Los retos de la música en directo

Las salas se encomiendan al test de antígenos para salvarse

  • El sector pide a las administraciones que sigan el camino apuntado por el próximo concierto en el Palau Sant Jordi y centren sus ayudas en el desarrollo de las pruebas rápidas

  • Los locales, repetidamente endeudados, dicen tener aguante económico hasta otoño, cuando esperan que la situación comience a revertirse

La sala de conciertos y discoteca Razzmatazz lleva un ano cerrada al publico por la covid.

La sala de conciertos y discoteca Razzmatazz lleva un ano cerrada al publico por la covid. / FERRAN SENDRA

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Un año después del gran trauma, las salas de conciertos siguen cerradas a cal y canto, si bien tras muchos meses de oscuridad vislumbran vías de salida presumiblemente transitables. El regreso a lo que llamamos 'normalidad' sigue siendo nebuloso, pero el efecto conjunto de la vacunación y la entrada en escena del test de antígenos (que vivirá una prueba de fuego el 23 de marzo en el Palau Sant Jordi), abre una rendija de esperanza para un sector que tiene asumido su papel de último de la fila en la futurible revitalización social pos-covid-19.

Por ahora, prima todavía el balance de daños: doce meses de cierre, y subiendo, para la inmensa mayoría de las salas, y pérdidas que trepan hasta cifras mareantes. Dos millones de euros acumulados por Razzmatazz, señala su codirector, Lluís Torrents, solo mínimamente compensados por ayudas institucionales que llegan a cubrir el 10%. Aunque locales como este podrían abrir hoy si quisieran, las limitaciones lo hacen inviable: el aforo, habilitado para un público sentado, debería caer hasta 20-25%, y no podrían servir bebidas, fuente de ingresos troncal. "Y hay que recordar que la gente no viene a Razzmatazz para tomarse un café sentado en una mesa", subraya Torrents. "Nosotros estamos en esto para que la gente baile".Una carpa en la plaza de Catalunya

El sector sigue reclamando a las instituciones el "coste cero" del cierre, ya que "las salas siguen pagando muchos impuestos", recuerda Carmen Zapata, gerente de la ASACC. Pero se ha hecho a la idea de que "no hay dinero para todo", por lo que opta por primar la apuesta por "la investigación y los tests", planteando al Govern que sostenga el coste del dispositivo de los tests de antígenos.  "Podrían habilitarse unas carpas con personal sanitario en lugares como la plaza de Catalunya", propone mientras no prosperen soluciones más sencillas y rápidas, como el test de saliva.

Las salas piden más movimientos: la luz verde a la venta de bebidas, así como poder salvar los confinamientos comarcales si has asistido a un concierto, y el aumento de aforos. En estas cuestiones, Cultura suele mostrarse sensible, pero la última palabra la tiene Salut.

Un concierto para 15.000 personas

Las miradas están puestas en el concierto del Sant Jordi, con 5.000 personas, al que, apunta Lluís Torrents, debería seguir otro de mayor aforo, "a lo mejor de 15.000". Se trata de activar un plan propio sin esperar a que el país haya accedido a la inmunidad colectiva, de modo que una aplicación en el móvil indique "si te has vacunado, o has pasado la enfermedad, o te has hecho una prueba PCR o de antígenos en las últimas horas".

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Aunque se percibe la esperanza, el estado del sector es estresante. "Hay una inmobiliaria que se está especializando en salas que no volverán a abrir", revela Carmen Zapata. La ASACC pondrá en marcha esta primavera una segunda edición del ciclo Sala CAT. Iniciativa que es posible por la aportación de la Generalitat, de 200.000 euros (50.000 menos de los que destinó este invierno en la primera versión de la programación).

Y mientras, las salas siguen encadenando créditos. Luz de Gas tiene ahora fuelle para aguantar hasta noviembre, indica su director, Fede Sardà, que dice "creer mucho" en la vacuna "y en el pasaporte de vacunación". Parece imperativo que la actividad vuelva en el último trimestre de este año. "O ya no sé si en el 2022 podremos aguantar". Razzmatazz imagina para entonces una reapertura gradual. "Pero con un 60% de aforo, y las barras en marcha, ya podríamos reabrir, como mínimo perdiendo menos dinero que ahora", suspira. También Sidecar sitúa el umbral en el próximo otoño. "La deuda se nos come", asegura Roberto Tierz, confirmando una cuenta atrás con cada vez menos margen para las prórrogas.