LO QUE NO SABÍAS DE...

Anécdotas de rodaje del documental 'La Mami'

  • Rodaron en el cabaret teniendo que superar la desconfianza inicial de las trabajadoras.

  • Organizaron una fiesta para poder conseguir a unos clientes que aceptaran salir en el filme.

  • Las protagonistas tienen varios trucos para intentar no emborracharse.

La Mami (izquierda) posa con la directora, Laura Herrero Garvín.

La Mami (izquierda) posa con la directora, Laura Herrero Garvín. / ELAMEDIA ESTUDIOS

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Eduardo de Vicente
Eduardo de Vicente

Periodista

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Uno de los títulos más originales de los estrenos de esta semana es La Mami, un documental realizado por Laura Herrero Garvín que ha obtenido dos nominaciones a los premios Gaudí (mejor documental y montaje) tras haberse proyectado con éxito en diversos certámenes como el D’A Film Festival. La película se rodó en un cabaret de México, el Barba Azul, en el que unas mujeres, a las que denominan ficheras, acuden para bailar, conversar con los hombres y hacerles que las inviten a copas a cambio de unas fichas con las que ganan su dinero.

El baño de mujeres es su lugar de refugio. En el que se maquillan, visten y conversan antes, durante y después de la sesión. Son muy diferentes entre ellas pero todas son humildes y ejercen este trabajo para sacar adelante a sus familias. Junto a ellas se encuentra La Mami, una veterana que estuvo 45 años haciendo de chica de compañía en el local y que ahora está a cargo del baño femenino. Por allí pasarán también las clientas del local, pero lo importante para ella son sus niñas, a las que ayuda y da consejos. El filme seguirá también los pasos de una recién llegada, Carmen, y veremos cómo va evolucionando con el tiempo. Es un filme que ha costado mucho de rodar por las complicaciones implícitas que supone. La directora, Laura Herrero Garvín, nos las explica. 

-Descubriendo a la Mami. “Estuve viviendo en México D. F. durante ocho años y, mientras estaba editando mi primera película, un amigo músico (que es el que, al final, hizo la música del filme) que sabe que me gusta mucho bailar, me dijo que fuéramos al Barba Azul, un local que me encantaría porque había música en directo con cumbias, boleros y otros ritmos. En una de las veces que fui al baño, oí a una chica que le decía a la Mami, “me quiero casar con ese cliente” y ella le contestó que necesitaba descansar, que no bebiera más; otra le preguntaba cómo le quedaba el vestido… Entonces me di cuenta de que esta señora no solo limpiaba los baños, sino que tenía otro papel y me propuse investigar más y hacer la película”.

-Superviviente de una época. “En los años 50 hubo un boom de este tipo de locales en México. Fue una época de cabarets que tenían un escenario y música en vivo y nacieron las ficheras, unas mujeres que bailaban con los hombres a cambio de una ficha. Incluso había un espacio para comprar las fichas, como en los autos de choque, y ellas las cambiaban por dinero. Incluso provocó la aparición de un subgénero de cine de vedetes en los años 70 que retrataba las relaciones con las mujeres y siempre estaba dirigido por hombres. De esos locales llegaron a haber unos 50 y, hasta hace un año, quedaban solo cinco”.

El equipo de la película junto a las protagonistas, las ficheras.

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-Protegiendo identidades. “Cuando empecé a documentarme, en el 2015, pensé en llevarme una cámara y empezar a filmar allí. Pero una me dijo: ¡Cuidado, güerita (blanquita)! porque aquí rajamos y no en el brazo, sino en la cara. Rodamos en un lugar que no es fácil, pero fui cuidando la relación con ellas, conseguí que confiaran en mí, porque antes les habían pasado cosas muy complejas, unos fotógrafos habían publicado en Internet fotos suyas en el local y sus familiares se habían enterado. La que invadía el espacio era yo y les ofrecía cuatro opciones: no aparecer, que solo se escuchara su voz, que se las viera sin rostro o al completo. Eran unas 25 y tuve mucho cuidado en proteger la identidad de las que no querían salir”.

