GRAN PROFESIONAL DE LA ESCENA

Muere Montserrat Carulla, maestra de la escena y de la vida

La veterana actriz, madre de Vicky Peña, fallecida este jueves a los 90 años, deja un impresionante legado

Montserrat Carulla, en el teatro Romea, en abril del 2016.

Montserrat Carulla, en el teatro Romea, en abril del 2016. / FERRAN NADEU

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Marta Cervera
Marta Cervera

Periodista

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La muerte de  Montserrat Carulla (Barcelona, 1930) coloca al teatro catalán frente a una de sus grandes ausencias. Actriz de pura cepa, sin humos y con las ideas claras, solía decir:  "No quiero que me recuerden como la gran dama del teatro. Sí como mujer trabajadora". No es de extrañar que estuviese activa y hasta hace pocos días salía aún a pasear por el Eixample pese a tener problemas de corazón.  Todo un carácter, llevó su maestría, exigencia y  reivindicación, dentro y fuera de la escena. En los últimos años su voz se encuadró en el independentismo militante, algo que sin embargo le dio algún que otro quebradero de cabeza como cuando vinculó la emigración andaluza con una estrategia franquista para diluir la cultura catalana.  Carulla es también el kilómetro cero de una saga dea artistas en la que destaca su hija, la actriz Vicky Peña y su nieta Miranda Gas. Con ella se apaga un trayectoria de décadas tanto en el  teatro, como en el cine o en la televisión. Se retiró de las tablas en el 2016 con 'Iaia!', una obra estrenada  en el 2013 en el Romea escrita expresamente para ella por su hijo Roger, en la que Carulla estuvo acompañada en el escenario por su nieto el actor Aleix Peña. 

Dilatada carrera 

Varias generaciones de actores y espectadores han podido apreciar su talento desde su primera película en la memorable 'Surcos' (1951), de José Antonio Nieves Conde, hasta  su última aparición estelar en el filme de Dani de la Orden 'Barcelona, nit d'hivern'  (2015). Series como 'Hospital Central', 'Secrets de familia',  'La Riera'' o 'El cor de la ciutat' también contribuyeron a conectarla con nuevos públicos. Sin duda, el material filmado mantendrá vivo su legado pero su sabiduría y su arte permanecerá en la mente de los que tuvieron la oportunidad de trabajar con ella y de verla en escena, espectadores a quienes traspasó con interpretaciones llenas de verdad en los más de 80 montajes teatrales en los que participó. «Ser actor es una aventura. Nunca estás seguro de nada pero te realizas como ser humano porque entiendes los problemas de otros», reconocía hace unos años.

La Carulla, que empezó dentro del teatro amateur con 'Els pastorets', dio auténticos recitales interpretativos a lo largo de su vida. Basta recordarla en los montajes 'El temps i els Conway' de J.B. Priestley, estrenada en el Condal en 1992, y 'La reina de la bellesa de Leenane', de Martin McDonagh en La Villarroel en 1996.  Precisamente esos roles figuraban entre sus personajes favoritos junto al de  'Pigmalió', la comedia de George Bernard Shaw, y el de Julieta, del drama de Shakespeare, 'Romeo y Julieta' que estrenó en el Romea en 1962 o el de Àgata de 'La filla del mar', de Àngel Guimerà que interpretó en una producción en el Poliorama el 1971.  «Yo le debo más al teatro que él a mí", solía decir "porque, aparte de darme la posibilidad de conocer diferentes aspectos del ser humano, me ha dado una familia». Una familia dentro y fuera del escenario pues también ha traspasado su pasión a todos sus hijos, no solo a Vicky Peña, con quien ha realizado diversos proyectos;  sino también a Marina, guionista; Isabel, ayudante de realización y el citado Roger,  autor y director. 

La escuela del teatro 

Tras una infancia durísima formada en la radio de la postguerra, el teatro fue para Carulla una forma de superar su inseguridad (quién lo diría), su timidez y su dislexia. "Yo siempre fui una niña inquieta en una época muy difícil. Envidiaba a la gente con cultura y quería entrar en ese mundo. Aprovechaba todas mis oportunidades al máximo: estudiando, leyendo todo lo que podía... Todo es una escuela y de todo puedes aprender si tienes capacidad de retener. La vida es generosa y te da siempre oportunidades", recordaba hace unos años, tras la publicación de su primer libro 'El record és un pont al passat' (Ara Llibres).

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A lo largo de su carrera, reconocida con varios premios, entre ellos la Creu de Sant Jordi y el Gaudí d'Honor -fue la primera actriz en recibirlo-, la Carulla tuvo que enfrentarse a todo tipo de escollos. Tras su debut en el cine fue vetada por el sindicato vertical y no pudo rodar en España durante varios lustros. «Fui la actriz maldita del cine español. Estuve 40 años alejada de él». En 1979 rodó 'Companys, procés a Catalunya' con Josep Maria Forn, luego vinieron una quincena más de filmes, entre ellos 'Tu nombre envenena mis sueños' , dirigida por Pilar Miró, 'La ciudad de los prodigios' a las órdenes de Mario Camus y 'El orfanato' (2007), de Juan Antonio Bayona

La separación de su esposo, el actor de doblaje Felipe Peña, también tuvo un coste profesional para ella. Cuando decidió dejarle este pidió al director de TVE, entonces amigo suyo, que la boicoteara y Carulla que solo había estado apartada de la escena para traer al mundo a sus cuatro hijos sobrevivió como pudo haciendo todo tipo de trabajos hasta que pudo regresar para sacarlos adelante.  Lo dicho, una maestra.