A los 69 años

La muerte de Sylvain Sylvain deja a los New York Dolls al borde de la extinción

  • El guitarrista es el quinto miembro de la banda que fallece

  • Ya solo queda el cantante, David Johansen, del grupo que en los primeros años 70 hizo de puente entre los Stones y el punk

Sylvain Sylvain, en una actuación de la última etapa de los New York Dolls, en Londres, en 2009.

Sylvain Sylvain, en una actuación de la última etapa de los New York Dolls, en Londres, en 2009. / Getty

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A lo largo de la década de 1970, en concreto desde 1974, un adolescente llamado Steven Morrissey se hizo un pequeño nombre con el bombardeo de cartas al que sometió a la prensa musical británica, entonces un poder supremo que regía con mano caprichosa el mundo de la música popular moderna. A las misivas siguieron pequeñas críticas de conciertos. Unas y otras eran incisivas e iban bastante a contracorriente. Los New York Dolls tuvieron en esos textos remitidos desde Kings Road, Stretford, Mánchester a uno de sus mejores paladines, no en balde el firmante era el presidente del club de fans británico del grupo.

Steven Morrissey sería ya en los años 80 solo Morrissey, el cabecilla de los Smiths. Morrissey comisarió en 2004 el festival Meltdown. Su gran apuesta fue, por supuesto, organizar una reunión de los New York Dolls, de los que sobrevivían David Johansen (cantante), Sylvain Sylvain (uno de los dos guitarristas) y Arthur Kane (bajista). La actuación fue un éxito, pero menos de un mes después Kane murió de leucemia. Johansen y Sylvain decidieron que ya que se había regalado a la banda una segunda vida iban a aprovecharla pese al jarro de agua fría, y esta reencarnación más que demediada de los Dolls funcionó en escenarios y discográficamente hasta 2011.

Un sol de alegría

Los New York Dolls resucitados actuaron en el festival Azkena Rock de Vitoria en septiembre de 2004. La broma que circulaba entre la afición, muestra del escepticismo que generan las exhumaciones de conjuntos sagrados, era: los New York Dos. Escepticismo infundado por una vez: la banda ofreció un pase arrollador y divertidísimo. A un repertorio inmortal (con reseñable aportación de Sylvain) se añadieron la saludable ironía de Johansen respecto de su personaje y la alegría que irradiaba Sylvain, el hombre más feliz del mundo esa noche. No era para menos: tras 30 años, volvía a ser una estrella del rock and roll.

Este viernes trascendió la muerte de Sylvain como consecuencia de un cáncer el 13 de enero, a los 69 años. Ya solo queda con vida de los New York Dolls Johansen, que se despidió de su camarada en términos muy del grupo: «Te voy a echar de menos, viejo colega. Mantendré los fuegos de casa ardiendo. Au revoir, Syl, mon vieux copain». Serían los Dolls unos pendones desorejados, travestida carne de tugurio, pero a su manera siempre les gustaron el glamur y el champán, sin olvidar que si en una ciudad se les amó fue en París.

El baile de los New York Dolls con la parca empezó pronto. Billy Murcia, el primer batería de la banda, oriundo de Bogotá, falleció en un sórdido episodio drogota en 1972. Tenía 21 años recién cumplidos y el grupo aún no había grabado su primer álbum. El siguiente fue el guitarrista Johnny Thunders, yonqui ilustre que se fue en 1991. En 1992 le tocó a Jerry Nolan, el sustituto de Murcia. Luego fue Kane y ahora Sylvain.

Judío de El Cairo

Sylvain Mizrahi nació en El Cairo en 1951, en el seno de una familia judía que emigró primero a Francia y después a Nueva York (los Dolls eran exóticos hasta en el origen de sus miembros). Con los New York Dolls grabó los dos únicos elepés del conjunto en su primera vida, el homónimo debut (1973) y 'Too much too soon' ('Demasiado demasiado pronto', 1974). El título del segundo suele utilizarse como epitafio de la banda y no por ser un lugar común deja de ser una interpretación acertada. 

Eslabón perdido entre los Rolling Stones y los Sex Pistols, los Dolls fueron como buenos visionarios demasiado dionisiacos, demasiado ruidosos, demasiado sucios, demasiado gamberros y en general demasiado pasados antes de tiempo. En consecuencia, no se comieron un rosco en términos comerciales (aunque influyentes críticos musicales se pusieron a sus pies). Y eso pese a estar en un sello discográfico importante (Mercury Records) y contar como productores con Todd Rungren ('New York Dolls') y George 'Shadow' Morton ('Too much too soon'), el hombre que hizo de las Shangri-Las el más inquietante de los 'girl groups' de la década de 1960, un episodio adorado por los Dolls, que también tenían un gran corazón pop. Thunders (mayormente solista) y Sylvain (mayomente rítmica) formaron uno de los grandes tándems guitarrísticos de la historia del rock and roll (no hablamos de técnica sino de capacidad de ex-ci-ta-ción; en este sentido eran dos fenomenales dinamos humanas) en los dos gozosos motines que dejaron como legado discográfico los Dolls.

Glam barriobajero

En el plano estético tampoco el mundo estaba preparado para ellos. Tan lejos de la androginia de David Bowie como de los machotes disfraces de The Sweet o Gary Glitter, los dos extremos británicos, los Dolls acuñaron una idea barriobajera del glam. Parecían el grupo de un burdel.

De izquierda a derecha, Arthur Kane, Sylvain Sylvain, David Johansen, Johnny Thunders y Jerry Nolan, en la portada de 'New York Dolls'.

/ El Periódico

Tras los dos chascos discográficos, los Dolls se pusieron en manos de Malcolm McLaren, futuro mánager de los Sex Pistols, a quien no se le ocurrió nada mejor para terminar de hundir al grupo que vestirlo de cuero rojo y hacerlo actuar delante de una enorme bandera de la URSS. Fin de la historia.  

Thunders y Nolan formaron entonces los Heartbreakers, quizá los tipos de aspecto más patibulario que jamás han pisado un escenario y la banda que corrompió a los pipiolos del punk londinense, mientras que Sylvain se quedó al lado de Johansen en los inicios de la carrera en solitario de este.

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En 1980 el guitarrista editó 'Sylvain Sylvain', reluciente disco de rock and roll con alma superpop que le deparó dos 'semihits', 'Teenage news' y 'What’s that got to do with rock’n’roll'. La abundancia de ganchos irresistibles en el álbum en general y en esas dos canciones en particular realza la figura del artista como compositor. A este festín le siguió en 1981 'Syl Sylvain and The Teardrops', aún más pegadizo y con 'Just one kiss' como estandarte. Pero nada. No era momento para los chicos malos y tiernos.

Sylvain pasó a esa zona de sombra en la que no se sabe cómo sobreviven las leyendas menores (aunque los 'royalties' de una banda revalorizada como los Dolls deben ayudar). De ahí que resplandeciera como un sol de entusiasmo en Vitoria.  

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