Estreno

'Los asquerosos', o la locura de llevar a Santiago Lorenzo al teatro

Los actores, Miguel Rellán y Secun de la Rosa, en el pase gráfico de la obra de teatro ’Los asquerosos’.

Los actores, Miguel Rellán y Secun de la Rosa, en el pase gráfico de la obra de teatro ’Los asquerosos’. / José Luis Roca

  • Jordi Galceran y Jaume Buixó adaptan la estupenda novela en un montaje teatral que se estrena este jueves en el Teatro Español de Madrid
  • Secun de la Rosa y Miguel Rellán protagonizan la obra, cuyo original literario fue una de las grandes obras en castellano de 2018
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Se han cumplido dos años de la publicación de ‘Los asquerosos’ (Blackie Books) y lejos de disiparse su influjo, como ocurre con buena parte de las modas literarias (va por la vigésima edición con más de 150.000 ejemplares vendidos), incluso se ha amplificado y ha logrado alcanzar una dimensión casi profética después de la pandemia. 

En ‘Los asquerosos’, Santiago Lorenzo, a través del personaje de Manuel, hablaba de encontrar la felicidad a través de las cosas más simples, de la soledad, de la "parquedad gozosa", de la "austeridad fiera", como él mismo lo definía. ¿Hemos aprendido a valorar lo que tenemos y a disfrutar con lo mínimo después de haber visto peligrar nuestro sistema de vida a causa de un virus? Puede que releer ahora la novela nos de algunas pistas sobre este derrumbe de la sociedad de la abundancia.

El escritor Santiago Lorenzo. 


/ José Luis Roca

Pero no nos pongamos apocalípticos, porque tampoco va de eso. En realidad, se trata más bien de reírnos de nuestras propias miserias, de poner de manifiesto las contradicciones del mundo en el que vivimos. Eso es lo que ha intentado el tándem formado por el dramaturgo Jordi Galceran (responsable de hitos como ‘El método Grönholm’ o ‘Palabaras encadenadas’) y Jaume Buixó (guionista y director de ‘Polònia’) al adaptar la novela de Santiago Lorenzo al teatro: no perder su enrevesado sentido del humor y situarlo en el centro de la función, que ahora se estrena en el Teatro Español de Madrid dirigida por David Serrano y protagonizada por Secun de la Rosa (Manuel) y Miguel Rellán (su tío).

¿Pero cómo se adapta a las tablas una novela en la que no hay diálogos? “Cuando leímos la novela Jaume y yo comenzamos a retarnos, casi como si fuera un juego”, cuenta Galcerán. “Es imposible, nos decíamos, es imposible. Después pensamos, qué coño imposible, ¡a que sí se va a poder! Y al final encontramos la manera de hacerlo”. 

Para ellos lo complicado era encontrar la fórmula dramática dentro de una novela profundamente descriptiva. Al final, se dieron cuenta de que lo que tenían que contar era la historia de amistad entre dos hombres, Manuel y su tío. Y por supuesto, respetar a rajatabla el lenguaje de Lorenzo, porque en él reside en buena medida la fuerza cómica del texto. “Nuestro trabajo ha sido ser muy escrupulosos con el espíritu de la novela, porque en el lenguaje está la clave de todo, es mucho más divertido cómo lo cuenta que lo que cuenta en sí, así que hemos mantenido todas esas palabras imposibles y epítetos encadenados que crean un efecto hilarante. Eso sí, pensamos: pobre del actor que se tenga que aprender esto”. 

El universo personal de Lorenzo

Efectivamente, tanto Miguel Rellán como Secun de la Rosa admiten que meterse en la piel de estos personajes ha sido todo un reto, que han sufrido lo suyo, pero coinciden en la importancia cómica que tiene la obra. “Es un texto muy profundo, casi filosófico y, sin embargo, no puedes parar de reír, creo que por eso tanto el libro como la obra son tan especiales”, dice Secun de la Rosa. “Teníamos miedo porque es un lenguaje muy rico y gustoso de leer en página, pero no sabíamos si iba a funcionar al decirlo, si iba a crear una distancia con el espectador, y ha sido todo lo contrario, la gente disfruta con la manera marciana con la que dicen las cosas Manuel y su tío”, añade David Serrano. 

En cuanto a la escenografía, obra de Alessio Meloni, contiene un guiño al universo de Santiago Lorenzo ya que incluye una de sus pasiones, las maquetas, así como los juguetes, convirtiéndose así el pueblo de Zarzahuriel donde se refugia Manuel en una especie de pequeño espacio sacado como de un cuento de Dickens. 