-De Carmen a Priscila. “Me interesaba retratar el espacio donde se maquillaban. Me sentía atraída por ese baño de mujeres, había algo en las conversaciones y en el proceso que sucede que me interesaba mucho. Todas tienen nombres diferentes, cuando entran se empiezan a pintar a vestir y cuando bajan las escaleras se transforman. Carmen se convierte en Priscila. Es como si se pusieran una máscara, es un proceso de transformación que también tiene algo de empoderamiento.

Priscila maquillándose en el baño, el escenario principal del documental.

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-Del baño a la pantalla. “El camerino de las ficheras es el espacio del baño y lo que sucede es que, a menudo, pasan por allí las clientas (a veces algo perjudicadas por la bebida), que vienen de otra clase social. Antes de que entraran al baño se les avisaba de que estábamos rodando y que era posible que salieran en la película. Unas aceptaban y tenían que firmar un papel y otras, no”.

-Una fiesta para rodar con clientes. “Con los chicas trabajamos mucho para que accedieran a participar pero los clientes eran muchos y muy variados y, en su mayoría, no querían que sus familiares les vieran. Por eso decidimos organizar una fiesta un lunes, que es el día que cierran. Invitamos a los clientes que habíamos conocido, que aceptaban, y a más gente que le gustaba bailar y fue como un juego”.

La directora junto a uno de los clientes que aceptó salir en la pelicula.

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-Trucos para no emborracharse. “Las chicas dependen económicamente de las copas pero tienen sus trucos. Tienen que beber lo más rápido posible para poder irse con otro cliente. A veces arrojan la bebida en la servilleta o cuando el cliente va al baño, tiran la copa, el camarero se la lleva o se hidratan con limón”.

-El castillo de Barba Azul. “Hay algo muy curioso en el local y es que los hombres cuidan del espacio (limpian, friegan, llevan las copas), del entramado como si fuera un castillo. Era importante que tuviera una voz femenina que las reinas fueran ellas y ellos, como sus sirvientes. El nombre está inspirado en el cuento Barba Azul, el primer dueño fue un español y lo escogió él. Ni más ni menos que le puso el nombre de un feminicida. Todo el lugar está ambientado como ese castillo. Cuando entras ves a un príncipe con la barba azul y una princesa con un vestido largo hasta los pies y dentro, todas están desnudas y él es el único que va vestido”.

El local, con estatuas eróticas, intenta recrear el castillo de Barba Azul.

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-El peso de la religión. “Tienen una vida algo confusa y deben tener algo a lo que agarrarse, la religión. Creen solo en tres santos. Jesucristo es su padre y la virgen de Guadalupe, su madre. La virgen tiene moral y a ella le pueden pedir por la educación o la salud de sus hijos. Pero hay un tercero que es la Santa Muerte a la que se dirigen para solicitar cosas moralmente mal vistas: que vengan muchos clientes, que beban mucho alcohol, incluso que alguien se muera”.

-Pactando con la orquesta. “Tuvimos unas conversaciones súper bonitas  con la orquesta, que lleva 45 años tocando en el cabaret, para elegir las canciones. Pero hay un detalle un poco triste ya que, cuando estábamos mezclando la música de la película, el cantante murió de un infarto. Es curioso cómo el cine embalsama el tiempo y las historias y me duele que no lo haya podido ver”.

La orquesta del establecimiento, durante una pausa del rodaje.

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-Escenas eliminadas. “Tuvimos que eliminar mucho de lo que rodamos durante el montaje final. Hay imágenes increíbles como una que muestra una Priscila muy oscura, la sientes asustada pero luego es fuerte y dura. Hay un momento en el que se desata contra un hombre y dice que lo descuartizaría, que le quitaría los sesos, que lo mataría, y luego empieza a reír. En la conversación con la clienta que las llama putas, al final le pregunta a la Mami que sucede después y ella le contesta que envejeces y te quedas aquí encerrada en el baño. También había una escena de Priscila que bailaba cariñosamente con un cliente, coqueteaba con él, le daba un besito y era algo muy bonito y espontáneo”.

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-El Barba Azul y las ficheras, hoy. “El local está cerrado desde que empezó el Covid. La Mami ha vuelto a vivir con sus hijas que han regresado de Estados Unidos, donde estaban residiendo, y Priscila ahora hace pasteles y los vende en las calles”.

Tras el cierre, la Mami vive con sus hijas, que han regresado de Estados Unidos.

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