Maternidad y películas

Partos de cine: magia, tragedia y pesadilla

  • 'Fragmentos de una mujer' incluye un plano secuencia de media hora que nos abre las puertas a la intimidad de un parto natural en casa

  • El momento del alumbramiento se ha situado en el centro del relato cinematográfico en pocas pero poderosas ocasiones

Mia Farrow, en ’La semilla del diablo’.

Mia Farrow, en ’La semilla del diablo’. / El Periódico

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En 'Fragmentos de una mujer' (en Netflix) se incluye un plano secuencia de media hora que nos abre las puertas a la intimidad de un parto natural en casa. Es, sin duda, el momento más impactante de la película, el más visceral y desgarrador, el que queda con más precisión grabado en la retina del espectador y que abarca desde las primeras contracciones, hasta un alumbramiento agónico en el que se presentan complicaciones. En consecuencia, como no podía ser de otra manera, todo lo que pase después (que tiene que ver con la culpa, la impotencia, el peso de las propias decisiones y la capacidad de aquellos que nos rodean para juzgarlas), girará alrededor de ese instante.

'Fragmentos de una mujer' se encarga de situar el momento del alumbramiento en el centro del relato, algo que no resulta tan sencillo de encontrar en el cine, al menos de manera verosímil y sin caer en clichés o caricaturas de médicos locos, maridos desmayados y mujeres enajenadas por el dolor.

Quizá por esa razón, los directores que mejor han retratado este momento han sido aquellos vinculados con el cine documental. Es el caso de Stan Brakhage, que en ‘Window water baby moving’ (1959), con su característico estilo experimental, nos acercaba al parto de su propia esposa en la bañera de su hogar, una pieza memorable que se convertiría en una de las principales influencias para Carlos Marqués Marcet a la hora de abordar ‘Els dies que vindran’ (2019), que relata en clave doméstica los devenires de una pareja que se enfrenta a las dudas de un embarazo inesperado y que termina también con el nacimiento del bebé. Brakhage se obsesionó tanto con este momento mágico y primitivo que continuó explorándolo en ‘Thigh line lyre triangular’ (1961) para testimoniar la venida al mundo de su tercera hija a través de una pieza artística repleta de simbolismo plástico.

Acto contracultural

Dentro de la escena contracultural, Robert Kramer (junto a John Douglas), además de realizar un mosaico monumental de la juventud estadounidense marginal de los años setenta tras la utopía hippie, también incluyó en ‘Milestones’ (1975) un parto casero casi como forma de activismo, de rebelión frente a las garras del sistema opresor para nacer y existir en total libertad fuera de él.

Entre las propuestas más radicales se encuentra sin duda la de Naomi Kawase en ‘Nacimiento/Madre (Tarachime)’ (2006), que filmó su propio parto con una cámara de 16 milímetros y que tuvo una continuación en ‘Genpin’ (2010), en la que incluye una dimensión filosófica en torno a la vida y la muerte, el principio y el fin, que termina convirtiéndose en un manifiesto al mismo tiempo sintoísta y feminista.

Penélope Cruz pare en un autobús, en 'Carne trémula'.

/ El Periódico

En el terreno de la ficción encontramos un abanico de partos de lo más variado: el de Penélope Cruz en un autobús en ‘Carne trémula’ con la ayuda de Pilar Bardem como inesperada comadrona al grito de "¡Empuja, empuja!"; el de ‘Hijos de los hombres’, en un mundo invadido por la infertilidad en el que por primera vez en mucho tiempo se oye llorar a un niño; poéticos, como el de ‘El blues de Beale Street’; atávicos, véase ‘Apocalypto’; realistas a pesar de encontrarnos en un 'thriller', como en ‘Quien a hierro mata’; que se encargan de configurar toda una mitología, como el de Padme Amidala trayendo al mundo a Luke Skywalker y la princesa Leia en ‘Star Wars III: La venganza de los Sith’; o la cesárea gore a mordiscos de Bella (Kristen Stewart) en ‘Crepúsculo’.

Imágenes icónicas

El cine de terror ha dado en este sentido imágenes icónicas. ‘La semilla del diablo’ introdujo muchos de los miedos femeninos sobre la maternidad y todas las dosis de extrañeza que puede generar. En ‘Un lugar tranquilo’, Emily Blunt tenía que dar a luz sin emitir ningún sonido porque era precisamente lo que activaba el radar de la especie alienígena que había invadido el planeta. En ‘Madre!’, Jennifer Lawrence tenía que refugiarse de una turba de fanáticos para parir mientras la casa temblaba con cada contracción.

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No olvidemos tampoco lo que supone tener un bebé zombi, como ocurre en ‘Amanecer de los muertos’, aunque el caso más extremo sea quizás el de ‘Al interior’, filme en el que una mujer embarazada se practica una cesárea con las mismas tijeras con las que su agresora pretendía rajarle la barriga para quedarse con el recién nacido.

En un terreno más didáctico encontramos documentales de denuncia, como ‘El negocio de nacer’, que se adentra en el sistema norteamericano de salud para poner de manifiesto de qué manera se fuerza el parto medicalizado o la cesárea para ganar dinero y las consecuencias que provoca.