Entrevista

Adam Mars-Jones: "El sexo no es un impulso primordialmente estético"

  • El escritor británico describe en 'Box Hill' una relación sadomasoquista gay con moteros, cuero y cremalleras ambientada a mediados de los 70

El escritor británico Adam Mars-Jones.

El escritor británico Adam Mars-Jones.

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Luis Miguel Marco

Box Hill, a 30 kilómetros al suroeste de Londres, es una escapada campestre ideal. Literariamente hablando es el escenario del picnic de la 'Emma' de Jane Austen. Y es también el título de la novela del británico Adam Mars-Jones (Londres, 1954), que acaba de editar Temas de Hoy, su primer libro traducido al español y premio Fitzcarraldo de novela 2019. Es una novela corta, apenas 150 páginas, que arranca en un Box Hill cubierto de tejos y boj donde moteros vestidos de cuero recalaban los domingos allá por los 70, para presumir de sus cabalgaduras, tomarse unas pintas y también buscar en la espesura un desahogo a sus pulsiones sexuales. Allí es donde un apocado y acomplejado Colin, el día de su 18 cumpleaños, cae de bruces literalmente sobre el enigmático, atractivo y mayor que él Ray. "¿Qué voy a hacer contigo?", le pregunta Ray, y acto seguido se baja la cremallera para que Colin se hinque de rodillas y le haga una felación. Ese es el inicio de una relación sadomasoquista que dura seis años y que subyuga también al lector.

Dejó en un cajón olvidada esta historia durante años, hasta que se decidió finalmente a publicarla. ¿Por qué?

Retiré el manuscrito, que lo habían aceptado para publicarlo en 1999, porque yo era un padre poco convencional y, en esa época, recogía a mi hija y a varios niños al salir de la escuela y los cuidaba un rato. Ya era conocido como escritor gay, pero me di cuenta de que publicar algo tan provocativo y transgresor ponía en peligro la estabilidad de la vida de mi hija. Si los padres de sus compañeros de clase hubieran sabido que yo había escrito una obra tan sórdida, ¿habrían seguido confiando en mí para cuidar de sus hijos? Me di cuenta de que yo tenía todo el derecho a asumir cualquier riesgo que juzgara oportuno, pero no si perjudicaba la vida o la estabilidad de otras personas. Así que ese manuscrito no estaba olvidado... ¡sino que lo había dejado en el congelador! Keith, mi pareja, siempre creyó que tenía futuro, pero yo dejé de pensar en él. Y luego, hace unos años, escribí una historia de similar longitud y algunos temas coincidentes (la masculinidad, el poder, la responsabilidad) y me di cuenta de que el viejo manuscrito de 'Box Hill' y la nueva obra, 'Batlava Lake', podrían conformar una unidad interesante. Sin embargo, la editorial británica (Fitzcarraldo) prefirió publicarlos por separado. Creo que 'Batlava Lake' saldrá en junio.

La novela arranca en 1975. ¿Hay un punto de nostalgia en el recuerdo de aquellos encuentros de moteros?

El libro está lleno de nostalgia: la de Colin, más que la mía. En mi opinión esa época no merece mucha celebración. Las relaciones sexuales entre hombres acababan de legalizarse en Gran Bretaña en 1967 y los homosexuales aún cargaban con muchos prejuicios.

La historia se sustenta en la fascinación que siente Colin por Ray. ¿Hubo un Ray en su vida o alguien que se le pareciera?

Lamento decepcionarle, pero no es para nada una historia personal. Me pareció que representaba bien dos patrones, el primer amor y la fantasía del rapto, y que no hacía falta caracterizar a ninguna de las dos partes con excesivo realismo. Los arquetipos son tan potentes, aunque contradictorios, que por sí mismos ya hacen gran parte del trabajo. La mayoría de las relaciones de pareja evolucionan acercando a los dos miembros. A Colin y a Ray también les ocurre, hasta cierto punto, pero sin hacer peligrar nunca la sensación de ser dos polos opuestos. A mí, personalmente, me repugna la pasividad de Colin. Sin embargo, me esforcé en encontrar en su carácter algún elemento que le permitiera vivir como suyas muchas experiencias que, aparentemente, él no había escogido.

Yo pretendía andar sin tapujos, en vez de hablar con tacto y algodones. Quería ser más realista, incluso brutal

En Londres esta historia hubiera sido otra. ¿Está de acuerdo?

Desde luego. Colin procede de un barrio residencial de clase media. Box Hill no está lejos de Londres, es una zona que desde hace siglos recibe a muchos visitantes, y me pareció que un contexto más bucólico facilitaba ciertas cosas, por mucho que los gases de los tubos de escape tiñan el aire.

¿La calificaría como una historia de amor? 

