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Joyce Carol Oates: "Debemos olvidar el nombre del anterior presidente"

  • Importante figura de la literatura norteamericana, la escritora recibe de forma virtual el Premio Pepe Carvalho

  • Autora de obras como 'Qué fue de los Mulvaney' 'Un libro de mártires americanos' y 'Blonde' publica su última novela, 'Delatora' 

Anna Guitart entrevista a la autora norteamericana Joyce Carol Oates en ocasión del Premio Carvalho.

Anna Guitart entrevista a la autora norteamericana Joyce Carol Oates en ocasión del Premio Carvalho. / JORDI OTIX

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En el plano y desde una pantalla, la grandísima Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938) habla de su obra, su cocina literaria y sus inquietudes sociales y políticas en su casa rural a la afueras de Princeton, la universidad donde sigue dando clases. El contraplano no puede ser más paradójico: el histórico Saló de Cent del Ajuntament de Barcelona donde sin público, pandemia obliga, se la ha distinguido con el Premio Pepe Carvalho dentro de este festival BCNegra necesariamente virtual.

Y ahí está ella, a sus 82 años, con ese aspecto quebradizo y frágil como de espectro romántico, al que pronto se le detecta una voluntad de hierro abordando los temas más espinosos: la violencia, la violación, el incesto y el canibalismo, amén de sus historias familiares concebidas como un infierno (acaba de publicar ‘Delatora’, en Alfaguara) y sus características tramas neogóticas. Y todo ello elaborado sin un minuto de descanso porque la marca de la casa Oates es su hiperactividad estilo conejito Duracel: más de 180 obras entre novelas –la mayoría supera las 500 páginas- relatos, poesía, ensayo (buenísimo, su libro sobre el boxeo), teatro y libros infantiles, amén de sus críticas literarias. Podría haberse sentido sorprendida de que se le concediera un galardón que la sitúa en el estrecho nicho de la novela negra –un lugar que le queda muy pequeño a esta autora difícil de clasificar- pero como es una señora y tampoco debe ser un tema que le quite el sueño se dedicó a contestar con generosidad y complicidad a la periodista Anna Guitart.

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Allí volvió a definirse a ella misma como “transparente como un vaso de agua” y si no se hubieran leído sus novelas amasadas a partir de tremendos conflictos psicológicos con una mirada como la de un forense se podría creer lo que mantiene. Que es una mujer sin “una personalidad fuerte”. No hay que dejarse engañar. Cuando estaba cerca de cumplir 80 años y Trump subió sorpresivamente al poder, se convirtió en una líder de opinión contra el populismo y a favor de los derechos de las mujeres gracias a Twitter, con más de 200.000 seguidores. “Yo estaba allí para echarme unas risas porque me divertían algunos comentarios surrealistas de algunos cómicos. Pero la llegada de Trump lo cambió todo. Twitter se convirtió en un arma contra el establishment, un cataclismo revolucionario y popular con el que poder denunciar, por ejemplo, la brutalidad de la policía”, cuenta y parece natural que diga que ahora con Biden en el poder espera “no tener que mencionar jamás al anterior presidente”. “Debemos olvidar su nombre”. De lo que no se quiere olvidar es de la vieja moralidad de los antiguos liberales “que entendían los derechos de las minorías en un país capitalista como la educación para todos y la ampliación de los derechos civiles para todos”.

Hay muchas cosas que algunos detractores de Oates no le perdonan. Que escriba demasiado, ya se ha dicho. Que sea truculenta –“Yo creo que la violencia es inherente a la naturaleza humana. Para mí la violencia no es algo abstracto. El crimen es la violación del tejido social y el arte se basa en el conflicto”, asegura. Que se dedique a mostrar esos aspectos incómodos porque es mujer: “Por suerte eso ha cambiado, tenemos mujeres que escriben literatura étnica, gay y sobre delincuencia. A mí me criticaron, particularmente, porque mostré la violación desde el punto de vista de la víctima”. Pero cómo no hacerlo si lo que a ella le interesa son las personas. “Escribo sobre la facilidad de adaptación de las personas, aunque la brecha informática haga cada vez más difícil que la gente pobre no se extinga al no poder sortearla".

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