Puntal del movimiento ciberpunk

'Akira': la película con la que Japón conquistó el mundo

  • El próximo viernes regresa a las salas de cine, restaurada en 4K, la obra maestra de Katsuhiro Otomo, basada en su celebrado manga
Tetsuo, en un fotograma de ’Akira’.

Tetsuo, en un fotograma de ’Akira’.

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'Akira' llegó tarde a nuestras pantallas. Se estrenó en Japón en 1988, compitió en Berlín un año después y saltó a las pantallas estadounidenses en 1990. En 1991 fue presentada en el festival de Sitges y en 1992 fue distribuida finalmente en cines españoles, cuando el cómic en el que se inspira, obra del mismo realizador del filme, Katsuhiro Otomo, se había convertido en un fenómeno. La obra gráfica de Otomo tuvo la misma virtud que casi medio siglo antes ‘Rashomon’. Si el filme de Akira Kurosawa abrió las puertas al cine japonés en Occidente tras su presentación en la Mostra de Venecia, el cómic y la película de Otomo dieron a conocer de forma más masiva el manga y el anime japonés.

Restaurada ahora en 4K y devuelta a las pantallas 32 años después de su realización, 'Akira' es una obra magna del ciberpunk y la distopía posatómica, un relato vertiginoso y violento sobre un futuro inclemente. El autor de cómics francés Moebius (Jean Giraud) no dudo en decir que "'Akira es tan indefinible como cuando Akira Kurosawa y Kenji Mizoguchi se dieron a conocer al público europeo, forma parte de una evolución en imágenes, artística y filosófica, que nos sorprende como si fuera una revolución", mientras que el chileno Alejandro Jodorowsky, también cineasta y guionista de cómics, llegó a comparar a Otomo con Arthur Rimbaud. Diseccionamos esta obra fundamental en cinco claves.

Del manga al anime

El cómic japonés, el manga, es inagotable. Están autores como Osamu Tezuka, el gran maestro, y Goseki Kojima, Masamune Shirow, JiroTaniguchi, Naoki Urasawa, Suehiro Maruo y Shintaro Kago, entre tantos otros. Y está, situado en la primera línea en el mercado internacional gracias a 'Akira', Katsuhiro Otomo, un excelente narrador en viñetas que además ha dirigido algunos innovadores animes y es arquitecto y urbanista.

 'Akira' es su obra más conocida, pero no le van a la zaga cómics quizá menos premonitorios, pero igual de virtuosos, como 'Memorias', 'Pesadillas' y la serie titulada 'La leyenda de madre Sarah', realizada con el dibujante Takumi Nagayasu, títulos editados en castellano por Norma y La Cúpula.

Otomo empezó a publicar 'Akira' en 1982 en ‘Young Magazine', y en 1988 decidió trasladarla a la pantalla. La serie gráfica no se completó hasta 1990, motivo por el que la película tiene un final distinto al del manga (Otomo canceló la publicación del cómic durante 18 meses para centrarse en el filme). Realizado en blanco y negro, el cómic fue coloreado para la edición estadounidense con supervisión de Otomo. Esta versión en color fue la que se imprimió por vez primera en España, de 1990 a 1996, en 38 volúmenes, aunque sin respetar el sentido de la lectura japonesa, de derecha a izquierda.

Su otro gran logro como director es 'Steamboy' (2004), una auténtica elegía del 'steampunk', una derivación del ciberpunk que basa su imaginería en la tecnología del vapor en la era victoriana. También son muy interesantes 'Memories' (1995), película dividida en tres episodios que adaptan otras tantas de sus historias, dirigidas por el mismo Otomo, Koji Morimoto y Tensai Okamura, y 'Neo-Tokio' (1987), otro filme de episodios compartido con Rintaro. No contento con sus logros en el campo de la animación, Otomo pasó a la imagen real con 'Mushishi' (2006), filme sobre espíritus malignos y sanadores que compitió en Venecia.

Clave en la estética ciberpunk

A principios de los años 80 comenzó a diseminarse la semilla del ciberpunk, un movimiento contracultural que ponía de manifiesto las tensiones generadas por la deshumanización de la sociedad, la alienación y las nuevas tecnologías. Se convirtió en una nueva sensibilidad que revolucionaría el ámbito literario, musical y cinematográfico.

Dentro de ese contexto se sitúa 'Akira', convirtiéndose en una obra programática dentro del movimiento, ya que en ella podemos encontrar todos los elementos fundamentales: futuro apocalíptico, armas de destrucción masiva, estética de la destrucción, una urbe tecnificada sin alma en la que los individuos se sienten solos y perdidos, grandes corporaciones que toman el control, malestar social, paranoia, dependencia tecnológica y, como consecuencia de todo eso, la pérdida de identidad y la confusión entre lo real y lo virtual que da lugar a una metamorfosis producto de la unión entre la máquina y la carne (la Nueva Carne), lo que lleva a otro estado evolutivo, a la creación de un ser monstruoso y superior, en este caso Akira y el heredero de sus poderes, Tetsuo.

