HOTEL CADOGAN

Brideshead, el eterno retorno

Viena Edicions publica en catalán la mítica novela de Evelyn Waugh en traducción de Xavier Pàmies

Jeremy Irons y Anthony Andrews, en ’Retorno a Brideshead’.

Jeremy Irons y Anthony Andrews, en ’Retorno a Brideshead’. / El Periódico

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Nuestro venerable Hotel Cadogan, estacado en el cogollo de Londres, a medio camino entre el lujo de Knightsbridge y la bohemia de Chelsea, ha terminado por convertírsenos en un pasillo de comedia, donde cada cual entra y sale a su antojo, como Peter por su casa, sobre todo los espectros y otras criaturas inmortales. Aunque el trasiego de gente nos lleva por los rastrojos, no es menos cierto que nos entretiene, y cuánto: sarna gustosa. Ayer mismo, nos encontrábamos enfrascados en los preparativos del té, untando mantequilla generosa en el pan para los sándwiches de berros —¿cómo traducir la mordida crujiente del 'watercress'?—, cuando invadieron la cocina con sus voces el señorito, Sebastian Flyte, y uno de sus amiguitos de Oxford, Charles Ryder, quien empujaba la silla de ruedas. Entraron los dos con la alegría de una brisa juguetona, arrastrando consigo un perfume de melocotones y césped caliente. ¿Que quiénes son este par? Pónganle al primero, a lord Sebastian, la cara del actor Anthony Andrews (y un osito de peluche en la mano, Aloysius), y al segundo, el atractivo rostro de Jeremy Irons para que de inmediato se abra la cancela del pasado de par en par: bienvenidos de vuelta a 'Retorno a Brideshead', la magnífica serie británica que nos embelesó a principios de los 80, cuando Netflix no aparecía ni en la bola de cristal. La campiña inglesa, la burbuja del periodo de entreguerras, una familia —aristocrática, excéntrica y católica— en proceso de acelerada descomposición, y el peso de la culpa.¿Recuerdan?

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Irrumpieron en la cocina, decíamos, Sebastian y Charles, enamorados como pingüinos, para participarnos de una noticia bomba, que Viena Edicions acaba de publicar en catalán la mítica novela de Evelyn Waugh, en nueva traducción de Xavier Pàmies. Los muchachos, claro está, quisieron celebrarlo con fresas recién cogidas del jardín y vino blanco Château Lafaurie-Peyraguey, que las clases ociosas y noveleras son una panda de 'snobs'. ¿Qué más da? Después de todo, bienamado lector, lo mejor de la vida es un verano de juventud atrapado en el ámbar de la memoria.'Et in Arcadia ego'.

¿Cómo es posible sentir nostalgia por una época que no se vivió, por un paisaje nunca hollado? De eso se encarga la brujería de la buena literatura. 'Retorn a Brideshead' ensalza el amor entre hombres, el amor entre hombres y mujeres, la centralidad de la belleza en la existencia de los atribulados humanos. ¿Acaso hay algo más? ''What else''?, como dicen en el anuncio del café.