Imagen grotesca

Apropiacionismo cultural en el asalto al Congreso de Estados Unidos

  • Jake Angeli, el más fotogénico de los trumpistas que asaltaron el Capitolio, llevaba un tocado propio de los sioux

Una nativo americano, con un tocado con cuernos de búfalo.

Una nativo americano, con un tocado con cuernos de búfalo.

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Ramón Vendrell
Ramón Vendrell

Periodista

Especialista en pop antiguo, tebeos, libros, rarezas y juventud

Escribe desde Barcelona

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Militares y altos eclesiásticos al margen, para quienes la vida es un carnaval, sabido es que cuando un contemporáneo se pone en la cabeza algo que no sea para protegerse del frío, el sol o golpes puede pasar cualquier cosa. Jake Angeli, el más fotogénico de los trumpistas que asaltaron el Capitolio, iba cubierto el miércoles pasado con un tocado propio de contadas tribus nativas americanas de las grandes llanuras que de norte a sur alfombran el eje de Estados Unidos. Sobre todo, de dakotas y lakotas (los dos principales grupos de la nación sioux). Se trata de un casquete con dos cuernos de búfalo, a menudo cubierto con piel de búfalo, que solo tenían derecho a lucir guerreros con méritos destacados. No obstante, era más usado en ceremonias espirituales que en la guerra.

Los nativos americanos de las planicies centrales eran maestros de la sombrerería y la peluquería espectaculares. Ni en Versalles ni en el Molino hubo nunca nada comparable. Más populares que los gorros cornudos son los penachos y las cascadas de plumas también característicos de los sioux, así como de los crows, los blackfeet, los cheyennes o los crees, y también reservados a bravos eminentes. Las crestas de enhiesto pelo animal, por regla general puerco espín, alce o ciervo y montadas sobre complementos que se adaptaban al cráneo, estaban a la orden del día tanto en el campo de batalla como en los deportes. Y, claro, estaban las crestas propias, pero estas ya en el nordeste de Estados Unidos.

Las crestas capilares cautivaron la imaginación de los lectores de 'El último mohicano', novela publicada en 1826 con éxito enorme por James Fenimore Cooper (por otro lado, un superodiador de los indios). Con éxito enorme y transatlántico: los primeros pandilleros juveniles de Inglaterra, llamados 'hooligans', aplastaron e hicieron suyo el peinado a finales del siglo XIX (véase 'Peaky blinders'). Con la narración de marras y su interpretación popular se originó una confusión que aún colea: los que llevaban cresta eran los mohawks, los hurones y otras tribus iroquesas, enemigos jurados de los mohicanos. De la cresta también se apropiaron los miembros más pirados de la armada y la fuerza aérea estadounidense durante la segunda guerra mundial y, ya en tiempos pop y con el nombre de mohicano o mohawk, los punks. Hasta hoy llega en distintas subculturas juveniles.

Las guerras indias

Más cercanos al orden del mestizaje, los cegadores trajes de las estrellas del country, en los que firmas como Nudie (Los Ángeles) y Manuel (Nashville) estampaban con bordados y pedrería maravillas vaqueras, tienen su origen por un lado en los tramperos y hombres de la frontera que congeniaban y vestían como los nativos americanos y por otro, en la tradición bordadora de los inmigrantes del centro de Europa. Indios más Tirol, por ahí va y no es broma.

Pablo Mármol y Pedro Picapiedra, con sus gorros de Búfalos Mojados.

/ El Periódico

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Volvamos al tocado de búfalo: ni Pedro Picapiedra y Pablo Mármol con sus 'bearskins' cornudos para las reuniones de los Búfalos Mojados ni el logo de Jamiroquai nos habían preparado para la ofensiva apropiación cultural perpetrada por Angeli. El actual Ejército estadounidense se fraguó en las guerras indias, en las que ensayó métodos imperialistas después perfeccionados como la guerra sucia (entonces eran milicias con carta blanca y casi tan sedientas de sangre como de tierra), la matanza de civiles y las incursiones devastadoras en zona enemiga. El resultado fue un exterminio y un robo de territorio en toda regla, y los pocos nativos americanos que vivieron para contarlo sufren unas tasas de alcoholismo, drogadicción, violencia machista, suicidio y pobreza muy superiores a la media.

Por eso ver a Angeli con el tocado ritual de búfalo da tanta grima. Si no piensa que "el único indio bueno es el indio muerto", lo pensaron sus ancestros.

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