Otomo consigue plasmar todo este imaginario de una forma tan rica a nivel visual como conceptual, desde la megalópolis iluminada por neones hasta el brazo mutante convertido en arma de Tetsuo, pasando por la icónica motocicleta de Kaneda, la maquinaria militar y un sinfín de elementos industriales de fascinante y siniestra belleza.

El colapso de la civilización

'Akira' comienza con el estallido de una bomba atómica que destruye Tokio en 1988 a causa de una tercera guerra mundial. La pantalla se queda en blanco hasta que nos trasladamos 31 años después a una urbe reconstruida, Neo Tokio, en la que conviven los rascacielos y los bajos fondos repletos de miseria. Hay manifestaciones en la calle a causa de los impuestos, una crisis económica que aboca a los ciudadanos a la desesperación, hay altercados, intervención de los cuerpos antidisturbios, violencia, vandalismo, caos.

La civilización se ha reconstruido y en un tiempo récord se ha descompuesto por culpa de la corrupción política y el poder de las empresas convertidas en nuevas formas de tiranía. Ha llegado el colapso, ya no hay remedio para el hombre en un mundo así. El pueblo se subleva ante las injusticias y comienzan a aparecer los cultos mesiánicos, los fanáticos religiosos y las sectas que esperan la llegada del salvador.

Kaneda, en 'Akira'.

/ EL PERIÓDICO

La película de Otomo es una de las que mejor han descrito el advenimiento del Apocalipsis en un mundo que está a punto literalmente de explotar por culpa de las desigualdades. Puede que sea una historia de ciencia ficción, pero en muchos aspectos resulta premonitoria, razón por la que su mensaje continúa siendo tan actual y, por desgracia, seguramente lo seguirá siendo, ya sea por culpa de Donald Trump, el terrorismo islámico o la pandemia.

Monstruos sociales

Otomo define a Kaneda y sus compañeros de correrías en moto como estudiantes de un centro de educación especial y marginados sociales de negro futuro. Tras la deflagración atómica en 1988 (1992 en el cómic) que da origen a una tercera guerra mundial, de cuyas cenizas surge en 2019 (2030 en los dibujos) la desequilibrada Neo Tokio, la división de clases es aún más radical. El poder se aprovecha de ello. Y busca de forma obsesiva fortalecerse a través de la creación de unos seres con poderes especiales, los nuevos monstruos. En un guiño atroz a los científicos que, como el barón Frankenstein, desafiaron a Dios intentando insuflar vida a los cuerpos muertos, el megalómano coronel de 'Akira' controla a otros científicos, quizá más terrenales, para encontrar a los individuos mutados que les permitan dominar lo que denominan la energía absoluta. Tetsuo será el conejillo de indias, el arma humana y mortífera que puede arrasar con todo el planeta.

Referencias en la cultura popular

Al igual que a Otomo le influyeron películas norteamericanas para conceptualizar su universo (de forma muy específica 'Blade Runner', '2001: Una odisea en el espacio' y 'Videodrome'), la importancia de 'Akira' en la cultura popular no se ha desvanecido con el tiempo y podemos rastrear numerosos ejemplos que lo confirman. Son muchos los autores que han citado la obra de Otomo como inspiración. Por ejemplo, Rian Johnson en 'Looper' para hablar de la telequinesis, Josh Trank en 'Chronicle' y los hermanos Duffer en 'Stranger things' a la hora de crear el personaje de Eleven a imagen y semejanza de los niños con poderes mentales y envejecimiento progresivo con los que realizan experimentos para utilizarlos como arma destructiva.

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Hay referencias muy explícitas, como el homenaje a la estética de 'Akira' por parte de Kanye West en su videoclip 'Stronger', y otras más sutiles, como la de Wes Anderson en 'Isla de perros'. Hay incluso experimentos tan locos como 'Bartkira', un 'crossover' inesperado entre Bart Simpson y 'Akira'. Y en 'Ready player one', el guiño de Steven Spielberg a los años 80, aparece la motocicleta de Kaneda.

La adaptación en imagen real de 'Akira' lleva décadas pululando por los estudios de Hollywood. Se habló de George Miller, de Jordan Peele y recientemente de Taika Waititi, pero lo cierto es que nunca se termina de materializar (algo que sí ocurrió con 'Ghost in the shell'). En cualquier caso, resulta difícil imaginar que se pueda plasmar en estos tiempos la brutalidad y la violencia que invaden la película.