A Santiago Lorenzo le llamaron para pedirle los derechos de la obra una Nochebuena. Pensó que era el día más raro del mundo para hablar de esas cosas, pero precisamente por eso, también se dijo que debían tenerlo muy claro, que era cosa seria. “Lo único que agradecí es que no me pidieran a mí hacer la adaptación, porque no habría sabido ni por donde empezar, me parece la novela menos indicada para llevar al teatro, pero Jordi Galcerán y Jaume Buixó son unos titanes”, cuenta el escritor desde su retiro en un pequeño pueblo de Segovia. 

La 'mochufa'

¿Y qué hay de la 'mochufa', ese término inventado por Lorenzo para referirse a esos asquerosos ruidosos y cuñados de la era del 'smartphone' que se compran una cinta para correr cuando están en el campo? “Mi concepto no ha cambiado desde que apareció en ‘Las ganas’, pero sí se ha enriquecido temáticamente”, cuenta Lorenzo. “Cada vez veo más mochufas a ciertas formaciones políticas por la zona de estribor. Ahora la mochufa, que estaba más agazapada, está en el Congreso”. 

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“Yo creo que estamos invadidos por la mochufa”, añade Rellán. “Por la banalidad, por la estupidez, el mundo va derecho a la mochufada absoluta, a lo facilón”. Secun de la Rosa cree que seguimos teniendo mucho miedo al silencio, a la soledad y que parece que estemos obligados a tener la aprobación de todos. “Yo creo que ‘Los asquerosos’ es una especie de viaje de autoconocimiento anti-Twiter, contra la intolerancia, contra los juicios, la ofensa continua, la falta de criterio y las modas”, culmina el actor. 

Lorenzo y De la Rosa, amigos del Seven Eleven



“Parece una historia inventada, pero es absolutamente real. Para demostrar la veracidad deberíamos haber tenido una foto en la que apareciéramos los dos, pero en aquella época ni Secun ni yo teníamos dinero para comprar una cámara”, cuenta Santiago Lorenzo.


Corría el verano de 1991 cuando aterrizaron en Madrid, cada uno por su lado, dos jóvenes con muchos sueños en la cabeza y ni un duro en el bolsillo. Uno quería ser director de cine, el otro, actor y coincidieron trabajando en un Seven Eleven. “Era la peor tienda 24 horas de todo Madrid, porque era la que más facturaba, así que también era un infierno para los empleados, un auténtico despelote. Aguanté dos meses, pero me dio tiempo a conocer a Secun, que fue lo importante de aquello. Él estaba solo los fines de semana, pero logramos sacarle partido a ese tiempo”. 


Su relación no se terminó allí. Lorenzo había rodado un corto y lo tenía en unas latas. No sabía cómo continuar el proceso, estaba aprendiendo sobre la marcha, de forma autodidacta y bastante 'outsider'. Así que le preguntó a Secun y le presentó a la persona que terminaría montando todos sus cortos. “Más tarde hice una versión en plastilina de la fábula ‘La cigarra y la hormiga’ y Secun hizo fenomenal de hormiga”. 


Para rematar la faena, cuando Santiago decidió alejarse del mundanal ruido y aterrizó en una pedanía de Segovia, en un pueblo de no más de quince habitantes, entró en su único bar y encontró un cartel de ‘Radio Para’. “Era una de esas obras maravillosas que montaba Secun y que giraban por los pueblos. Pero me sorprendió verlo ahí colgado, así que pregunté y resulta que la madre de Secun era la dueña del bar, Isabel, una mujer maravillosa con la que hablaba mucho. Eso fue hace ocho años, antes de escribir Los asquerosos”. 


Por su parte, Secun de la Rosa confirma lo del Seven Eleven. “Allí tuvimos nuestras primeras charlas y sin darme cuenta incorporé a mi vocabulario el que tenía Santiago, con palabras que se inventaba él. Así que yo iba por ahí diciendo “no me amueles” y la gente no entendía nada”, ríe el intérprete. “Yo pensaba que era una expresión castiza de Madrid y resulta que se la había inventado Santiago”. Para Secun de la Rosa, ‘Los asquerosos’ cierra un círculo en su relación o puede que sea el inicio de otro. Lo que tiene claro Lorenzo es que no piensa perderse la función, aunque haya restricciones y confinamiento en Castilla y León. “Mi fe en esta obra es tan grande, que estoy dispuesto a ir a pie”.  


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