Una historia poco conocida

Bambi contra Hitler

  • El ilustrador francés Benjamin Lacombe rescata la obra original de Felix Salten, publicada en 1923 y prohibida por los nazis por ser "una alegoría política sobre el trato a los judíos"

  • La novela, eclipsada por la versión de Disney y que el autor austriaco pensó para público adulto, llega reivindicada en una cuidada edición marca de la casa del reconocido artista parisino

Bambi, visto por Benjamin Lacombe. 

Bambi, visto por Benjamin Lacombe.  / BENJAMIN LACOMBE

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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¿Quién no tiene en mente la imborrable imagen de Bambi que Disney dejó con su película de 1942? Con ella en la retina, ligada a la inocencia y a la infancia, sorprenderá a muchos descubrir que la verdadera historia del pequeño corzo fue publicada en 1923 pensando en un público adulto, que su autor, el austriaco Felix Salten, trasladaba a sus páginas los temores de los círculos judíos vieneses en aquellos años ante el creciente antisemitismo y que los nazis acabarían prohibiendo la novela en 1936, y quemando sus ejemplares, por ser “una alegoría política sobre el trato que se da a los judíos en Europa”.

Para reivindicar esta historia, “bastante desconocida” y que en su día le conmovió profundamente, el reconocido ilustrador parisino Benjamin Lacombe (1982) la acompaña ahora de forma magistral con sus lápices, acuarelas, ‘gouaches’, pinturas al óleo, troqueles y desplegables en una nueva y cuidada edición de Edelvives, que recoge el texto original de Salten (1869-1945). “Toca el tema del antisemitismo sin hablar de ello -apunta el artista francés-, nos hace sentir cómo se siente un oprimido, un pueblo perseguido, maltratado. En definitiva, qué significa ser un apátrida. Y esa temática, lo peor del antisemitismo, habla de toda nuestra sociedad”. De ahí su vigencia, ante el auge del racismo y los extremismos religiosos y fascistas, o el drama de los inmigrantes que se ven obligados a dejar sus países.

Fragmento de una de las páginas de la edición de 'Bambi' de Lacombe. 

/ BENJAMIN LACOMBE

Felix Salten, admirado por Stefan Zweig y Sigmund Freud, formó parte del movimiento literario y artístico llamado la Joven Viena (con Karl Kraus o Arthur Schnitzler). Conocido por sus libretos de opereta, guiones de cine, críticas en la prensa y la novela pornográfica ‘Josefine Mutzenbacher’ -“excelente”, según el filósofo Maxime Rovere, que firma la introducción de esta edición ilustrada-, Salten publicó ‘Bambi’ en forma de folletín en ‘Neue Freie Presse’ antes de que apareciera como libro en 1923 en Viena, consiguiendo un éxito inmediato. En 1938, huyó del acoso nazi y se refugió en Zúrich, donde moriría en octubre de 1945.

Anuncia la catástrofe

La película de Disney, considera Rovere, no es una adaptación literal de la novela y sí “un canto de amor y vida que pretende hacer olvidar la tragedia de la Segunda Guerra Mundial (en la que EEUU aún no se ha implicado) mediante unas imágenes cautivadoras”. En cambio, en el ‘Bambi’ de Salten, añade, lejos de ser un cuento para niños, “se percibe un cierto tono que anuncia la catástrofe, donde las voces –las unas traviesas o ingenuas, las otras más maduras o más serenas- se preguntan y se responden, como los corzos en la espesura del bosque cuando se aproxima el cazador”. Igual que a muchos seguidores de Hitler saldrían a cazar judíos calificándolos de ratas y piojos, convencidos de que estos eran el origen de todos los males y en especial de la crisis económica que llegó tras el humillante tratado de paz de Versalles que Alemania se vio obligada a firmar tras la derrota en la Primera Guerra Mundial. Ese bosque donde Bambi debe aprender a crecer entre peligros, soledad y muerte es el del escenario de la Europa de los años 20.

Sin embargo, según Rovere, Salten “no pretendía escribir un libro militante”, aunque su mentor fuera Theodor Herzl, líder del movimiento sionista que proponía crear un Estado judío en Israel.

Benjamin Lacombe, durante una visita a Barcelona.

/ CARLOS MONTAÑÉS

A Bambi, que viene del italiano ‘bambino’, su padre le lleva a un lugar donde podrá estar en paz, una tierra prometida donde criar a sus descendientes, algo que recuerda al pueblo hebreo guiado por Moisés (aunque Salten nunca se planteó dejar Europa).

Canto a la naturaleza

El título de la novela de Salten era ‘Bambi, una vida en el bosque’. Un bosque misterioso que Lacombe llena de luces y sombras, que transmite tanto los riesgos que acechan entre el follaje como las sensaciones de una naturaleza “en movimiento, constantemente viva”. Porque la obra original es, señala Rovere en el prólogo, “un canto de amor a la naturaleza”, algo que también reflejan los títulos de otras de las obras del austriaco: ‘Historia de quince liebres’ (1929), ‘La juventud de la ardilla Perri’ (1938), ‘Los hijos de Bambi’ (1939) y ‘Renni, el salvador. Un perro en los campos de batalla’ (1941).

Ilustración de la portada de la edición de Bambi ilustrada por Lacombe.

/ BENJAMIN LACOMBE

Lacombe convierte en libros objeto cualquier obra que se propone, desde ‘Notre Dame’, de Victor Hugo, a los relatos de Poe, pasando por ‘Madama Butterfly’ o la figura de Frida Kahlo, por citar algunas de sus obras para adultos y no entrar en las que son para todos los públicos. En este ‘Bambi’ ofrece una doble narración: la clásica entre texto e imágenes, y otra con páginas dobles sucesivas sin texto y con mucho movimiento, de rápida lectura: son las escenas de una huida. También propone momentos de pausa, con detalladas imágenes de una mariposa o la gota de agua en una hoja, y un novedoso troquelado láser, en la portada y en un desplegable, con el que el artista logra hacer oír al lector el ruido de las ramas y proyectar las amenazantes sombras del bosque sobre el pequeño corzo. Su intención, afirma, es “animar a reflexionar y experimentar nuevas sensaciones”, algo importante en estos “tiempos enmarcados en toda la agitación que estamos viviendo”. 

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/ BENJAMIN LACOMBE

Junto con la impronta de Lacombe, el texto de Salten, quien aún no podía imaginar la magnitud del Holocausto que se avecinaba, “conserva el optimismo” a pesar de todo. Es, concluye Rovere, un relato de un “pacifismo admirable” y una “lección de valentía y de esperanza”.