Entrevista

Emma Riverola: "El 'procés' ha hecho que mucha gente se replantee su lugar en Catalunya"

  • La escritora se estrena en la literatura en catalán con 'Sal'

La escritora Emma Riverola, esta semana.

La escritora Emma Riverola, esta semana. / Jordi Cotrina

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La escritora y columnista de EL PERIÓDICO Emma Riverola debuta en la literatura en catalán con 'Sal' (Edicions 62), supuesta novela negra con varias capas de lectura. Porque, sí, hay de fondo un antiguo y reconocible conflicto medioambiental, no en balde es tan alto como el Tibidabo, pero ni mucho menos solo eso.

-En 'Sal' se come bastante. ¿Le inspiró Vázquez Montalbán?

-No. Soy absolutamente ecléctica con las lecturas y no sé si nada me influye o si todo me influye. Cuando empiezo un libro no pienso en nadie y tampoco en el género. Esta novela se ha etiquetado como negra pero yo no pensé en escribir una novela negra.

-La comida ayuda a establecer una complicidad entre Manuel y Núria, dos personajes entre los que saltan chispas de lo mucho que en el fondo se parecen. En concreto la comida de sus familias emigradas a Catalunya.

-De algún modo todo el 'procés' me ha hecho pensar en cosas que no había pensado antes. En el peso del pasado, por ejemplo, en cómo me ha influido o no en el lenguaje, en la manera de comunicarme... Y la comida familiar, que es algo tan íntimo, también acaba formando una identidad. Quería reflexionar sobre esas raíces y sobre cómo en Catalunya quizá se vive diferente si tienes raíces en la inmigración, quizá interpretas la vida y la política de una manera diferente. La palabra charnego, que habíamos desterrado prácticamente, ha vuelto. Hay cierta reivindicación de charneguismo y creo que eso es bueno porque los catalanes estamos formados por un aluvión de muchas cosas.

-¿A qué atribuye un fenómeno como la reivindicación del charneguismo?

-Había una integración, y sobre todo había una posibilidad de integración. Mi padre y mi madre nacieron aquí pero venían de familias del resto de España y en mi casa se hablaba castellano. A los 14 años yo empecé a hablar catalán, y para mí era un paso dificultoso, las lenguas se me dan fatal, pero era un orgullo, me hacía ilusión, me gustaba. Pero creo que en estos últimos diez años con todo el tema identitario ha habido radicalidad, y en esa evidente polarización también ha habido algunos que parecía que repartían carnets de catalanidad. Eso ha hecho que muchas personas se hayan replanteado su lugar en Catalunya.

Está claro que ha habido, bueno, un excelente trabajo de relaciones públicas de una empresa y que gobiernos de todos los colores han ayudado a dicha empresa

-¿Cómo se produce la potasa?

-La potasa se extrae de la tierra y el residuo es sal básicamente. Tres o cuatro toneladas de sal por tonelada de potasa. En el Bages hay minas de potasa desde hace mucho y también los problemas de la salinización que produce vienen de lejos. Ya en los años 20 del siglo pasado una empresaria textil denunció que las turbinas de la fábrica se le estropeaban por culpa de la salinidad del agua causada por las minas de potasa. Es el conflicto ambiental más antiguo de Catalunya.

-Todos sabemos de qué empresa habla, pero no la nombra. ¿Por qué?

-Es que solamente hay esta. Es un tema que me interesa desde hace años. Ha habido mil problemas y ha pasado por todos los tribunales. Me apetecía utilizarlo. Cuando llegó el momento de ponerme a escribir sobre ello pensé: ¿hago una investigación periodística? Y no me vi capaz porque no soy periodista de profesión. Decidí utilizarlo como escenario de la novela y necesitaba sacar su nombre de la historia porque quería tener libertad. Es evidente de qué hablo, pero a partir de ahí el caso en sí y las personas compradas son ficción. Yo me quería liberar. No puedo denunciar algo que no he investigado. La información es pública y está ahí, eso sí.

