Entrevista

Chris Frantz: "La historia de Talking Heads solo se ha contado desde un lado"

En el libro de memorias 'Amor crónico', el batería y cofundador de la banda neoyorquina acusa a David Byrne de atribuirse méritos ajenos y minimizar las aportaciones del resto del grupo

Chris Frantz, en su casa de Compass Point, en Bahamas.

Chris Frantz, en su casa de Compass Point, en Bahamas. / Tina Weymouth

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Los caminos de Chris Frantz (Fort Campbell, Kentucky, 1951) y Tina Weymouth (Coronado, California, 1950) se cruzaron hace 50 años en la Escuela de Diseño de Rhode Island y no se han separado desde entonces. Su relación sentimental ha sobrevivido no solo al tiempo sino también, y esto sí es un verdadero prodigio, a la convivencia en el seno de un grupo de rock. Y no de un grupo cualquiera, sino de uno que construyó su ejemplar carrera sobre los cimientos de un desafío sistemático a las convenciones y la demolición de muros de todo tipo. El nombre de la banda es Talking Heads.

No es una reducción exagerada decir que así como David Byrne ha sido siempre considerado el cerebro de los Talking Heads, Frantz (batería) y Weymouth (bajo) constituían el corazón del grupo. Y no solo en términos musicales. En el revelador libro de memorias ‘Amor crónico’ (Libros del Kultrum), Frantz reivindica el papel de la pareja en los logros de la banda, denuncia el afán casi patológico de Byrne por atribuirse méritos ajenos y celebra la gozosa irrupción, hace ahora cuatro décadas, de Tom Tom Club, el exitoso proyecto paralelo que el batería puso en marcha junto a su mujer. De todo ello habla con EL PERIÓDICO desde su casa de Westport, Connecticut, en la que ha pasado varios meses de confinamiento después de recuperarse de un infarto. “Con la ayuda de Tina y tres 'stents', mi corazón vuelve a funcionar perfectamente”, relata.

Tina Weymouth y Chris Frantz, en la Escuela de Diseño de Rhode Island, en 1972.

/ Roger Gordy

‘Amor crónico’ puede ser leído como una larga carta de amor a Tina y también como un intento de explicar la historia de los Talking Heads desde una perspectiva nueva en la que David Byrne deja de ser el elemento central para pasar a ser un miembro más del grupo…

Durante mucho tiempo la historia de Talking Heads se ha contado solo desde un lado. Muchas de las cosas que se han escrito sobre la banda parecen haber pasado por alto la importancia del papel que Tina, Jerry [Harrison, guitarra y teclados] y yo desempeñamos desde el principio hasta el final, y quería cambiar eso.

¿No le preocupó que el libro pudiera ser visto como un ajuste de cuentas?

Era consciente del riesgo. Verás, a la prensa musical parece gustarle mucho el conflicto, y aunque nosotros tuvimos una bonita ración de eso, también disfrutamos de un tiempo maravilloso juntos. Espero que el libro lo refleje. Esta no es una historia amarga. 

Repite a menudo que, sin la presencia de Tina, Talking Heads habría sido como cualquier otro grupo. ¿No podría decirse lo mismo de David Byrne?

No hay duda de que la aportación de David fue fundamental para el éxito de Talking Heads, pero también lo fue la de Tina, Jerry y Chris. El grupo siempre fue una experiencia compartida por los cuatro, aunque David nunca se molestó en explicarle eso a nadie. Jamás lo hizo. Esa es una de las razones por las que escribí ‘Amor crónico’.

El libro comienza con una evocación de un concierto en Roma en 1980, durante la gira de ‘Remain in light’. ¿Por qué eligió ese momento en particular?

Si los Talking Heads hicimos alguna vez un concierto malo, yo no lo recuerdo. Pero ese concierto de Roma ha quedado en mi memoria como un momento especialmente mágico. Además, la gente lo puede comprobar. Solo tiene que buscar ‘Talking Heads in Rome’ en Youtube y verá exactamente de lo que estoy hablando. Fue un espectáculo magnífico y el público respondió como una bestia salvaje.

