LOS DISCOS DE LA SEMANA

Crítica de 'El último tour del mundo', de Bad Bunny: un cambio de paso

El puertorriqueño experimenta con sonidos de guitarras en un irregular álbum que conecta con el presente pausado

Los nuevos álbumes de Dominique A, Marco Mezquida, BENEE y Billie Joe Armstrong, también reseñados

El cantante puertorriqueño Bad Bunny. 

El cantante puertorriqueño Bad Bunny.  / EFE / RIMAS ENTERTAINMENT

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Ignasi Fortuny / Jordi Bianciotto / Juan Manuel Freire / Roger Roca

Bad Bunny ha cumplido con su palabra: nueve meses después de ‘YHLQMDLG’ ha lanzado su tercer disco del 2020 (aquí se suma el prescindible ‘Las que no iban a salir’), ‘El último tour del mundo’. Un esperado álbum que no despeja ninguna de las incógnitas sobre su carrera que el puertorriqueño se ha dedicado a sembrar antes de su publicación, como la de su posible retirada, a la que no hace mención. Pinta a cansino recurso marketiniano. Así, no se sabe si Bad Bunny será la voz del futuro, pero sí que se puede afirmar que es una de las más representativas del presenteEste disco conecta con la sensación general de abatimiento, de los momentos de reclusión, con emociones y sentimientos universales.

‘El último tour del mundo’ no es apocalíptico, tampoco es alegre, pero sí que parece muy actual. Bad Bunny muestra su capacidad de ser permeable y transparente, adaptarse a las circunstancias con acierto desigual. Temas cotidianos, en gran parte generacionales, que sabe manejar y  sacar punta para conectar con el público a través de su gran habilidad a la hora de escribir. Y lo hace con constantes referencias a la cultura popular, sin altas esferas.

Otros universos

Este disco es un cambio de registro drástico de ‘YHLQMDLG’, su mejor disco hasta la fecha. No busquen fiesta, ‘perreo’, canciones rompepistas o ‘hits’ globales al uso (el ‘single’ ‘Dákiti’, con Jhay Cortez, es lo más parecido a esto último). Lo que presenta el Conejo Malo es un disco sentimental, de heridas abiertas –siempre con las relaciones amorosas en el centro-, a veces tristón, aunque también hay canciones que se salen de esta línea y en las que pasea su ego y su necesidad de autoafirmarse (‘El mundo es mío’). Una demostración más de que el puertorriqueño puede ser el más duro y el más débil.

Y con temas para escuchar en la soledad del dormitorio, casi a oscuras abrazando un cojín, Bad Bunny ha decidido a su vez expandirse a otros universos sonoros. En el experimental e irregular ‘El último tour del mundo’ fusiona su genética latina con mucha guitarra, con, sobre todo, rock. Mezclas, a veces, forzadas. Algo así surge en ‘Maldita pobreza’, que conecta con una juventud sin futuro: “Siete años estudiando hasta que me gradué; pero no encuentro trabajo en eso que estudié”. O en el ostentoso ‘Yo visto así’, en el que se sacude críticas. El trap -por su naturaleza oscura ideal para según qué mensajes- tiene incluso más presencia (‘Hoy cobré’, ‘Booker T’…) que el festivo reguetón, que aparece a cuentagotas, como en el melancólico ‘Te mudaste’.

El álbum también revela al fin la esperada colaboración con Rosalía, ‘La noche de anoche’, un dueto caluroso y nostálgico. De la búsqueda de acercarse a otros géneros también se puede observar una especie de guiño a ‘Life on mars’, de David Bowie, en la bien marciana ‘Trellas’, o en ‘120’, que parece inspirada en la banda sonora de ‘Drive’. Circula tan rápido Bad Bunny que a veces se tambalea, como en algunas curvas de este atrevido viaje por el pausado presente. - Ignasi Fortuny

OTROS DISCOS DE LA SEMANA

La muerte, en septiembre del 2019, de Philippe Pascal, ex-líder de los grupos Marquis de Sade y Marc Seberg, impulsó al músico de Nantes a grabar una versión de su clásico ‘L’éclaircie’. Tema que invita a la paciencia, con el confinamiento ganó sentido conduciendo a una secuencia de piezas electrónicas (el epé ‘Le silence ou tout comme’), y ahora, todo ese material, ampliado, alimenta este álbum de claroscuros. Dominique A susurrante, elevando a arte interiorista su diario de la pandemia. - Jordi Bianciotto 

En el segundo disco a trío de Mezquida con el percusionista Aleix Tobias y el violoncelista Martín Meléndez hay un montón de cosas. Tienden con naturalidad puentes entre distintas tradiciones: melodías originales que parecen robadas del cancionero popular de siempre, coros bachianos, colores ibéricos, rítmica del Cono Sur, armonía jazzística... Pero lo que atraviesa todo el disco, lo que permanece después de cada cambio de registro y de cada giro estilístico, es una luz, una alegría contagiosa. Lo más parecido a una hora de música curativa. - Roger Roca

No mucho después de arrasar en TikTok con “Supalonely”, la joven cantante neozelandesa presume de agenda de contactos y adaptabilidad en un debut largo con algunos hitos indiscutibles: “Happen to me” suena como una gran apropiación pop del “Weird fishes” de Radiohead, mientras que “Sheesh”, más bien hiperpop, debe ser lo mejor en que haya participado Grimes en mucho tiempo. Aún ha de definirse y asentarse un poco, pero la chica tiene madera. Esto tan es solo el principio. – Juan Manuel Freire

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El debut en solitario del cabecilla de Green Day es el testimonio del parón en seco que el mundo vivió meses atrás, que él amenizó publicando correosos ‘covers’. Aquí están reunidos, con sus tributos a bandas de simpático recuerdo (The Starjets, The Avengers), sus reivindicaciones (no irónicas) de hitos comerciales (Tiffany, Kim Wilde) y algunos rescates con vistas a los abismos: ese ‘You can’t put your arms round a memory’, de Johnny Thunders, enchufando guitarras para exorcizar la soledad. - J. B.