-O sea que la trama de corrupción es fabulada.

-Exacto. Pero está claro que ha habido, bueno, un excelente trabajo de relaciones públicas de una empresa y que gobiernos de todos los colores han ayudado a dicha empresa.

-¿Visitó La Botjosa, la antigua colonia de la mina de potasa?

-Sí. Da la sensación de que estás en un no lugar. Está, no entre la gran montaña de sal, alta como el Tibidabo, pero sí entre una pequeña montaña de sal y la autovía. Las calles son anchas y las casas pequeñas. Hubo una época en que hubo vida y había una escuela, un economato... Pero todo eso se cerró y ahora queda poca gente. Gente de entonces, muy mayor, y algunos nietos que con la crisis regresaron. En 'Sal' esas personas son como un símbolo.

La lucha ambiental es al fin y al cabo un tema de justicia social. Se les está contaminando la tierra a los pobres y condenando a la muerte

-¿De qué?

-De tanta gente que fue utilizada en un momento y dejada después en un margen. Para mí es una novela de la gente que en un momento dado, sobre todo con la crisis económica, fue orillada por el mercado y también de la gente que vino, ayudó a construir un país y emocionalmente se la dejó en la frontera.

-También es una novela de lucha de clases.  

-O de justicia social. Antes se decía 'la tierra para quien la trabaja' y ahora es la tierra contaminada la del pobre. Esto pasa en todo el mundo. La lucha ambiental es al fin y al cabo un tema de justicia social. Se les está contaminando la tierra a los pobres y condenando a la muerte. En la Catalunya 'rica y plena' también pasa.

-Y también es una novela crepuscular de una era del periodismo.

-Una forma de periodismo ha muerto desde el momento en que no hay masas de personas pagando por la prensa, no hay montones de publicidad, no hay empresas independientes que ganen dinero a espuertas como pasaba hace 20 o 30 años. Eso permitía hacer un periodismo distinto. Pero no soy catastrofista: hay muchos periodistas empeñados en hacer periodismo.

-De hecho internet salva la papeleta en la novela.

-Genera nuevas oportunidades. Estamos en un momento de cambio, una cosa está muriendo y otra cosa está naciendo, pero es evidente que hay oportunidades y estas en el futuro acabarán dibujando un nuevo periodismo. Porque el periodismo no morirá: es imprescindible. Se necesita la fiscalización del poder y ya está.

No es desde el purismo y el castillo como se va a defender el catalán

-Último también: 'Sal' también es una oda a la amistad.

Total. Por eso me cuesta aceptar la etiqueta de novela negra, para mí es muy emotiva. Es una novela de perdedores, de tantísima gente que vivió para el trabajo porque era una vocación y que ha sido apartada. Entonces dicen: ¿qué me queda? Pues te queda mucho. Te queda la amistad o el amor, cosas a las que a veces no se les da mucho valor. Al final la novela es la unión de los de siempre, una unión que les hace fuertes. Tanto, que igual pueden incluso cambiar las cosas.

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-¿Por qué en catalán?

-Me apetecía hacía tiempo pero era un no me atrevo. Me daba mucho respeto. A ese punto personal se añade un punto de reivindicación de la normalidad. El catalán ha sido atacado, también por un Gobierno central que muchas veces desprecia las lenguas que no son el castellano. Recordemos a Wert. Y durante el 'procés' ciertos individuos han querido utilizar el catalán como un elemento más de combate, creando una cierta percepción de que algunos símbolos y el catalán se tienen que identificar con una ideología, y de que el castellano es la lengua de los colonos. Mientras que a mí me parece que defender el catalán es hacer que pasen tantas cosas como sea posible en catalán. Me costó atreverme porque pensaba que quizá no utilizaría ese catalán tan puro y que se reconoce tanto. Pero no es desde el purismo y el castillo como se va a defender el catalán.