Periféricos y consumibles

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Daniel Remón, fotografiado en Madrid.

Daniel Remón, fotografiado en Madrid. / David Castro

Celia es maestra en un pueblo palentino. Por su experiencia con los cuentos leídos en clase, sabe que la lectura compartida es el momento más profundo, duradero y gratificante de cuantos se viven en el aula. La atención, el recogimiento, la proyección imaginativa, la vivencia psíquica y física son tales que “podría decirse que es una experiencia total”, me dice. Pienso en los cuentos y en su poder recién terminada la lectura de ´'Literatura', la novela de Daniel Remón, que resulta ser una sutil, emocionante y efectiva amalgama de cuento tradicional, ficción pura, autoficción, metaficción y el resto de variantes que han generado el yo, el ello, el superyó y el 'Pocoyo' cuando se han dado de bruces con la realidad a través de múltiples técnicas y formas narrativas, mezcladas y agitadas como en una buena telenovela, como en la vida misma, que tanto molestan a los 007 de la corrección literaria con licencia para matar (aunque sea de mentira).

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El niño Teo –los dos‒ marca la escaleta de su cuento. Le entrega al narrador ‒el real, el implícito, este, aquel y el otro‒ los hilos con los que debe urdir la trama y sus niveles de lectura: la realidad y la fantasía, la aventura y el tesoro inverosímil, lo cotidiano y lo exótico, los lugares conocidos (=la familia) y aquellos ignotos que aparecen en los mapas con la leyenda “Aquí hay dragones” (¿o caimanes?). De fondo, la insidiosa banda sonora del contagio, la enfermedad, la muerte; los compases del confinamiento y del temor; la partitura de lo incomprensible con restos de 'brownie' casero. Las ventanas abiertas me permiten escuchar otras músicas con ficciones que hacen vivir y que se hacen realidad: cuéntame un cuento de Celtas Cortos, la primera mentira de Silvio Rodríguez. Remón se convierte en Sherezade: sabe que viviremos eternamente en las historias, gracias a las historias, contra la historia (la individual, la de los padres muertos, la de la infancia perdida).

Daniel Remón es plagiarista y pariente lejano del mítico portero del Real Madrid de mi infancia. Y pariente cercano de Propp (con sus funciones y sus esferas de personajes) y de Campbell (con su héroe de las mil caras). Leo 'Literatura' y me acuerdo del poeta León Felipe, que sabía todos los cuentos, de Cifu y de un rey que metió a sus tres hijas en tres botijas, de Sherezade manteniendo el hilo narrativo que nos une y nos libra del miedo, de Silvio, que quería una princesa convertida en un dragón. De Celia, la maestra, leyendo a sus alumnos. Una voz infantil, terminada la lectura, le dice muy bajito: “Otro cuento, profe, porfa”.

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