Entrevista

Companyia Elèctrica Dharma: “Tras la Transición, los políticos, en lugar de juntarnos, nos separaron”

  • El grupo barcelonés, del barrio de Sants, actúa este viernes por primera vez en el CAT con un doble pase en el que presentará el álbum que lanzó antes de la pandemia, ‘Flamarada’, el primero con material nuevo en una década

La Companyia Elèctrica Dharma, con Joan Fortuny, tercero por la izquierda, y Lluís Fortuny, segundo por la derecha.

La Companyia Elèctrica Dharma, con Joan Fortuny, tercero por la izquierda, y Lluís Fortuny, segundo por la derecha. / El Periódico

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¿Cómo puede ser que la Companyia Elèctrica Dharma no hubiera tocado nunca en el Centre Artesà Tradicionàrius?

Joan Fortuny. El director del CAT, Jordi Fàbregas, que nos acaba de dejar, nos lo había propuesto alguna vez, pero no fue posible cuadrarlo. Lo teníamos pendiente. Me sabe mal actuar por fin allí y que él no esté.

Lluís Fortuny. Es brutal el trabajo que hizo en el CAT, dándole la vuelta a la música tradicional, que era una música escondida y considerada ‘carrinclona’.

Presentan un álbum, ‘Flamarada’, que lanzaron hace casi dos años. ¿No les pilla ya un poco lejos?

J. F. No, porque estamos contentos con él. Tocaremos diez o doce canciones del disco seguidas, y tenemos muchas ganas, porque planeábamos dos años de gira de los que solo pudimos hacer uno. Estábamos estudiando la presentación en Barcelona cuando llegó la pandemia.

Es el primer disco de la Dharma sin su hermano mayor, Josep Fortuny, que falleció en 2013. ¿Qué representa el álbum para el grupo?

Ll. F. La lucha por seguir haciendo lo que te gusta. Josep era que aportaba las ideas globales. Con este álbum tratamos de hacer de Josep entre todos, igual que en su día tratamos de suplir a Esteve [Fortuny, fallecido en 1986), que era el mejor músico de todos nosotros.

Un disco con piezas instrumentales, cantadas y recitadas, con pop, tradición, acentos tribales y el distintivo saxo tenor. ¿Obra de síntesis?

Ll. F. No era nuestra intención hacer un resumen, pero sí que lo parece. Otros discos eran una cosa o la otra, y aquí está todo mezclado.

Hubo un tiempo en que la Dharma se miró hacia la world music y actuó por medio planeta. ¿Se alejaron de sus raíces?

Ll. F. Prescindimos de la guitarra y también del país, porque nos olvidamos un poco de la Dharma más cañera y del público de aquí.

J. F. Pero nuestros primeros discos ya eran muy world music. Lo llamaban ‘sardana rock’. En 1977 actuamos en el Pabellón del Real Madrid: 5.000 personas, y otras 2.000 que se quedaron fuera. Vino Miguel Ríos al camerino con una capa de la tuna, destacándonos que lo nuestro era ‘rock con raíces’. Nos contó que allí, después de 40 años de dictadura, no sabían dónde agarrarse para saber de dónde venían.

La Dharma giró intensamente por España en los años de la Transición.

Ll. F. Se veía a Catalunya como la puerta de Europa, la alegría, la calle, Zeleste, Comediants… Hasta que, en 1982, de repente, dio la vuelta la tortilla. Fuimos a tocar a un pueblo y nos comenzaron a tirar botellas. Fue la primera vez que oímos gritos de “polaco catalán”. Nos quedamos de piedra: “¿nos han llamado polacos?”. Después de la Transición, los políticos, en lugar de juntarnos, nos separaron. Por eso nos fuimos al independentismo. En 1984 ya lo tuvimos claro.

¿Sabrían describir el ‘sonido Dharma’?

Ll. F. No, porque no hemos creado escuela, así que no debe haber un ‘sonido Dharma’.

¿Así lo sienten?

Ll. F. Supongo que la gracia de lo nuestro está en el sonido de saxo, popular y que puede recordar al de la tenora, mezclado con la batería y con el bajo de Carles (Vidal), que tocaba como Miles Davis. Yo toco la trompeta por culpa de Davis, después de verlo en concierto a los 14 años, en 1974.

J. F. Davis nos cambió la manera de entender la música. Nos dio libertad, y su huella sigue ahí.

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