Crítica de teatro

El humor asilvestrado de La Calòrica inflama el TNC

  • 'De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda' es una sátira desbocada sobre la emergencia climática a partir de un enorme trabajo colectivo

Aitor Galisteo-Rocher y Esther López,  junto a otros actores de La Calòrica en ’De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda’.

Aitor Galisteo-Rocher y Esther López, junto a otros actores de La Calòrica en ’De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda’. / May Zircus / Tnc

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La Calòrica ya está en lo más alto. Y sin apelación posible. No cabe otra valoración cuando se espera con impaciencia el nuevo espectáculo de una compañía teatral. Así sucede con un grupo que presenta su noveno montaje en poco más de una década. También ha ascendido a lo más alto del escalafón porque ya se le han abierto, por fin, las puertas de los grandes escenarios catalanes. Si el año pasado llevaron al Lliure la reposición de su extraordinaria ópera prima, 'Feísima enfermedad y muy triste muerte de la reina Isabel II', ahora han entrado en el TNC con otra pieza del mismo fuste. Lo es tanto por su ambición y resultado como por un título no menos kilométrico: 'De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda'. En el escenario, una sátira desbocada sobre la emergencia climática y otra mucho más prosaica, pero que también nos desnuda como sociedad.

Todo teatro es político. La frase tantas veces repetida por dramaturgos y directores coge todo su significado en manos de la tropa de La Calòrica. En su caso acompañado de un humor sano y asilvestrado. Política y comedia se conjugan con acierto en manos de un dramaturgo tan acreditado como Joan Yago. O de un director fino como Israel Solà. El resto no solo actúa, también firma la autoría colectiva. La obra de la Sala Petita nos habla de algo tan conocido y necesario de propagar como es la angustiosa crisis climática, pero el sello de La Calòrica huye siempre del tono seriote en favor de lo grotesco, sin que por ello se resienta la denuncia.

El desdoblamiento de personajes y situaciones resulta trepidante, y con una sincronía que solo puede dar la complicidad de tantos años

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La pirueta dramatúrgica de 'De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda' es propia de un salto mortal. Porque se mueve en dos planos argumentales que parecen muy alejados: el de un congreso de negacionistas frikis del cambio climático y el de un contratiempo doméstico en el nuevo local de ensayo con la compañía como protagonista. O sea una autoficción, con formato documental, como metáfora de la emergencia a raíz de un problema en el desagüe de un váter. Terreno propicio, es obvio, para desatascar la escatología sin freno alguno. En la patria del 'caganer' nos es muy familiar la cuestión. El suceso doméstico provocará una reunión de vecinos propios de la comunidad de la famosa 13 Rue del Percebe de Ibáñez.

El público lo agradece a lo largo de una gozosa fiesta teatral, aunque el ajuste entre las dos tramas resulte algo forzado o que la obra arranque a cámara lenta. Pero la demostración de poderío grupal incontestable siempre se impone. El desdoblamiento de personajes y situaciones resulta trepidante, y con una sincronía que solo puede dar la complicidad de tantos años. Porque los extraordinarios Xavi Francés, Aitor Galisteo-Rocher, Esther López, Marc Rius y Júlia Truyol compiten en el mejor sentido de la palabra y se roban escenas sin parar. Cuentan, además, con una invitada estelar como Mónica López para el papel de la estirada negacionista. De su boca, salen en una delirante escena (una más) los argumentos que nos deberían poner a todos en guardia cuanto antes.