Industria editorial

El sector del libro sobrevive al 2020

Pese a que las ventas de libros cayeron un 60% durante el estado de alarma, la reducción final del año ha sido de un 5%

La librería Calders, en el barrio de Sant Antoni de Barcelona.

La librería Calders, en el barrio de Sant Antoni de Barcelona. / Sergi Conesa

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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Buenas noticias para el libro, dentro de la inquietud pandémica. El sector editorial saca pecho después de haber logrado minimizar en los últimos seis meses una caída en las ventas de un 60% respecto al año pasado -en el momento del estado de alarma, que mantuvo cerradas las librerías- a un índice general de tan solo un 5% hasta noviembre. A ello hay que añadir el resultado de la campaña de Navidad y Reyes para reducir todavía más esa distancia. Son los resultados del balance hecho público este lunes por el presidente del Gremi d’Editors de Catalunya, Patrici Tixis, que ha pasado revista a la actual situación marcadas por las luces, muchas, y las sombras, algunas. Como suele ser habitual la información fue la previa de la 35 Nit de l’Edició, cuyo premio Atlàntida fue a parareste lunes a las tres librerías decanas afiliadas al gremio: La 2 de Viladric de Tortosa (fundada en 1760), la Fabre de Barcelona (1860) y la gerundense Geli (1879).

Para Tixis el aspecto más reseñable de cómo el sector del libro actuó frente a la pandemia es la voluntad de unión de todos los agentes de la cadena, con una especial atención a las librerías de proximidadque fueron apoyadas por los lectores” directamente o gracias al comercio electrónico que ha facilitado libros físicos a domicilio a partir de nuevas plataformas de venta, lo que supuso importantes alianzas entre los libreros. Pero también ha destacado el “éxito de la cooperación público-privada en la que las administraciones han jugado un papel clave”. La mayor concreción de este aspecto, según Tixis, ha sido la creación de la Mesa de Libro el pasado noviembre a fin de elaborar el ansiado pacto de Estado que acabe de establecer lo que esta crisis sanitaria ha hecho evidente: “el libro es un bien esencial de primera necesidad para los ciudadanos que nos ha ayudado a hacer más soportable la pandemia”. El objetivo del pacto es establecer medidas de carácter estratégico, así como la “modernización de toda la cadena del libro y el especial cuidado de las bibliotecas”.

Según el estudio ‘El papel del libro y de la lectura durante el periodo de confinamiento por el covid-19 en España’, elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España, el número de lectores frecuentes (por lector frecuente se entiende aquellos que leen habitualmente por lo menos una vez a la semana) ha pasado a ser de un 50 a un consolidado 57%.  

Whatsapp va a la suya

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En este tipo de balances no faltan las habituales quejas en contra de la piratería, que aunque ya no se perciba de una forma tan evidente, parece haber replegado con fuerza en las redes sociales y haber crecido un 1% más que el año anterior, lo que se traduce en 425 millones de descargas ilícitas. Respecto a las redes, la piratería parece recluida en grupos cerrados por lo que resulta más difícil de identificar. De todas formas, si CEDRO, asociación que gestiona los derechos de autor, detecta una infracción, plataformas como Facebook o Telegram suelen cerrar esos grupos cuando se produce la comunicación. “Pero con whatsapp, mucho más popular, no lo hemos logrado”, denuncia Tixis.

Puestos a reclamar, y asumiendo que en el primer semeste del 2021 todavía habrá que enfrentarse a una situación compleja y restrictiva, los editores catalanes asumen que se necesitará ampliar las medidas de apoyo estructural, actualmente cifradas en unos 12 millones de euros al conjunto del sector cultural. Otra de sus reclamaciones viene de antiguo y es la construcción de la gran Biblioteca provincial de Barcelona, un proyecto en los que están implicados el ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Catalunya y el ministerio de Cultura y que se arrastra desde hace años y que de llegar a buen puerto, podría construirse en un solar anexo a la Estación de França. “Nuestra petición es que tenga un atractivo valor de intercambio y que fomente la creatividad”.