NOVEDAD EDITORIAL

Un historia de amor fuera de los cánones

Pablo Herrán de Viu ficcionaliza en la novela 'Mientras pudimos' su relación con la octogenaria dramaturga neoyorquina Eve Friedman durante su estancia en la Gran Manzana

El escritor Pablo Herrán de Viu.

El escritor Pablo Herrán de Viu. / Xavier González

2
Se lee en minutos
Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

ver +

El relato parece salido de una película de Cassavetes cruzado con esa 'cult movie' tragicómica que es ‘Harold y Maude’ sobre la particular relación sentimental de una octogenaria con un jovencito. Podría ser también un cuento de Manhattan con anciana animosa de pasado luminoso como dramaturga en el off off Broadway y chico gay español que se ha trasladado a la Gran Manzana con la intención de triunfar en la industria del cine como guionista. Un ‘Ocaso de los dioses’ mucho más amistoso, vamos. La novela ‘Mientras pudimos’ (Altamarea) tiene esos ingredientes pero sobre todo es una inusual historia de amor. La que vivió el autor Pablo Herrán de Viu (que ya relató ficcionalizadas sus andanzas neoyorquinas en ‘Manuel Bergman’ publicada en el sello LGTBI Dos bigotes) que ha trasladado a la ficción su su amistad con Eve Friedman, judía, 83 años, oscura autora de teatro que tuvo su momento de gloria al escribir al alimón con el Nobel yiddish Isaac Bashevis Singer la adaptación teatral del relato de este ‘Teibele y su diablo’.

Una historia de Nueva York

Noticias relacionadas

La forma en la que se conocieron Pablo –en la novela, Jorge­- y Eve no dista mucho de la que se relata en la novela. “Me dirigía al cine en la zona de Broadway y vi a una anciana pequeña y frágil a la que le costaba abrir la puerta de su casa. La ayudé y ella que era muy dicharachera me pidió que la acompañara y acabamos en el patio hablando durante horas. Fuimos amigos durante cinco años, yo la ayudaba a ir al médico o hacer algún recado y muchas veces íbamos al cine juntos, un verano la ayudé a transcribir una obra…”. Herrán, por entonces, 23 años y en plena crisis vocacional –sentía que la escritura de guiones no le satisfacía-, la dramaturga fue el acicate que necesitaba para adentrarse en la narrativa. “En principio la relación fue interesada por ambas partes, yo le ayudaba y ella me proporcionaba historias fascinantes del pasado que encendían mi imaginación. Pero poco a poco, cambió. Nueva York es una ciudad aeropuerto, un día tienes diez amigos a los que acudir y de repente te has quedado solo. Entonces me di cuenta de que ella era la amiga que no me iba a abandonar nunca, empecé a sentirla como una amistad genuina y real”.

La medida en la intensidad de esa relación la expresa la propia Eve en la novela cuando alguien le pregunta si Jorge es su pareja: “Es mucho más que eso”. “Un amor que fue más allá de lo terrenal, un sentimiento que está dando sentido a su vida”, añade Herrán. A eso se unía y, se une todavía, la incomprensión de sus amigos por la fascinación de Pablo por una mujer que podía ser no ya su madre, sino su abuela. Una abuela que demandaba mucho.  “No era fácil ser su amigo porque a veces era muy exigente y demostraba poca piedad, pero en sus conversaciones interminables me aportó tanto intelectualmente, me enseñó tantas cosas y me indicó tantas lecturas que merecía la pena”. Eve sabía muy bien que Pablo era gay: “Era muy abierta y jamás excluyó a nadie. Solía decirme que estaba convencida de que en el futuro no habrá necesidad de identificarse”. 

Temas

Novela Libros