En los inicios de la banda, David Johansen [cantante de los New York Dolls] le dijo en una ocasión que usted era “demasiado majo” para el rock’n’roll. ¿Eran conscientes de lo anómalos que resultaban su imagen y sus modales en la escena del punk rock neoyorquino de 1976?

Ummm… Los Talking Heads podíamos vestir polos Lacoste y camisas Brooks Brothers, pero éramos una banda de rock que trabajaba muy duro y los demás grupos nos respetaban por ello. No éramos simples diletantes. Lo que David Johansen quería decir es que yo le parecía demasiado majo para enfrentarme al negocio de la música. Años después reconoció que estaba equivocado.

Hicieron su primera gira europea como teloneros de los Ramones. En el libro explica que cuando llegaron a París los miembros de los Talking Heads se fueron de museos y librerías mientras los Ramones buscaban un McDonald’s. Eran como dos universos paralelos. Y a pesar de ese contraste, ambas bandas encajaron la mar de bien.

Éramos muy muy diferentes, pero nosotros amábamos a los Ramones y nos sentíamos privilegiados por haber sido elegidos para telonearles en aquella gira histórica. La primavera de 1977 fue el pináculo de la música punk en Europa. Todo lo que los promotores tenían que hacer era colgar carteles que dijeran ‘Rock neoyorquino desde el CBGBs’ y agotaban las entradas. Y aquel era un programa doble fantástico. En aquel tiempo la gente joven era muy abierta a la hora de escuchar música, las cosas no estaban tan compartimentadas como están ahora, y el público podía difrutar de los Ramones y los Talking Heads por igual.

¿Era Johnny Ramone tan aterrador como parece?

Johnny se comportaba a menudo como un matón muy desagradable. Supongo que arrastraba problemas desde la infancia. Años después sufrió una fractura de cráneo y su carácter mejoró.

Chris Frantz, David Byrne y Tina Weymouth, en la Factory, en 1976.

/ Duncan Hannah

En varios pasajes del libro, Tina se enfrenta a la misoginia de algunos personajes de la escena musical. Johnny es uno de ellos. Phil Spector, otro. Supongo que en aquellos años, tuvo que aguantar un montón de basura sexista, pero nunca ha hecho bandera de ello.

Hubo mucho de eso, sí. Pero Tina suele decir que si el sexismo de algunos tíos era terrible, no era nada comparado con el de algunas mujeres. A menudo se sintió más comprendida y apoyada por los hombres que por las mujeres. Yo la creo.

A juzgar por el retrato que ofrece el libro, no parece que David Byrne fuera uno de esos hombres comprensivos y serviciales.  

Digamos que las relaciones personales no eran su fuerte.

Tal vez debieron aceptar la sugerencia del productor Tony Bongiovi para que David grabara la voz principal de ‘Psycho Killer’ con un cuchillo de cocina en la mano.

[Risas] A David lo estaban comparando mucho con el Anthony Perkins de ‘Psicosis’ y él odiaba eso, así que la sugerencia de Bongiovi no parecía una gran idea. David era psicologicamente frágil y no queríamos que se largara del estudio durante la grabación de nuestro primer elepé.

Resulta impactante leer que Byrne maniobraba a espaldas del grupo para modificar los títulos de crédito de los discos. ¿Cómo podía suceder algo así?

Esa es la misma pregunta que nos hacíamos nosotros. Y, sobre todo, ¿por qué? Pero es algo que David hizo en repetidas ocasiones. Nosotros le pedimos explicaciones una y otra vez, pero al final nos quedó claro que si queríamos seguir adelante con el grupo tendríamos que pasar por alto cosas como esas. Eso es lo que hicimos.

También tuvieron que pasar por alto el ninguneo al que les sometió el productor Brian Eno durante la grabación de ‘Remain in light’. ¿Se arrepiente de haber sido usted quien le propusiera producir a la banda?

No, en absoluto. Brian y Talking Heads hicimos un trabajo verdaderamente maravilloso juntos [los elepés ‘More songs about buildings and food’, ‘Fear of music’ y ‘Remain in light’]. Pienso que él también sacó provecho de nuestra colaboración, porque gracias a ella se asentó como un gran productor y consiguió trabajos importantes.

