NOVEDAD EDITORIAL

Delphine de Vigan: "Es imposible avanzar si creemos que no le debemos nada a nadie"

La autora de 'Nada se opone a la noche' publica 'Las gratitudes', una novela en la que resuenan las muertes de nuestros ancianos en las residencias

Delphine de Vigan, en el Instituto Francés de Barcelona.

Delphine de Vigan, en el Instituto Francés de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

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Cuando en el 2019 apareció 'Las gratitudes' (Anagrama / Edicions 62) en su edición original francesa, parte de la crítica le espetó a Delphine de Vigan aquella frase de André Gide según la cual “no se hace literatura con buenos sentimientos”. Después vino la pandemia, nuestros mayores empezaron a morir en las residencias y en relación a esta historia sobre una anciana de origen judío, Michka, que toma conciencia de que está abordando sus últimos días en un establecimiento de ese tipo, la consideración de Gide puede antojarse hoy superficial, e incluso un punto mezquina. Posiblemente, Gide se enfrentó a muchos problemas –mantenerse como buen burgués siendo homosexual no fue el menor- pero nadie le puede negar a De Vigan el sufrimiento por el suicidio de su madre bipolar como contó en la reveladora y aclamada ‘Nada se opone a la noche’.

También se le reprochó a la autora que utilizara en esta novela, como en la anterior ‘Las lealtades’ --con la que forma un díptico que con el tiempo podría convertirse en trilogía-, un lenguaje demasiado sencillo y despojado, sin caer en la cuenta de que en una historia en la que una mujer pierde la capacidad de expresarse ya que padece un tipo de afasia que la lleva a cambiar las palabras por otras inventadas e incomprensibles, esa sencillez es el estilo. “A mí me preocupa la reflexión sobre los sentimientos, sean estos buenos o malos  y no sé por qué debería prohibirme los buenos. Lo único que no me permitiría es caer en el sentimentalismo”, expresa la autora desde su domicilio y a través de videoconferencia.

Escondida de los nazis

“El tema de la gratitud siempre ha sido una de mis inquietudes, porque a pesar de que solemos decir gracias 20 o 30 veces al día, no es algo sencillo de ofrecer. La verdadera gratitud muchas veces viene acompañada de sentimientos encontrados: a veces no nos ha dado tiempo a expresarla y nos sentimos culpables, otras nos mostramos incómodos porque la gratitud tiene un componente formal que nos molesta”. La novela, de gratitudes cruzadas, se desarrolla a partir de monólogos y diálogos en los que participan una vecina amiga de la anciana, Marie, y el logopeda de esta, Jérôme, que logra que la mujer enuncie el deseo que ha arrastrado a lo largo de su vida:  agradecer al matrimonio que durante la Segunda Guerra Mundial se arriesgó a esconderla de niña frente a los nazis.

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En el aspecto más personal, esta novela ha supuesto para la autora una forma de agradecer a una persona que desempeñó un papel muy importante en su vida, su tía Monique que cuidó de ella y de su hermana de niñas, mientras su madre se encontraba interna en sanatorios ahogada en sus importantes crisis mentales. “Mi tía pasó los últimos días de su vida en una residencia y al final perdió el lenguaje pero no en la forma en la que lo hace Michka. De hecho el nombre es también un homenaje a ella pues cuando éramos niñas nos leía unos cuentos sobre un oso que se llamaba así. El resto, naturalmente, es ficción”.

La novela lleva a la autora a valorar la poca importancia en los aspectos sociales e institucionales que damos a nuestros ancianos. Pero lo hace a título individual porque en el libro no desea trasmitir un mensaje moralizante, que nunca ha sido el suyo. “No sé cómo estará la situación en España, pero en Francia la crisis sanitaria ha puesto en evidencia que en buena parte de las residencias privadas que gestionan grandes empresas la situación que prevalece es contraria al bienestar de los ancianos. La vida que llevamos hace que sea imposible tener a las personas dependientes en casa, la sociedad no está organizada para que esto ocurra y lo peor es que nos hemos dado cuenta de que falta una legislación que regule esta situación”. Y es que la gratitud, en cierta forma, una manera de contemplar a los demás, puede tener una dimensión cercana a la política: “Somos agradecidos si reconocemos que estamos en deuda con alguien y por lo tanto, una cierta vulnerabilidad. Y es que no se puede avanzar si nos creemos que no le debemos nada a nadie. Yo espero vivir en un mundo en el que seamos capaces de reconocer esto”.  

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