Crítica

Xoel López, un sueño de normalidad en el Palau

El músico coruñés abrió el festival Guitar BCN con un concierto vivaz y bailable (sin pasarse), apostando por las voces corales y los ritmos afrolatinos de su nuevo álbum, 'Si mi rayo te alcanzara'

Xoel López, el viernes, en el concierto inaugural del festival Guitar BCN en el Palau de la Música.

Xoel López, el viernes, en el concierto inaugural del festival Guitar BCN en el Palau de la Música. / Ferran Sendra

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Hay ganas locas de tocar la normalidad, y si eso no es posible, al menos de simularlo, y lo que hace tan solo nueve meses se vivía como una experiencia traumática y deprimente ahora es un soplo de aire fresco: un concierto como el de Xoel López, el viernes en un Palau con sus mascarillas, sus geles y sus distancias. Música con condicionantes y líneas rojas, pero música, al fin y al cabo, para disfrutar y compartir, envuelta en cierta nostalgia de lo que en otro tiempo tuvimos.

El Guitar BCN adjudicó a Xoel López la misión de encender la mecha, y fue una elección oportuna: este músico tiende a cierta vivacidad pop, a las metáforas que despejan nubarrones y a las tramas rítmicas promiscuas, proyección de sus cinco años en Buenos Aires y de su sensibilidad por las músicas populares de las Américas. Después de tres álbumes con los que volvió a empezar, dejando atrás su etapa como Deluxe, el músico gallego ha entregado 'Si mi rayo te alcanzara', un disco en el que se las apaña para formular un cancionero caliente sin recurrir demasiado a la cuerda pulsada y haciéndolo reposar, sobre todo, en los teclados electrónicos y en las combinaciones de voces. Hay un humanismo muy del momento en esa inclinación por las armonías corales, un ingrediente que facilitó algunos de los momentos más expansivos del pase en el Palau.

Tres teclistas, cinco voces 

Con esa combinación de sintetizadores y capas vocales no es que Xoel López se situara en una vanguardia a lo Holly Herndon, pero procuró una textura original que se hizo notar en piezas de estreno como 'Pez globo' (vaporosa y de tacto electrónico; la favorita de su autor, según afirmó), la explícita y agitada 'Dancehall' o 'La espina de la flor en tu costado'. El formato de banda era concluyente, con tres teclistas, un percusionista y la voz frondosa de Elena Teyou. Los cinco cantaban (tres de ellos, mujeres), propulsando los estribillos con fuerza y luciendo un amplio rango cromático. Las percusiones jugaron otro papel destacado, pilotando quiebros agudos (la coda de 'El destello', con vistas al Brasil) y suministrando ocasionales pellizcos afrolatinos.

En esa arquitectura singular, Xoel López podría haber perdido protagonismo, pero no dejó de centrar la foto ofreciéndose más como vocalista desenvuelto que como trovador (solo se acompañó de la guitarra en unos pocos temas) y deslizando ese canto sentido, entre la emotividad de un Luis Pastor y los rizos de un Jeff Buckley, que puede crear anticuerpos pero que es muy celebrado por sus seguidores. Con todo, compartió el foco con Teyou (que se lució en 'Catarata', canción que en el disco cuenta con la guatemalteca Gaby Moreno) y con las dos otras voces femeninas, las también teclistas Ede y Alice Wonder.

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Xoel López demostró resolución e imaginación en su modo de moldear el objeto canción, aunque no todas sus composiciones dispongan de un núcleo melódico revelador (la balada 'Joana' resultó hinchada), y a pesar de algunas rimas un poco desconcertantes ("como un caballero trágico / no eres nada sin tu polvo mágico"). Pero en el Palau nos agarramos a él como en una celebración de la vida, tanto en los rescates de canciones antiguas ('Tierra', 'Lodo', la muy folk 'A serea e o mariñeiro') como en las nuevas, incluyendo ese 'Tigre de Bengala' que puso en danza (sin pasarse) al Palau en el bis. Los condicionantes horarios no dieron para más. "Pero esto no va a quedar así: volveremos".