que siempre me ha fascinado, que en los 70 dedicó un libro a los gitanos. Quería invitarle a ver el espectáculo cuando fuéramos a París pero la pandemia ha impedido que actuáramos allí".

En forma

Aunque ya no baila tanto como antes, Vandekeybus cuenta que todavía sigue haciendo ejercicios para estar en forma por si tiene que actuar en alguno de sus espectáculos. La disciplina del ejercicio le va bien. Su última aparición fue a mediados de enero cuando estrenó 'Hands do not touch precious me', aunque se pasaba la mitad del tiempo filmando. "Procuro ejercitarme para estar disponible pero prefiero que baile la gente de la compañía, que son increíbles, con una técnica y una energía brutales". Y añade: "Ahora hay gente muy preparada, que ha estudiado clásico, contemporáneo u otras cosas. Son mucho más completos de lo que éramos nosotros y lo pillan todo con enorme rapidez". Pese al confinamiento, explica que trabajó con la aclamada compañía inglesa Rambert. "Sus bailarines son auténticas máquinas", recuerda. "Pero a la hora de crear algo y de trabajar desde las entrañas, les cuesta. No están acostumbrados".

"Gracias a Dios los teatros están abiertos en España. En Bélgica no podemos hacer nada"

Wim Vandekeybus

Tiene ganas de bailar en Barcelona. Sus bailarines de nacionalidades diversas, también. "Si no trabajan no podrán cobrar el paro". El 55% de los ingresos de la compañía viene de las contrataciones y estas han caído en picado debido al covid-19. No es un momento fácil para nadie. "Gracias a Dios que en España están abiertos los teatros, aunque digan que es porque el Gobierno no tiene dinero para pagar. En Bélgica, no podemos hacer nada pero el metro siempre va lleno".

Pionero

Cuando empezó, en Bruselas apenas había danza. "Ahora está lleno de escuelas, haces audiciones y ves de todo. La gente joven ahora quiere hacer cosas diferentes. Supongo que me ven como un dinosaurio", bromea. Desde que se dio a conocer con 'What the body does not remember' (1986), asombró por sus ganas de explorar la danza lejos de la ortodoxia, de una manera fresca, valiéndose de su intuición. Nunca ha dejado de investigar, no solo en el terreno del movimiento, también del teatro físico, del cine, de la fotografía y de la música. Busca intérpretes con una energía especial.

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Practicó lo que ahora se llama danza inclusiva antes que nadie, trabajando con intérpretes que salían de la norma como Saïd, un marroquí ciego que participó en varias de sus creaciones. "Nadie se daba cuenta de que no veía. No sé cómo lo lograba", comenta. También fue pionero en la utilización del cine en la danza, desarrollando tanto películas como integrando la pantalla en sus espectáculos. Ha firmado 38 propuestas pero vive en el presente. "No me siento en la cima de nada. En danza, cada vez que empiezas un espectáculos partes de cero". En su opinión, la danza se ha vuelto "demasiado conceptual". A diferencia de cuando él empezaba, "ahora la gente está más interesada en el virtuosismo y la técnica".

Consolidación de la Quinzena Metropolitana

La Quinzena Metropolitana concluyó el pasado fin de semana con un gran éxito. La labor del Mercat de les Flors y la del resto de escenarios implicados en los 10 municipios alrededor de Barcelona certifica el interés del público por la danza, con un 85% de ocupación en todos los espectáculos. Un total de 15.800 espectadores siguieron la muestra. Los espectáculos de sala llenaron 10.000 de las 11.700 butacas puestas a la venta. Comparado con la última edición de hace dos años -la pandemia impidió celebrar la Quinzena en primavera el año pasado-, este 2021 la ocupación ha crecido ocho puntos. Entre los espectáculos de sala más vistos destacan los del Ballet de Lorraine, Andrés Corchero, Sol Picó y José Manuel Álvarez.