A Brian Eno le gustó mucho el primer álbum de Tom Tom Club…

Así es. Nos llamó para decir que adoraba el disco y que ojalá hubiera hecho él algo así.

El gran éxito de Tom Tom Club, ¿alteró de algún modo la dinámica interna de Talking Heads? 

David no se mostró muy entusiasmado con el éxito de Tom Tom Club. De hecho, nunca lo mencionó. Pero el impacto de canciones como ‘Wordy Rappinghood’ y ‘Genius of love’ hizo que mucha gente en la industria se diera cuenta de algo que deberían haber sabido desde el principio: que Tina y yo aportábamos a Talking Heads más de lo que David estaba dispuesto a admitir. Aquel disco fue mágico y supuso un gran estímulo emocional, y también financiero. Algo que Tina y yo realmente necesitábamos en ese momento.

¿Algún plan en marcha para conmemorar el 40 aniversario de Tom Tom Club?

Deberíamos celebrarlo, pero habrá que esperar a que sea seguro hacerlo. Esta pandemia es una lata, tío. Eso sí, vamos a reeditar nuestro álbum de 2000 ‘The good, the bad and the funky’ en vinilo de color para el Record Store Day.

Una curiosidad. ¿Por qué Talking Heads nunca incluyeron España en sus giras europeas?

Pues no tengo ni idea. Recuerdo que una vez nuestro agente británico, que era quien organizaba las giras, dijo que el público que asistía a los conciertos en España estaba “demasiado loco”. Pero sí tocamos en Italia y Grecia, así que… Creo que fue un gran error no tocar nunca en España.

En una célebre aparición del grupo en el programa televisivo ‘American Bandstand’, Tina dijo que el objetivo de Talking Heads era “dejar su huella en la historia de la música”. ¿En qué momento tuvieron conciencia de que habían alcanzado el objetivo?

Todos los artistas desean influir de manera duradera en otros artistas. Supongo que nuestra influencia en bandas de generaciones posteriores, como Radiohead, MGMT, Blur, Franz Ferdinand y Vampire Weekend, por citar algunas, es un buen indicador de que lo hemos conseguido. La gente sigue hablando de nosotros al cabo de 40 años.

En el libro no hace ninguna mención del proyecto ‘No talking, just head’, el disco que Jerry, Tina y usted publicaron en 1990 sin David Byrne bajo el nombre de The Heads. ¿Tan dolorosas fueron las malas críticas?

Aquel era un disco muy interesante, pero las reacciones que suscitó no fueron muy divertidas. David quiso demandarnos por usar el nombre The Heads, aunque al final lo dejó correr. En la grabación colaboraron grandes cantantes, pero la persona que elegimos para cantar en la gira, Johnette Napolitano [de Concrete Blonde], tenía en esos momentos serios problemas con las drogas y la bebida y aquello se convirtió en una pesadilla. No es un recuerdo agradable y preferí dejarlo fuera del libro y concentrarme en cosas más positivas.

Como su relación de casi 50 años con Tina.

Exacto.

Una pareja tan duradera en el mundo del rock’n’roll suena a criatura mitológica. ¿Cuál es su secreto?

¡Ah, esa es una gran pregunta! Supongo que soy un tío con suerte. Si no me hubiera cruzado con Tina en el otoño de 1971, mi vida habría sido muy diferente. Pero la conocí y le propuse montar una banda conmigo y, contra todo pronóstico, la cosa funcionó bastante bien. Creo que nuestro secreto es no solo dar amor sino ser también capaces de recibirlo. Nos respetamos el uno al otro y nos hacemos reír. Además, yo soy un gran cocinero, ¡y eso a Tina le encanta!

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La última pregunta es casi obligada. ¿Ha tenido alguna noticia de David Byrne después de la publicación del libro? ¿Alguna reacción?

Le pregunté si quería que le enviara un ejemplar antes de que saliera a la venta, pero me dijo que no lo iba a leer porque así, si alguien le preguntaba qué pensaba del libro, podía limitarse a decir que no lo había leído. Así es David. Adoro a ese tío.

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