Iluminación pop

Pigmy, el latido de un grano de arroz

  • El músico de El Prat prosigue su búsqueda espiritual en 'Manifestación', un disco deslumbrante de ecos medievales

Vicente Macià, alias Pigmy, en el cuarto de las guitarras de su piso de Barcelona.

Vicente Macià, alias Pigmy, en el cuarto de las guitarras de su piso de Barcelona. / JORDI OTIX

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Las varitas de incienso y las bengalas tienen un aspecto muy parecido, pero en cuanto entran en contacto con la llama sus caminos se separan de forma radical. El incienso desprende un humo aromático que se emplea en ceremonias religiosas y con fines terapéuticos; la bengala produce una luz muy brillante durante un breve periodo de tiempo y su uso se asocia a la fiesta y la celebración. "Incienso y bengala, ofrenda o verbena, idénticos antes de arder”, dice la letra de una de las canciones incluidas en 'Manifestación' (Guerssen Records), el tercer disco de larga duración que Vicente Macià, exlíder del grupo de pop psicodélico Carrots, ha publicado bajo el nombre artístico de Pigmy. Es un elepé que centellea con el fulgor de la bengala pero cuya fragancia, de hondo contenido espiritual, perdura como la del incienso. Un disco que bien podría haber encabezado todas las listas de lo mejor del pop español del 2020; y si no lo ha hecho (aunque sí se ha colado en algunas, incluida la de EL PERIÓDICO) se debe en buena parte a que, en el contexto actual del negocio de la música, su autor es un perro verde muy considerable.

“Soy un desconocido”, asume Macià con resignación. Un despropósito, porque el hombre que se esconde (o se revela) tras la máscara de Pigmy debería estar dando su nombre a auditorios de ciudades de tamaño medio. Aunque él es consciente de que no ha puesto las cosas muy fáciles a nadie. 'Manifestación' es su tercer disco largo en 15 años de carrera en solitario. El anterior, el formidable álbum doble 'Hamsterdam' (2014), era una especie de ópera pop sobre un ratón que oye en las canciones el alma de las personas y acaba emprendiendo un viaje lisérgico en el que su cuerpo se convierte en una ciudad (o algo así). 'Manifestación' tampoco hace concesiones: se abre con un canto del siglo VIII ('Ut queant laxis', el himno a San Juan Bautista que dio nombre a las notas musicales en la notación latina moderna), incluye una versión instrumental de una pieza de un laudista inglés del siglo XVI ('Lachrimae Pavan', de John Dowland) y sus letras huyen del costumbrismo como de la peste bubónica para reflejar una intensa búsqueda espiritual. Todo muy… medieval.

Aire renacentista

“En el disco hay mucho medievalismo, sí, pero al mismo tiempo suena superactual. Lo que oyes está pasando ahora”, reflexiona Macià, que atribuye en parte el aire renacentista del álbum a la coincidencia en el tiempo de dos acontecimientos: el regalo de un laúd por su 40 aniversario y el descubrimiento de la obra de Amazing Blondel, un trío inglés de folk progresivo que en los años 70 utilizaba instrumentos de la época medieval. “Rescataban el rollo trovadoresco y renacentista de una manera muy purista pero a la vez muy atemporal, y al escuchar sus discos me apeteció hacer algo en esa línea”.

Amazing Blondel se suman así al refinado abanico de influencias musicales que Pigmy ha manejado a lo largo de su carrera, un rico retablo en el que siguen teniendo una presencia destacada la escena psicodélica de los 60, el pop progresivo a lo Aphrodite’s Child, el folk-rock inglés de los 70 y paladines de la canción exquisita como Kevin Ayers, Pete Dello, Duncan Browne, Solera y Vainica Doble. No es raro que Macià se sienta tan a gusto formando parte del catálogo de Guerssen, un sello leridano con vocación internacional especializado en reediciones de olvidados discos de los años 60 y los 70. 

Un hilo con lo invisible

Entre los grandes referentes de Pigmy figura también Cat Stevens, con quien se siente hermanado en el propósito serio de convertir la escritura de canciones en una experiencia mística. “En mi carrera he hecho canciones de otras temáticas porque yo también he sido joven -se ríe-, pero lo que lo une todo es la búsqueda espiritual”. A Macià no le da ya reparo hablar de la vertiente más esotérica de su música, aunque sabe que eso puede hacer arquear las cejas a más de uno. “No soy un exconvicto que ha encontrado a Dios y necesita hablar de ello, pero sí me siento más aliviado al haber perdido la vergüenza por ser plenamente espiritual, por estar más atento a las cosas”.

Vicente Macià, alias Pigmy, esperando la iluminación.

/ JORDI OTIX

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A diferencia de 'Hamsterdam', 'Manifestación' no es una obra conceptual, pero en muchas de sus canciones están presentes (de forma muy poética y nada proselitista) las ideas de la doctrina advaita del hinduismo, que defiende la unidad entre las almas y la divinidad. “Es un camino que consiste en ir quitando capas a través de la negación (yo no soy esto, yo no soy aquello…) para acabar llegando a la fuente primordial, que es todo y nada a la vez. Y esa es la esencia, el motor de las religiones. Después es cuando llega el hombre para meter mano y lo jode todo”, señala.

Pigmy transforma esa búsqueda de la iluminación en canciones de aire infantil, eco antiguo y deslumbrante belleza en las que el autor recuerda la eternidad, baila claqué con las cucarachas y escucha "el latido de un grano de arroz", igual que en los poemas de William Blake era posible ver el mundo en un grano de arena y el cielo en una flor silvestre. Contra viento y pandemia, el artista quiere presentarlas en directo el próximo día 16 en La Capsa de El Prat de Llobregat, su ciudad natal. “Me apetece mucho tocar con la banda que hemos reunido para presentar el disco -apunta-. Como está costando encontrar bolos, hemos empezado a hacer canciones nuevas con la idea de que los músicos se vayan integrando en Pigmy y Pigmy empiece a funcionar como un grupo. A ver si me acuerdo de cómo se hace”. Se acordará, seguro. Solo es cuestión de volver a hacerlo por primera vez.

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