Periféricos y consumibles

Taburete Foster Wallace

DFW me acecha desde la pantalla. Ya me había topado con sus libros en 'Amor y letras', y ahora me los encuentro en otras películas y series como una especie de certificado de autenticidad

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Serie ’Your honor’, con mención a David Foster Wallace.

Serie ’Your honor’, con mención a David Foster Wallace. / El Periódico

Me persigue David Foster Wallace desde el año dos mil más o menos. Desde que leí, cuando era más joven y viajé en sucios trenes que iban hacia el norte (esto va con música de Sabina), su artículo “Noticias bastante exageradas”, una reseña académica que dinamitó mi manera de entender las reseñas y la Academia. Era un tren que me llevaba de una casa a otra casa durante los años en los que viví un poco nómada (ni mónada ni gónada ni monada, como se empeña el corrector de Word). No he puesto mucho interés en escapar del escritor. Lo he leído, reseñado, estudiado, criticado, disfrutado y recomendado (mucho, quizá demasiado, pero siempre a las personas indicadas).

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Y aunque sigo leyéndolo por prescripción de mi primo, mi gastroenterólogo, ahora me acecha desde la pantalla. Ya me había topado (dopado, insiste el corrector) con sus libros en 'Amor y letras', y ahora me los encuentro en otras películas y series como una especie de certificado de autenticidad del tipo “yo también he estudiado 'Cultural Studies', 'you know', pero eso no quita para que viva atormentado, aunque distante y un punto nihilista”. Wallace en serie: 'Weeds' (una viuda que vende hierba para sobrevivir en su barrio pijo con un adolescente más salido que el pico de una 'iron' y que lee 'La broma infinita' para ligar); Your honor (“aquí, leyendo a Foster Wallace” dice el chico en el primer encuentro; en otro capítulo la chica le regala dos marcapáginas: uno para las notas al pie); 'Las chicas Gilmore' (aparece 'Hablemos de langostas'); el primer episodio de 'Devils' (el “exdoctor macizo” Patrick Dempsey relata en una reunión de trabajo la historia de la pecera, convertida ya en charla de autoayuda TEDx: “David Foster Wallace contó esta historia”); 'The wilds' (“Escuchan vinilos y llevan 'La broma infinita encima'”, dice un postadolescente de sus compañeros); y la película de animación 'Soul', donde el 'Esto es agua' cala como el ídem en nuestra alma musical.

Y en esto llegan los Taburete, sacan un disco titulado 'La broma infinita' y parecen cantar “si yo tuviera una escoba del sistema”. Camisas de cuello abotonado de PH neutro, pantalones chinos, mocasines (todo esto es inventado, ya lo saben): ni bandana, ni botas desatadas ni hiperhidrosis. Del after-pop al pop. No sé lo que pensarán los seguidores de esta banda (¿'tabureters'?) ni lo que opinarán las poetas feministas. Silla 'Barcelona' de Mies van der Rohe, mesa Nomos de Norman Foster, armario Songesand de Ikea y taburete Foster Wallace. En 25 años (¡25!) hemos pasado de 'Infinite Jest' al 'Jes-Extender'. No es broma.

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