Me encantaría poder escribir la más maravillosa historia de amor de la literatura mundial, pero me temo que mi talento no apunta en esa dirección. Escribir la más horrenda también se podría considerar una noble ambición, ¿no? Vista desde fuera, es obvio que se trata de una relación sadomasoquista en algunos sentidos, aunque los lectores homosexuales probablemente repararán en que no hay dolor (como mínimo, después de la primera noche). La literatura tiene la maravillosa facultad de mostrarnos el interior de las cosas, sobre todo cuando es contradictorio con el exterior. Es la primera experiencia sexual de Colin, y no tiene con qué compararla.

Quien narra es Colin, el joven que se somete, y pasados ya unos años ¿Debía ser su perspectiva? 

La historia nace del punto de vista. Por muy frágil que se sienta, un narrador en primera persona siempre es poderoso, precisamente porque cuenta la historia (y yo he usado narradores enfermos -de nacimiento o por infección-, o discapacitados, como en mi novela más extensa, que ya ocupa dos volúmenes, y continuará). Quizás el narrador describa su sensación de impotencia con todo lujo de detalles, pero sigue siendo él quien sujeta el micrófono. Por otro lado, se establece una extraña correspondencia entre la relación de Ray y Colin, y la relación entre el autor y el lector (aunque admito no haberme percatado hasta después de terminar la obra). Aunque el autor parezca controlarlo todo, como Ray, que lleva la batuta y decide siempre, sin la capacidad de Colin (y, confío, de los lectores) de rendirse, quedaría en un vano ejercicio.

La ingenuidad de Colin es también la de una generación que se las vería con el sida. Pero a diferencia de mucha literatura gay, su mirada es bastante descarnada. 

Como muchos homosexuales bien adaptados, yo era casi un embajador de mi sexualidad. Tranquilicé a mis padres diciéndoles que nadie me iba a pegar ni chantajear, y que no acabaría desahuciado con una infección mortal. En 1999, mis padres habían fallecido y el sida ya no era una enfermedad mortal. Así que me permití el lujo de explorar toda la negatividad que había ido disimulando para que no apareciera en la superficie, y lo compulsivo, por encima de lo expresivo. Los textos gais sobre sexo suelen ser líricos, pero el sexo no es un impulso primordialmente estético. Y yo pretendía andar sin tapujos, en vez de hablar con tacto y algodones. Quería ser más realista, incluso brutal. De paso, dejo caer incluso que Colin no es sexualmente funcional: no tiene respuesta física (o, mejor dicho, respuesta genital), pero creo que la mayoría de lectores prefieren pasarlo por alto.

Usted escribe crítica cinematográfica. ¿'Box Hill' sería un buen título para una película?.

En el cine lo más difícil es expresar lo que la literatura de ficción consigue de maravilla: mostrar un interior radicalmente distinto de su exterior. El joven cineasta Harry Lighton está adaptando el libro para la BBC, y no le envidio. No se puede explicar lo que a Colin le pasa por la cabeza sin mostrar lo que le rodea, pero ¿cómo conseguir un buen equilibrio? Le pregunté a Harry si quería usar una voz en 'off' y me dijo que no, quizás suponiendo que era lo que yo esperaba oír. La voz en 'off' es una solución económica y socorrida para rescatar cosas en la fase de posproducción, pero opino que también es de una gran potencia propia. Una voz que vaya a contracorriente de las imágenes podría ser útil. Al escribir yo no pienso en términos visuales. Las imágenes importantes no son las que tenga yo en la cabeza, sino las que cada lector se cree en la suya.

El primer referéndum sobre la pertenencia de Reino Unido en la UE fue en 1975, al año en el que arranca su novela, con Thatcher en la oposición y Wilson como primer ministro. El 67,2 % votó a favor de la unión. Ahora estamos viendo los efectos del Brexit. ¿Alguna reflexión?

Si podemos permitirnos pegarnos un tiro en cada pie... ¡debemos de ser un país muy fuerte! A Colin, el narrador de 'Box Hill', le interesa mucho la historia y comprende que hay una continuidad entre la Europa continental y nuestra pequeña isla. Si bien es cierto que su vida se desmorona cuando se va de vacaciones a Francia, creo que tampoco habría que darle demasiada importancia.

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Este es su primer libro traducido al español. ¿Le gustaría que el siguiente fueran sus memorias, 'Kid gloves'?

Ese libro es tan típicamente británico (y no digo inglés porque mi padre era escocés) y tan elaborado en lo literario que será difícil de traducir. Me encantaría que alguien lo intentara, desde luego, pero también dudo que encajara en el contexto español. Creo que mi primera novela, 'The Waters of Trist' (1993), sería mejor opción. Habla de una relación imaginaria con una estrella del porno. Incluso hay un tema que podríamos considerar motero: el narrador está a la espera de recibir un riñón de la víctima de un accidente, que le libere de la diálisis y le devuelva a la vida. Y me consta que a los españoles les gustan las motos.