Agria controversia

Regreso a la Feria de Fráncfort de 2007 con Marsé, Ruiz Zafón y Benet i Jornet

  Josep Maria Benet i Jornet, en el Palau, en el 2013, en ocasión de la concesión de su Premi d’Honor de les Lletres Catalanes

Josep Maria Benet i Jornet, en el Palau, en el 2013, en ocasión de la concesión de su Premi d’Honor de les Lletres Catalanes / Albert Bertrán

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A Juan Marsé, Carlos Ruiz Zafón y Josep Maria Benet i Jornet quizá no los hubiéramos encontrado en vida en buena compañía tomando copas pero algunas cosas sí tienen en común además de haber fallecido en el infausto 2020. Los tres fueron chicos de barrio, vinculados a una Barcelona brumosa y triste que ya no existe, y los tres se convirtieron en cronistas de la ciudad, aunque Zafón lo hiciera en clave más comercial y fantasmagórica.

Ahora, en estas fechas de intensidad preelectoral, acaban de verse implicados póstumamente en la última polémica sobre quién tiene derecho a llamarse escritor catalán. Una de esas cuestiones que reaparecen cada cierto tiempo y que alcanzó su cénit con la presencia catalana en la feria de Fráncfort en 2007 respecto a lo que es y no es literatura catalana: la que está escrita en este idioma o la que también se produce en esta geografía.

La chispa saltó el pasado martes de un ruego de Ciudadanos en una comisión del Ayuntamiento de Barcelona sobre la posibilidad de dedicarle un homenaje a Marsé y a Ruiz Zafón, una petición digamos contaminada por una intencionalidad política. En la respuesta a ese ruego, cuyo procedimiento habitual supone una aceptación o no, Joan Subirats, teniente de alcaldía de Cultura, aprovechó para anunciar que ya se estaba trabajando en ese tema. La tercera carambola llegó por Twitter, donde la hija de Benet i Jornet, quizá con escasa etiqueta, afeó al consistorio la ausencia de su padre fallecido el pasado año haciendo hincapié en la presencia de dos autores catalanes de expresión castellana. Horas después el consistorio anunciaba que también dedicaría un homenaje al dramaturgo.

Honores para todos

“Hemos tenido contacto con las editoriales de ambos escritores y en el caso de Marsé la alcaldesa y yo hablamos directamente con su hija Berta, en el funeral del escritor, sobre la posibilidad de rendirle homenaje”, explica Subirats a quien le interesa señalar que el hecho de que estén organizando estos dos reconocimientos no implica que no trabajen en el de otros autores. “No hay problema por nuestra parte. No estamos diciendo que unos sí y otros no”. En el caso de Benet i Jornet, su ‘barcelonidad’ está profundamente acreditada. Habitó y llevó a sus obras una geografía popular entre Sant Antoni y la Rambla -la misma de Vázquez Montalbán, Maruja Torres, Terenci Moix y, lo que son las cosas, el propio Subirats-.

El escritor Juan Marsé, en un céntrico restaurante barcelónes.

/ Joan Puig

Antes de este episodio, el pasado diciembre, hubo una petición de homenaje a Marsé y Zafón por parte de Ciudadanos en la comisión de Cultura del Parlament que el pasado diciembre no progresó por la oposición de ERC y JxCat. Jenn Díaz, escritora bilingüe y diputada de ERC, acusó al partido naranja de “hacer política con nombres y apellidos”.   

Factores idiomáticos y políticos

El tema de qué es la literatura catalana se transforma con los diferentes puntos de vista y se abre a un debate difícil que tiene en cuenta los factores idiomáticos y, en ocasiones en mucha mayor medida, los políticos. Laura Borràs, que además de candidata a presidenta de la Generalitat es, como es sabido, filóloga, zanjó por Twitter esta enésima irrupción del debate apoyando la idea de que no existe la literatura catalana en castellano. Discutible. Domingo Ródenas de Moya, catedrático de Filología en la Pompeu Fabra, le da la razón a Borràs solo en la medida en que ‘catalán’ supone un adjetivo idiomático. “En ese aspecto no hay discusión -explica-, pero las cosas no son tan sencillas porque Catalunya es, se quiera o no, un territorio bilingüe. Quizá lo ha sido históricamente por imposición, pero eso no invalida lo que es una realidad. El debate adquiere complejidad con la pregunta de dónde colocamos la obra en catalán de autores como Vázquez Montalbán o Mendoza”. Y recuerda que la historia viene de lejos, de los tiempos de Juan Boscán (o Joan Boscà), uno de los grandes poetas renacentistas de la lengua castellana que nació, vivió y murió en la Catalunya del siglo XVI.

 Carlos Ruiz Zafón en la presentación de 'El laberinto de los espíritus'.

/ Joan Cortadellas

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Racanería local

Sea como fuere, la idea de lo que es o no catalán en literatura ha funcionado siempre como un reactivo en esta concepción política líquida en la que nos encontramos. Sirve para detectar donde se encuentran las personas que los citan porque los autores no son leídos y apreciados por sus obras sino más bien utilizados a modo de proyectiles. Jugando a ese juego, la propia Carlota Benet tuvo que admitir que a su padre no le han faltado los reconocimientos (la Creu de Sant Jordi o el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes). “Ha sido abundantemente premiado y de hecho, la profesión tanto catalana como castellana lo ha tratado bastante bien”, reconoció. ¿Ocurrió algo parecido con Juan Marsé? No, ni por asomo. Marsé fue reconocido localmente apenas con la medalla de oro al mérito cultural del Ayuntamiento de Barcelona (2002) frente a diversos premios internacionales o el Cervantes. Andreu Jaume, editor del autor, cree que bajo la consideración “escolar” de lo que se considera o no literatura catalana se esconde “un desprecio institucional desde los tiempos de Pujol por la literatura en castellano escrita en Catalunya, con nombres como Marsé, Gil de Biedma o Barral. Hay una miseria moral en el hecho de no reconocer esta riqueza cultural”.