Del post-rock al metal de vanguardia

El AMFest reúne a la escena del ‘hazlo tú mismo’ en Montjuïc

Nueve bandas de música experimental y extrema desfilarán por esta edición de emergencia del festival, integrada en el ciclo Sala Barcelona

Un concierto en el castillo de Montjuïc dentro del ciclo Sala BCN

Un concierto en el castillo de Montjuïc dentro del ciclo Sala BCN / Jordi Cotrina

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Bandas de rock experimental, escoradas hacia el post-rock o el post-hardcore, artefactos de metal de vanguardia y voces a cámara lenta que disertan sobre mares de plomo. ¿Qué tienen en común? “Un origen en el ‘do it yourself’ (hazlo tú mismo) y la noción de directo como fuente de impacto para todo el público, empezando por quien viene al festival sin conocer a las bandas”, estima Sergio Picón, creador y director del AMFest, el escaparate de sonidos aventurados y ‘underground’ que, con protagonistas como Obsidian Kingdom, Sara Zozaya o Ànteros, despliega su 9ª edición desde este viernes hasta el domingo en el castillo de Montjuïc, integrado en el ciclo Sala Barcelona.

El AMFest, que debe su nombre a la disquera independiente Aloud Music (si bien su programa se abre a todos los sellos), llega hasta aquí tras superar una carrera de obstáculos que empezó tras la edición del año pasado, cuando la llegada de vecinos al recinto de la Fabra i Coats amenazó su futuro. Una vez firmado el acuerdo para seguir ahí al menos un año más, llegó la pandemia, y la edición planeada (“incluía siete bandas estadounidenses”) se acabado sustituyendo por ese ciclo de tres días y nueve artistas de nuestra escena. El AMFest respira hondo ante este cartel de emergencia en Montjuïc, si bien sigue viendo la Fabra i Coats, con su aforo de 1.500 personas, como su “recinto idóneo y perfecto”.

Una montaña rusa

Este año, el formato es de salón (350 asistentes por sesión), pero los artistas agradecen a la muestra que siga trabajando para “consolidar un circuito de bandas que no encajan en los carriles mayoritarios”, observa Edgar Merigó (Rider G Omega), el cantante y guitarrista de Obsidian Kingdom. El quinteto barcelonés, que asume etiquetas como “progresivo, experimental o art-rock”, se dispone a ofrecer su primer concierto en más de un año. Acaba de lanzar ‘Meat machine’, un disco que califica de “montaña rusa” por sus agudos contrastes internos, frente a la deliberada linealidad (“depresiva, plomiza y asfixiante”) de del anterior, ‘A year with no summer’. Álbum este, del 2016, que aludía de modo visionario a los “ciclos naturales y de organización social” que rigen nuestra existencia, como estamos comprobando dramáticamente con el covid-19.

‘Meat machine’ escenifica el debate en torno al consumo de carne, que la banda vive intensamente, ya que ahí hay posiciones diversas. “Yo soy carnívoro convencido”, confiesa Edgar Merigó. “Tenemos broncas importantes, por eso el disco está tan encabritado”. El álbum apunta también a “las preferencias sexuales y la identidad de género”, y el cantante explica que la teclista del grupo, Judit Calero (Jade Riot Cul), “es una mujer trans, cuya transición tuvo lugar durante la composición del álbum”. Ahí están canciones como ‘Naked politics’, en torno a la construcción de la identidad “a partir de las imágenes de la publicidad o las redes”, o ‘Spanker’, que apunta al “dolor que genera la no aceptación de los demás”. Material tan teórico como sentido, que Obsidian Kingdom, una banda con mánager británico y proyección internacional, espera poder presentar en Europa a partir de mayo, en una gira con el grupo noruego Enslaved y el californiano Intronaut.

Un canto profundo

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Uno de los reclamos de este AMFest iba a ser Viva Belgrado, pero una operación de urgencia (piedras en el riñón) de su cantante y guitarrista, Cándido Gálvez, forzó el cambio a última hora. Su plaza de este viernes la ocupa ahora el grupo post-rock Böira, sumándose a un cartel que ofrece a Iou3r, proyecto de excomponentes de lo:muêso, y a la cantante y multinstrumentista donostiarra Sara Zozaya, autora de sendos epés, ‘Ill’ (de la palabra inglesa ‘ill’, enfermo) y ‘(I)’, de cadencias hondas y apaisadas.

Zozaya dejó el grupo Nerabe para dedicarse a explorar, en solitario, “las progresiones melódicas de manera que creasen magia”, cuenta. Identificada con paisanas como Elena Setién (que era la hija de la profesora de guitarra de su padre, y con quien ha compartido escenario con frecuencia) y la trovadora Anari (“mi banda sonora desde hace bastante tiempo”), ha contado con una leyenda de la canción vasca, Benito Lertxundi, en una de sus composiciones, ‘Benetan’ (que significa ‘en serio’), construida, dice, a partir de los impulsos de su subconsciente. La música de Sara Zozaya es serena y magnética, de un modo que sintoniza con el espíritu del AMFest, porque, “más allá del estilo o la intencionalidad de cada grupo”, el festival cultiva, observa ella, “una emotividad y una solemnidad propias”.

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