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‘Las leyes de la frontera’, verano del 78 en la Girona marginal

Imagen promocional de ’Las leyes de la frontera’

Imagen promocional de ’Las leyes de la frontera’

  •  El director Daniel Monzón ha rodado durante los meses de pandemia la versión cinematográfia de la novela de Javier Cercas

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Daniel Monzón no recuerda quién le regaló la novela de Javier Cercas 'Las leyes de la frontera', pero sí tiene una imagen muy clara de cómo se obsesionó con llevarla al cine desde el momento en que comenzó a leerla. Le golpeó de alguna manera, le trasladó a su infancia con diez años cuando vivía en Valencia en una zona donde, si miraba por el balcón, veía un descampado donde estaban los quinquis de su barrio. Se cruzaba muchas veces con ellos, sentía miedo, pero al mismo tiempo una extraña fascinación: la de vivir al margen de las convenciones sociales. 

Ese fue el germen de su adaptación de 'Las leyes de la frontera', que ha escrito junto a su colaborador habitual, Jorge Guerricaechevarría, está producida por Atresmedia Cine, Ikiru Films y La Terraza Films, será distribuida por Warner Bros España y fue rodada en tiempos de pandemia, de agosto a noviembre. 

Visitamos al director en su centro de operaciones, donde se encuentra montando la película junto a Mapa Pastor. Desde la escalera se escucha una canción que parece adentrarnos en otro universo. Son los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, la banda que ha acuñado el término "quinquidelia" para definir su música y que se encarga de la banda sonora de la película. «Quería que tuviera un aroma musical, que hubiera un tema emblema como el 'Me quedo contigo' de Los Chunguitos en 'Deprisa, deprisa'», dice Daniel Monzón. 

'Las leyes de la frontera' cuenta la historia del Nacho, la Tere y el Zarco en el verano de 1978. El primero es un estudiante introvertido de 17 años que vive en Girona y conoce en unos recreativos a dos jóvenes delincuentes del barrio chino de la ciudad que lo integrarán en su espiral de hurtos, robos y atracos. «Es una película romántica en todos los aspectos, ya que recuerda aquellos tiempos desde esa perspectiva, la de aquellos forajidos de leyenda que eran los quinquis, pero contada desde el presente, desde el recuerdo del protagonista, que en ese momento era un adolescente que lo que quería era gritar, correr, follar, bailar y saltarse los códigos », continúa Monzón. 

Reconstrucción histórica

Mientras hablamos, en la sala de montaje vemos una de las escenas sobre las que está trabajando Pastor, una espectacular persecución de coches por unas callejuelas estrechas que recuerda a las que filmó en su momento de José Antonio de la Loma, pero en este caso en versión estilizada. Monzón reconoce que se trata de una reconstrucción histórica. El cine quinqui, tal como se hizo en los 80, resulta imposible de reproducir porque es hijo de su tiempo. Pero sí que ha intentado que el reparto estuviera repleto de frescura y de caras nuevas. A Nacho el Gafitas lo interpreta Marcos Ruíz (era el niño de 'Felices 140'), Tere es Begoña Vargas, que se convirtió en una auténtica revelación en 'Malasaña 32', y el Zarco, Chechu Salgado. El resto de la banda lo sacó haciendo muchos cástings en arrabales: el Piernas, el Chino, el Drácula, el Guille, el Gordo y la Quina. 

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Cuando ya estaba todo listo para empezar a rodar, la producción, que no tiene aún fecha de estreno, tuvo que pararse por la pandemia, pero el proceso de confinamiento sirvió para que todos los jóvenes intérpretes hicieran piña entre ellos. «Hacíamos reuniones de zoom, les enviaba películas de la época, música, noticias, les hice un diccionario de términos y, sobre todo, les pedí que no se cortaran el pelo, así que poco a poco se fueron convirtiendo en neoquinquis». 

La película ha sido rodada en diversas localidades catalanas, principalmente en Girona, aunque el trabajo de reconstrucción ha sido arduo. «Los barrios lumpen han sido reconvertidos, todos los espacios que tenían un alma rebelde han sido aplanados por máquinas alisadoras para convertirlos en zonas domesticadas. Todo lo que tenía un componente más libre y salvaje, ha intentado ser acallado y silenciado».