Hasta el domingo

El Festival Cara B acerca la música 'underground' a través de un videojuego

  • El certamen de Barcelona presenta una fantasiosa exposición virtual que permite adentrarse en el imaginario visual de varios artistas

  • La cita de las escenas independientes regresa este miércoles en forma de ciclo con nombres como Rigoberta Bandini, Joe Crepúsculo, Rojuu o La Zowi

La Zowi, durante su actuación en el festival Cara B de 2019.

La Zowi, durante su actuación en el festival Cara B de 2019. / Ferran Nadeu

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Ignasi Fortuny
Ignasi Fortuny

Periodista. Principalmente, escribo sobre música.

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Hace poco más de un año a los organizadores del festival Cara B les llevaba de cabeza la amenaza de no poder volver a montar el certamen en la antigua fábrica Fabra i Coats, lugar en el que han celebrado sus ya siete ediciones. Salvada 'in extremis' la de 2020, tiene la negra medalla de ser el último festival que se celebró con normalidad antes de la pandemia en Barcelona. En 2021 regresa, en un formato adaptado a las restricciones (un ciclo de conciertos), un mes después de lo que solía ser habitual. En lo que antes conocíamos como calendario, a finales de febrero el Cara B daba el pistoletazo de salida de los festivales en la ciudad.

Vuelve este miércoles (con Núria Graham) como ciclo de conciertos (llamado Cara B XTRA), un total de 14 en cinco días, hasta el domingo. "Como programadores no hemos querido rehuir nuestra responsabilidad de proponer contenido en el primer trimestre del año en Barcelona. Es lo que nos toca, los médicos no han desatendido sus responsabilidades y a nosotros nos toca esto", comenta Adrián D. Bóveda, 'Jarri', director del festival.

Su vuelta es ambiciosa y va incluso a otra dimensión. En el apartado B-Sual, muestra paralela sobre el imaginario visual de la cultura musical independiente y urbana, han apostado por un espacio virtual en el que, a través de una especie de videojuego de descarga gratuita (para móvil y ordenador), el usuario puede adentrarse en primera persona en el universo estético de varios artistas. Proyecto comisariado por Conjuro y desarrollado por Carles Castaño, es una fantasiosa exposición digital con carteles, campañas de promoción, diseño de merchandising, videoclips u otras piezas que conforman los mundos de Kaydy Cain, Bejo, Dellafuente, Rosalía y Cecilio G, entre otros.


/ CARA B

Cada uno de ellos tiene su propia sala, creada de la mano de los estudios de diseño y creadores que han trabajado con figuras como las citadas anteriormente, por la que puede uno pasearse y contemplar las piezas. La exposición virtual cuenta también con vídeos de los procesos creativos narrados por los propios artistas. "Es una apuesta de futuro, entendemos que debemos apostar por otros proyectos. Siempre hemos tenido claro que el Cara B es un festival de cultura musical, no solo de música. Y queremos poner en valor el trabajo de los artistas visuales en las diferentes escenas", expone su director. El certamen se adapta así a nuevas maneras de consumir que la pandemia ha acelerado. Una apuesta decidida, novedosa y valiente. "Cuando los medios son escasos, la cultura sigue ahí por empuje de mucha gente, y el videojuego es un ejemplo", valora.

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La programación sigue siendo el mismo abanico de siempre, un desplegable de las diferentes escenas musicales independientes. Propuestas como Rigoberta Bandini, Rojuu+Depresión sonora, La Zowi, Joe Crepúsculo, Núria Graham o Leïti Sene & Cutemobb. Las entradas volaron, el 70% de ellas se vendieron al primer día, y varios de los artistas han tenido que doblar los conciertos. "Esto es una prueba de que la gente tiene unas ganas locas de ir a conciertos, aunque sea sentada y con mascarilla", comenta 'Jarri'.

Alrededor de 5.000 personas pasarán por la Fabra i Coats, una media de 300 personas por espectáculo. Esto supone tan solo el 10% del aforo de la sala, el máximo que han podido conservar por las medidas y las distancias dictadas. Sin poder servir bebidas, importante fuente de ingresos de un festival que, cuenta su director, es deficitario. "Con las condiciones que hay diría que prácticamente toda la música en directo es deficitaria", acota. "Hicimos el plan A, el B, el C... y, al final, este es casi el J", exclama.