BARCELONAS

El limbo de un bien esencial

La actriz Lluïsa Mallol encara con espíritu combativo la cancelación de su monólogo 'La dona trencada'

Lluïsa Mallol, en el vestíbulo del TNC.

Lluïsa Mallol, en el vestíbulo del TNC. / JORDI OTIX

2
Se lee en minutos
Olga Merino
Olga Merino

Periodista y escritora

ver +

Un rótulo de neón preside la entrada al Teatre Nacional de Catalunya, enormes letras rojas que gritan: “Respostes i incerteses”, la consigna con que la entidad inauguró la temporada, a finales de septiembre. Un lema la mar de oportuno, puesto que vamos sobrados de lo segundo, inseguridades, mientras permanecen escasos puntales sólidos a los que aferrarse. La cultura es uno de ellos, desde luego, pero, tal y como está el patio, todavía no ha podido estrenarse una sola pieza en la Sala Gran del centro (se hará, si la pandemia no lo tuerce, el próximo 3 de diciembre, con 'L'hèroe', de Santiago Rusiñol).

Aun cuando el Govern declaró la cultura “bien esencial”, el cierre de teatros, cines y salas de conciertos mantiene al sector en un limbo precario y con los dedos cruzados para que, en efecto, la semana próxima puedan levantarse las restricciones. Un mes desastroso, aguantando la respiración. “Si normalmente los actores vivimos al día, lo de ahora supone ya una vida al segundo”, sostiene Lluïsa Mallol, a quien la imposición de las medidas para frenar la segunda ola del covid-19 asestó un mazazo el mismo día del estreno de 'La dona trencada', el 29 de octubre. Serían las once de la mañana, mientras desayunaba, cuando recibió un wasap de la ayudante de dirección: “Oye, ¿estás viendo las noticias?”. El cierre de los teatros entraba en vigor al día siguiente.

Respeto al público

¿Y cómo diablos encara una actriz un debut a sabiendas de que el telón ya no volverá a levantarse? La fuerza del directo, dice, y sobre todo el respeto al público impiden bajar la guardia. Por si fuera poco, en 'La dona trencada', basada en el relato homónimo de Simone de Beauvoir, Mallol debía enfrentarse a un monólogo, metida en la piel de Monique, una mujer a quien su marido abandona por una chica más joven. Setenta minutos de esfuerzo y contención en un estreno raruno, al 50% de aforo, con mascarillas, sin los abrazos del final y con los asistentes apresurados a la salida para regresar a casa cuanto antes. Eso sin mencionar el desgaste de los 15 días previos, con el alma en vilo, ay, que nos encierran otra vez.

Noticias relacionadas

Las entradas estaban agotadas desde hacía más de un mes y las críticas del visto/no visto fueron muy positivas. “Habría sido mucho más frustrante no llegar a estrenar; pienso en los compañeros que no han podido subir a un escenario desde el confinamiento”, asegura la actriz, quien, a pesar del traspié, no arroja la toalla, convencida de que traerá de nuevo el espectáculo a un teatro barcelonés cuando se pueda (tienen un bolo contratado en Llinars del Vallès para después de Navidad). Han sido tres años de trabajo invertidos en montar 'La dona trencada', dramatizada por la actriz junto con Araceli Bruc y bajo la dirección de Francesca Piñón. Una obra que, si bien se publicó en 1967, estaba llegando a la gente más joven, tal vez porque en ella la Beauvoir, icono del pensamiento feminista, se despoja del disfraz de intelectual gélida, esconde la pancarta combativa y habla del dolor del abandono en carne viva. Un signo de los tiempos.

Teatro en zapatillas, la apuesta digital del TNC

Probablemente, el próximo viernes los espectadores que lo deseen ya podrán disfrutar de 'La dona trencada' desde el sofá de casa, un montaje grabado en alta calidad de sonido e imagen y a un precio de 5 euros. La suscripción a la temporada digital completa cuesta 29 euros y ya cuenta con 2.000 suscripciones. No es la misma magia del teatro. Pero, por lo menos, ayuda a seguir pedaleando.

Temas

TNC Barcelonas