El apagón de los escenarios

13-03-2020: El día que murió la música en directo

Las salas de conciertos suspendieron hace un año su actividad por el intempestivo covid-19

Reconstruimos con los protagonistas unas jornadas de perplejidad, preámbulo de una ruina en toda regla

El interior de Razzmatazz, sala que lleva un año cerrada, este viernes.

El interior de Razzmatazz, sala que lleva un año cerrada, este viernes. / Ferran Sendra

Se lee en minutos

 

La semana del 9 de marzo de 2020, el virus ya estaba entre nosotros, dándolo todo, pero los primeros días apenas nos sentimos aludidos. En la música en directo, la sensación inicial de que se estaba exagerando dio paso a la estupefacción, y de ahí a la atropellada aceptación de la realidad, todo ello en cuestión de un par de días. Aún el jueves 12 por la mañana, a 24 horas vista del anuncio del estado de alarma, algunas salas se resistían a tirar la toalla. "Nuestra posición era la de aguantar", recuerda, todavía pasmada, Raquel Calvo, directora artística de la sala Wolf.

Este local del Poblenou (antiguo Sr. Lobo) tenía programado el concierto de Corcobado para el sábado, 13, y hasta el mismo jueves el cantante estuvo concediendo entrevistas de promoción. El miércoles, el Govern había prohibido las aglomeraciones de más de 1.000 personas, y Wolf, con un aforo de 500, comenzó a recibir una "avalancha" de peticiones de fechas para actuaciones rebotadas de salas más grandes. "Nos seguimos planteando abrir bajo nuestro riesgo, pero comenzamos a dudar si la gente dejaría de venir por miedo a contagiarse", recuerda Calvo. Al final, no hubo nada que decidir: cierre forzoso e irrevocable.

Adiós a la inocencia

Unos 8.000 bolos suspendidos después (cifra de la ASACC, Asociación de Salas de Concierto de Catalunya), puede asombrarnos la mezcla de ignorancia y candor con la que encajamos la entrada en tromba del covid-19 en nuestras vidas. "Imaginábamos que las administraciones lo tenían todo controlado, y nos dimos cuenta de que no era así. Esa inocencia la hemos perdido", reflexiona Roberto Tierz, de Sidecar, sala que aquel jueves, 12 de marzo, debía acoger a Víctor Coyote. "Nos llamó un día o dos antes diciéndonos que le daba miedo venir a Barcelona y no poder volver a Madrid, algo que entendimos perfectamente", recuerda. Pero la percepción era que "todo aquello duraría 15 días", rememora. "Al cerrar, nos despedimos todos con un ‘hasta pronto’".

Ese trémulo jueves por la noche se celebraron al menos un par de conciertos en una Barcelona en fundido. Los últimos de la era precovid-19. La sala Vivaldi, de la calle de Llançà, acogió al cantante y compositor Adolfo, procedente de Málaga y arropado por el grupo barcelonés Los Watts 6.0, ante una cincuentena de asistentes mayormente sentados (y sin mascarillas). En eso quedó el que debía ser el debut en la ciudad del veterano tridente Cánovas, Adolfo y Guzmán, cuyas otras ‘patas’ se quedaron en Madrid. Y en Ciutat Vella, el Harlem Jazz Club acogió a 13 personas para ver al argentino Coqui Ortiz, que había volado desde su país cinco días antes, y que tuvo que apresurarse para tomar el último avión de vuelta antes del cierre de fronteras. Concierto este del festival Barnasants, que sí tuvo que liquidar conciertos previstos para el fin de semana como los del mexicano León Chávez Teixeiro, El Niño de la Hipoteca y el homenaje a Guillermina Motta (que se repescó hace unos días). Cayeron bolos en Razzmatazz (31 Fam en la sala 1; Gertrudis en la 2) y Barts (Second), y el estreno de disco de Sopa de Cabra en el Cruïlla de Primavera.

Los últimos ‘guiris’

Esa semana no había programados muchos conciertos internacionales en Barcelona, y los más destacados eran los de Louis Tomlinson, de One Direction, en Razzmatazz, y el de la histórica cantante británica P. P. Arnold en el festival Blues & Ritmes, de Badalona. El primero se celebró el lunes sin problemas, con un público adolescente parte del cual había pasado días guardando turno en la calle Almogàvers, mientras que el segundo, el viernes, cayó sin remisión. Y con él, otros dos conciertos, los de Santander y Madrid.

Noticias relacionadas

La artista no iba a venir del Reino Unido, sino de la localidad de Salobreña (Granada), donde reside, y la banda era española, con la excepción de dos coristas británicas. "Estaban ensayando para la gira cuando todo saltó por los aires. En pocos días se desmoronó todo", recuerda Guillem Vidal, codirector de la muestra, que el miércoles 11 canceló toda la edición por indicación del Ayuntamiento de Badalona. Inmolaciones dolorosas, como la del ‘heartbreaker’ Benmont Tench, que tanto había costado atar.

Los acontecimientos inyectaron a todo el mundo y al sector en particular "una dosis de realismo a marchas forzadas", observa Guillem Vidal. Empezamos la semana preguntándonos si había para tanto, y la terminamos con todas las persianas bajadas. Pero, como recuerda Roberto Tierz, de Sidecar, asociar el coronavirus a "una gripe fuerte" había sido práctica corriente durante semanas. “Y las hemerotecas podrían dejar en ridículo a más de un representante público”.