Crítica de teatro

'El bon policia', divertido 'ménage à deux'

Ricard Farré y Arnau Puig interpretan todos los personajes de la obra de Santiago Rusiñol en el Maldà

Los actores Oriol Puig (izquierda) y Ricard Farré en un momento de ’El bon policia’.

Los actores Oriol Puig (izquierda) y Ricard Farré en un momento de ’El bon policia’. / Inma Quesada

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El Teatre Maldà, tan pequeño en dimensiones como grande en ambición, ofrece una singular versión de 'El bon policia' de Santiago Rusiñol protagonizada por solo dos actores. Ricard Farré y Arnau Puig se transforman todos los personajes en esta comprimida adaptación llena de guiños a la actualidad que hace reír de lo lindo. Esta comedia de enredo que se burla de las fuerzas de seguridad resuena al público desde el principio al descubrir que su protagonista, un hombre viudo y con hijos, ingresa en "el cuerpo" tras seis meses buscando un trabajo sólo para alimentar a su prole. Aplauso para la gracia con la que Ricard Farré y Arnau Puig cuentan la historia encarnando todos los personajes del auca, utilizando una versátil pared llena de recursos que permiten tanto cambiar de espacio como de rol, con ligeros cambios de vestuario. Puro teatro.

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Los actores no se cortan e interpelan directamente al público en determinados momentos. Hay desde referencias a los políticos presos del 1-0 como a Julio Iglesias. Los intérpretes sacan punta a todo lo que pueden empezando por esa extraña pareja formada por Anton (Arnau Puig) y Josep (Ricard Farré). Este último también brilla como Paula, la vecina metomentodo dispuesta a descubrir la relación homosexual de ambos protagonistas y Puig borda el rol del comisario, un sabueso de la vieja guardia. Delicioso Rusiñol de pequeño formato que sorprende con una ingeniosa puesta en escena alejada de los despliegues vistos en el TNC con 'Els Jocs Florals de Canprosa' y 'L' hèroe'.

Hace unos años Ricard Farré se lanzó a un ejercicio de fregolismo con 'Les dones sàvies', de Molière, una obra adaptada de manera ingeniosa junto a Enric Cambray, estrenada también en el coqueto Maldà. En este nuevo desafío teatral se nota la experiencia adquirida con aquel 'tour de force'.